El exfutbolista Michael Robinson asegura que desde que recibió el diagnóstico se ha sorprendido a sí mismo con su fortaleza. Hace unos años perdió a su amigo Severiano Ballesteros a causa de un cáncer. "Cuando pensaba en lo que le había pasado a él me decía: "Si me pasa a mí me pego un tiro", pero he descubierto en mí una rebeldía que no conocía", señala.

Tiene claro que el cáncer no le va a matar "todos los días". Cuenta que una noche tomándose unas cervezas llegó a él "una idea de filosofía barata" que le acompaña en su enfermedad. "El cáncer es posible que me vaya a llevar, puede que me mate pero no me va a matar todos los días. Yo estoy disfrutando de la vida y viviendo el día a día, no permito que ese enemigo me interrumpa, eso es mío".

Le produce mucha tristeza pensar que tiene que despedirse de su familia. Cuenta que la única vez que ha llorado desde que recibió el diagnóstico fue cuando su mujer le preguntó si tenía miedo a la muerte. El exfutbolista le dijo que no temía a la muerte pero sí le producía tristeza la idea de tener que decir adiós a su familia. "Entonces nos abrazamos y lloramos los dos y luego pedimos una copa de vino", relata emocionado.