En el próximo capítulo…

Marcela se desfoga y acusa a Alicia de destruir su familia, pero la joven no se achanta, cree que todos somos libres y que, cada cual, elige donde quiere estar. La posadera decide no servirle el vino que le ha encargado. Marcela se desahoga con Tomás y le cuenta, su ataque de cuernos y su confusión. Está decidida a intentar salvar su matrimonio, aunque esto les provoca una enorme tristeza. Tomás, no puede evitar recordar las órdenes de su madre de eliminar a Matías.

Rosa y Carolina presionan a Marta para que avise a Adolfo y ésta, aunque alega que no deben desobedecer al padre, termina cediendo. Manuela le fuerza a reconsiderar lo arriesgado de su decisión. Don Ignacio despacha con Ramón y Urrutia, y lamenta que la hojalatera dependa tanto de la Marquesa, teme que repitan la huelga y que el nuevo gerente pueda quedarse sin reservas. Ramón sugiere valorar comprar las minas y a Don Ignacio, a falta de cálculos, le parece una idea brillante. Encarnación observa, como su hija Alicia, es capaz de disculparse con Carolina, embaucarla, fingir como nadie y, ya a solas, descubrir el desprecio que muestra su gesto. Rosa entrega a Marta la carta para Adolfo y se queda compartiendo su angustia con Carolina, pero Don Ignacio escucha y se arruga al pensar lo que están sufriendo.

Adolfo está nervioso con los detalles que Tomás le da sobre la marcha de las Solozábal y quiere ir a La Casona, pero su hermano le sugiere aclararse primero y averiguar de quién está enamorado. Urrutia se presenta en La Habana para informar a la Marquesa del regreso de los Solozábal a Bilbao y de la llegada de un nuevo gerente. La Marquesa disimula su malestar. Tomás y Adolfo comparten sus tribulaciones amorosas, el primero asume que ahora es el paño de lágrimas de Marcela y el segundo, duda entre ambos afectos. La cita de Adolfo y Marta culmina en un beso apasionado. La Marquesa informa a Francisca que los Solozábal se van y ambas celebran la noticia, podrán pujar por La Casona y recuperarla.