Ciencia
Christina Koch, astronauta de la NASA: "He visto la Tierra como un lugar frágil que tenemos que cuidar"
La astronauta de la NASA cuenta cómo cambió su perspectiva tras contemplar nuestro planeta desde el espacio, qué echó de menos durante su estancia en órbita y qué consejo daría a quienes sueñan con alcanzar sus metas.

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Christina Koch (Grand Rapids, Estados Unidos, 1979) es ingeniera eléctrica, física y astronauta de la NASA y este año recibirá el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026. Seleccionada por la agencia espacial en 2013, protagonizó junto a Jessica Meir la primera caminata espacial íntegramente femenina en 2019 y estableció el récord de permanencia consecutiva de una mujer en el espacio, con 328 días a bordo de la Estación Espacial Internacional.
En abril de 2026 formó parte de la misión Artemis II, que rodeó la Luna y la convirtió en la primera mujer en alcanzar el espacio profundo. Su trayectoria combina la investigación científica con un mensaje de cooperación y responsabilidad compartida que resume en una idea: "Planeta Tierra, sois una tripulación". Antena 3 Noticias ha hablado con ella.
Pregunta. ¿Cuántas veces le han preguntado cómo se ve la Tierra desde la Luna?
Christina Koch. No sé cuántas veces, pero responderé a esa pregunta tantas veces como haga falta. Es un honor poder hacerlo todos los días de mi vida, porque a eso me dedico: a compartir cómo es la Tierra desde el espacio, para que sintamos que es nuestro hogar y que estamos unidos.
P. ¿Y cómo se ve?
C. K. Desde el espacio, cuando estaba en la Estación Espacial Internacional, podíamos ver el horizonte. La Tierra se ve redonda, preciosa, y se aprecia la atmósfera como una capa muy fina. Pero cuando nos alejamos, vemos el planeta en su conjunto y el horizonte desaparece.
La Tierra es tan brillante, tan bonita, de un azul eléctrico que te deslumbra. Es prácticamente hipnótico. Transmite tanta paz, tanta calma… No intentaba hacer nada, simplemente contemplábamos nuestro hogar.
Es algo que te engancha y que te hace sentir una gratitud inmediata. Te das cuenta de la suerte que tienes. Es una emoción muy potente. He visto la Tierra como un lugar frágil que tenemos que cuidar, pero también como un lugar lleno de fuerza por el que tenemos que sentirnos agradecidos.
P. ¿Cambia la forma de ver la Tierra después de regresar?
C. K. Lo que me planteo es cómo veo las cosas aquí. Ayer estuve haciendo surf en esta región tan bonita y recordé la imagen del mar desde el espacio, las nubes, esta misma costa… De hecho, podía imaginarme a mí misma moviéndome y a los demás moviéndose.
Ya no veo tanto a las personas dentro de la Tierra, sino a la Tierra moviéndose dentro de un universo mucho mayor. Veo nuestro planeta en relación con el universo, y esa es la perspectiva que me llevo. Tengo la oportunidad de darle una vuelta a esa imagen cuando estoy en un lugar distinto.
P. ¿Ayuda en la vida personal darse cuenta de que uno es una parte minúscula de una inmensidad?
C. K. Es curioso, porque creo que sí cambia la perspectiva de la vida personal. De hecho, creo que me comporto de una manera distinta desde que he estado en el espacio. Siento más gratitud y quizá camino de una manera más ligera. Tengo más presente que debo dar las gracias por todo: por la naturaleza, cuando miro al cielo y cuando interactúo con otro ser humano.
En la Estación Espacial Internacional solo había otras once personas, y eso fue durante unos once meses. Por eso, es un momento para dar gracias por el hecho de que existan los seres humanos.
Y cuando te alejas tanto de la Tierra que puedes taparla con el dedo pulgar, das gracias por vivir en un lugar como este y por poder compartirlo con otros seres humanos.
Quizá esa perspectiva sea una lente que añade positividad y que me anima a intentar devolver al mundo todo lo que esté en mi mano.
P. ¿Qué echó más de menos durante esos once meses en el espacio? ¿Y qué fue lo más duro?
C. K. Obviamente, a mis seres queridos y a mi perro. Lo eché todo de menos, salvo las comodidades materiales, como tomar un café o ir de compras.
Eché de menos las experiencias sensoriales con las personas que quiero, la sensación del viento en la cara… Todo aquello que tiene que ver con la Tierra, pero que no es material. Y esa experiencia me ayudó a conocerme mejor a mí misma.
P. Usted es un ejemplo de que las mujeres podemos llegar muy lejos. ¿Qué le diría a una mujer que sueña con viajar al espacio?
C. K. Sinceramente, a cualquier persona le diría que lo más importante es elegir un camino que te haga sentir bien y que tenga sentido para ti durante el mayor tiempo posible. Encontrar esa sensación de estar cumpliendo tus deseos es una manera de conseguirlo.
¿Cómo podemos hacerlo? Afrontando aquello que nos da miedo. Cualquier cosa que nos preocupe, que nos interese, pero que nos haga pensar que está fuera de nuestro alcance. Ahí es donde podemos aportar más al mundo y conseguir más para nosotros mismos, encontrando un sentido a lo que hacemos.
Y, tanto a los niños como a los jóvenes y a las personas mayores, les diría que ayudemos a los demás, que ayudemos a quienes nos rodean. Si pensamos en lo que le está pasando a otra persona, nos damos cuenta de que entre todos podemos conseguirlo. Tenemos que unir fuerzas, porque es la única manera de resolver los problemas.
P. A partir de noviembre se dedicará a tareas más alejadas de los vuelos espaciales. ¿Cree que echará de menos estar por encima de las nubes?
C. K. No echaré tanto de menos ser astronauta en activo. Como astronauta, tienes que estar preparada físicamente para todo lo que pueda venir, y esos desafíos físicos me gustaban mucho.
También disfrutaba de la naturaleza multidimensional de estar preparada para representar a la humanidad en un vuelo espacial.
La transición será mucho más fácil porque tengo muchos otros desafíos nuevos por delante. Quiero ver cómo puedo contribuir a las distintas actividades de la NASA y a los objetivos y valores que tenemos marcados. Hay mucho trabajo por hacer, y eso sí que lo disfrutaré.
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