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UN SOFISTICADO RITO MORTUORIO

El caso de decapitación más antiguo de América se remonta a Brasil hace 9.500 años

El trabajo se basa en los restos humanos hallados en la cueva de Lapa do Santo en el centro-este de Brasil. Los investigadores encontraron fragmentos de un cuerpo enterrado, al que bautizaron 'Entierro 26', y que incluía un cráneo, una mandíbula, las seis primeras vértebras cervicales y dos manos cortadas, y todos esos huesos estaban depositados intencionalmente.

Restos de la primera decapitación en la historia de América, hace 9.500 años

Pocos hábitos de los indios americanos impresionaron tanto a los conquistadores europeos como los rituales religiosos y mortuorios, algunos de ellos tan extremos como la decapitación, una práctica habitual en los pueblos andinos de la América del Sur precolonial con más de 3.000 años de antigüedad. Sin embargo, un estudio publicado en Plos One, revela que la decapitación más antigua del continente podría haber tenido lugar mucho antes, hace 9.500 años, y en el lado opuesto del continente, en el este de Brasil.

El estudio ha sido liderado por André Strauss, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), con la participación del investigador Domingo Carlos Salazar García, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universitat de Valencia. La decapitación era un acto común entre los nativos americanos (Inca, Nazca, Moche, Wari, Tiwanaco, entre otros). Las pruebas arqueológicas confirman que esta práctica tiene profundas raíces cronológicas: la decapitación más antigua de la que se tiene constancia es del yacimiento peruano Asia 1, y ocurrió hace unos 3.000 años. Sin embargo, el estudio publicado ahora pone en duda tanto el origen como la dispersión geográfica de esta práctica.

El trabajo se basa en los restos humanos hallados en la cueva de Lapa do Santo en el centro-este de Brasil, que contiene evidencias de ocupación humana desde hace 12.000 años, y el lugar en el que en 2009 se descubrió el caso de arte rupestre más antiguo del nuevo mundo. En 2007, los investigadores encontraron fragmentos de un cuerpo enterrado, al que bautizaron 'Entierro 26', y que incluía un cráneo, una mandíbula, las seis primeras vértebras cervicales, y dos manos cortadas.

Los huesos estaban depositados intencionalmente, con las manos amputadas y colocadas sobre las dos caras del cráneo, y la mandíbula y la sexta vértebra presentaban marcas de corte. Con técnicas de datación de radiocarbono por AMS, los arqueólogos determinaron que los restos tenían unos 9.500 años. "La datación está clara, ya que se ha realizado directamente sobre el colágeno óseo extraído del propio individuo decapitado", explica el investigador y coautor del trabajo Domingo Carlos Salazar García.

Además, la disposición de los restos lleva a los autores a pensar que probablemente se trataba de una decapitación ritualizada, es decir, que no es un trofeo de guerra, sino el resultado de un sofisticado rito mortuorio. Según André Strauss, "este caso ritual de decapitación de Lapa do Santo confirma la sofisticación temprana de ritos mortuorios entre los cazadores y recolectores en las Américas".

"Esta forma de enterramiento pretende expresar principios cosmológicos o simbólicos, como los que en otros contextos expresarían los hombres al depositar un ajuar o construir un monumento funerario", dice Salazar. "Creemos que el enterramiento de estos huesos era un ritual tanto porque se trata de un individuo local como por la composición y colocación de los huesos, ya que además de la cabeza, está parte del esqueleto postcraneal, lo que entre otras cosas descarta una decapitación-trofeo como las vistas con posterioridad", explica Salazar.

De hecho, se cree que el individuo es local, ya que, "los valores de isótopos de estroncio sugieren que no era un foráneo, sino un miembro de la comunidad local, una persona de la población de la zona", explica el investigador valenciano. Y es que "cada geología tiene una proporción propia de distintos isótopos de estroncio que se incorpora a los individuos a través de la alimentación y del agua, y que queda fijada en el esmalte dentario que se forma en la infancia. Así, podemos aproximarnos a en qué entorno o geología pasó el individuo su infancia", concluye.

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