Francisco, de 75 años, no dudó en enfrentarse a los cinco ladrones que entraron en su vivienda a robar. " Cuando agarraron a mi mujer, empujándola y tapándola la boca ya me saltó la chispa y no me pude contener".

Fue entonces cuando empezó a darles puñetazos y golpes. Francisco también los recibió. Aún tiene las marcas en la cara, brazos y abdomen.

Ahora se ha convertido en un héroe en su pueblo, en El Cuervo de Sevilla, donde todos los vecinos le reconocen su valentía.