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PISOS CON 'BICHO' Y DEDICADOS AL TURISMO

Así funcionan las empresas que ven rentabilidad en los 'pisos con bicho'

Hay muchas empresas que ven rentabilidad en inmuebles donde sus dueños solo ven problemas. Uno de esos aspectos problemáticos son los viejos arrendatarios con contrato de alquiler en vigor, que en el argot inmobiliario tiene un nombre: 'Esta casa tiene bicho'.

MK Premium es una empresa familiar especialista en inversión patrimonial, compraventa de edificios, activos inmobiliarios y su aumento de valor mediante la rehabilitación. Su prioridad son edificios en los centros de las ciudades, como este en el barrio de Chamberí de Madrid: cuatro plantas y un ático.

Este tipo de empresas ven rentabilidad en inmuebles donde sus dueños solo ven problemas. María Mesa, directora de adquisición de MK Premium Madrid, explica que "hay propietarios que tienen problemas con herencias u otros aspectos y para eso estamos nosotros, para comprar el edificio y solucionarlo".

Uno de esos "aspectos" problemáticos son los viejos arrendatarios con contrato de alquiler en vigor. En el argot tienen un nombre: 'Esta casa tiene bicho'.

En uno de los pisos adquiridos por MK Premium viven dos de esos inquilinos que se resisten a marcharse. Uno de ellos es Paco, de 83 años, que ha visto cómo su barrio, tras décadas de abandono, es ahora el preferido por los turistas que visitan la capital. Pero él tendrá que irse, ya que su contrato de alquiler se acaba y no le quieren renovar. "Me dicen que tengo que desalojarlo, que cumple mi contrato y que no me lo pueden renovar", lamenta el hombre.

Paco también regentaba el bar que hay en los bajos del edificio. Los nuevos dueños quisieron negociar con él, pero realmente le estafaron y firmó sin darse cuenta la venta del negocio. Con su firma renunció al contrato indefinido del local donde tenía el bar a cambio de 18.000 euros.

Pepe es el otro vecino que queda en el inmueble, tiene alquiler indefinido. Le ofrecierton 30.000 euros por dejar el piso y él les pidió 160.000 "porque sabía que iban a ir a la baja".

Pero MK Premium no ha necesitado echar a los inquilinos para hacer negocio, ya que ha logrado revendérselo a nuevos inversores. Las asociaciones vecinales creen que tarde o temprano los vecinos sufrirán el acoso inmobiliario del nuevo comprador.

La historia de Cristina y su familia es otro de los ejemplos en los que al casero le viene mejor deshacerse de sus inquilinos. Viven en el centro de Barcelona, en un edificio que es mucho más rentable si se dedica enteramente al turismo.

Las obras transformaron el resto del edificio en un hotel de diseño, un auténtico oasis urbano según su página web. Cristina y su familia resistieron y, gracias a un contrato de alquiler vitalicio, conservan su piso. La inquilina paga 600 euros al mes por un piso de 150 metros cuadrados, un espacio en el que el hotel tendría siete habitaciones por las que podría ingresar cada mes hasta 10.000 euros.

Alojar turistas es el último gran negocio. En poco tiempo, las plazas de los apartamentos dedicados al turismo han superado a la oferta hotelera tradicional.

En algunas ciudades por primera vez se ha escuchado decir "¡Basta al turismo!", son muchos los vecinos que denuncian que la proliferación de apartamentos turísticos está fuera de control. En los barrios de los centros históricos apenas quedan vecinos, ya que el alquiler por días para turistas es más rentable que el residencial.

Lluís Mira, de la Asociación de Vecinos en Peligro de Extinción, cuenta que "los vecinos buscan otros barrios más alejados de éstos turísticos para poder vivir con unos alquileres decentes".

Para los okupas también es un negocio el alquiler turístico. De los 16 apartamentos de un edificio de Barcelona, nueve están dedicados al turismo. Unos okupas entraron ilegalmente en el bloque hace tres años y ahora se los alquilan a turistas.

Hicham lo confirma: llevaba tres años viviendo en este edificio de apartamentos de Hospitalet pagando 400 euros de alquiler. No hace mucho descubrió que el que él creía que era su casero, en realidad había ocupado ilegalmente la mayoría de las viviendas del edificio.

"Me fui a hablar con él, sacó la pistola, me pegó y me amenazó: 'si vuelves a estar aquí te mato. El piso es mío, el bloque es mío. Y no me importan ni jueces ni policía ni bancos'", cuenta Hicham.

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