Un colegio público de Ripollet (Barcelona) tiene un innovador método pedagógico que consiste en eliminar la cancha del patio, quitar las porterías o canastas, prohibir la entrada de balones al centro y dar clases sin asignaturas.

Dicen desde el colegio que no es que no hagan deporte sino que no quieren que practiquen los tradicionales juegos de pelota. Consideran que generan actitudes de competitividad, consumismo excesivo y de exclusión de las niñas. A cambio, para evitar el sedentarismo, en este colegio no pasan horas sentados en los pupitres sino que los alumnos entran y salen de clase constantemente.

Marina Subirats, doctora en sociología, es autora del libro 'Balones fuera' y fue directora del Instituto de la mujer. Considera que con los juegos de pelota "los niños se acostumbran a ser los dueños del espacio, a enfrentarse unos a otros y aprenden a ganar. Mientras que las niñas aprenden a que ellas no son importantes y tienen que estar en los rincones, quietecitas", señala. En su libro apuesta por un espacio de juego tranquilo y un espacio para disfrutar de la naturaleza.

Destaca también que "los juegos de niñas estimulan el aprendizaje de la relación y del cuidado". También incluyen juegos de movimiento como la comba o el pañuelo y que los niños puedan incorporarse a este tipo de juegos.