Marina y Desiré

Mientras Desiré finalmente llegaba a tiempo a su trabajo, Marina había quedado con unos amigos para que la llevaran al contenedor. La chica estaba harta de tener que depender de todo el mundo para poder desplazarse. "Para mi es horrible", relató. Por ello, tenía muy claro el objeto que iba a escoger, el coche.

"Para mi es horrible"

Tan desesperada estaba que no le importó saltarse las normas y hacer un acto temerario. En lugar de elegir primero unos zapatos, condujo descalza para llegar a su trabajo y enfrentarse a su primer día laboral en el reto. También era la primera vez que la agente inmobiliaria disponía del móvil y, aunque ese era uno de los objetivos por los que decidió participar, reconoció que le había costado mucho estar incomunicada porque siempre tenía la duda de si se estaba perdiendo una llamada importante.

Ya por la noche, Desiré se enfrentó a un nuevo problema, no sabía cómo regresar a casa. Finalmente tuvo que andar bajo la lluvia y apelar a la caridad de los viandantes para conseguir un billete de tren. La que no se enfrentó a ningún reto para volver del trabajo fue Marina, quien llegó mucho antes gracias a su recién recuperado coche. En casa no extrañó ningún objeto, sino que echó de menos a su amiga. Tanto, que cuando por fin se reencontraron no pudieron evitar abrazarse.

Pero la compañía les duró poco. Marina tuvo que irse a trabajar la mañana siguiente y Desiré, sola en casa, decidió sorprender a su amiga haciéndole un puchero. Para ello, pidió a su vecina que le prestara la cocina y se las ingenió para que, en el mercado, le regalaran los ingredientes. A pesar de la improvisación, parece que le quedó muy rico y a Marina le encantó la sorpresa. Ya con la tripa llena, llevó a Desiré a su trabajo.

Por la noche Marina quiso devolverle el favor a Desiré y, después de salir de trabajar, consiguió que una dependienta le diera pan y embutidos para cenar un bocadillo. Marina afirmó que le da mucha vergüenza pedir, pero las chicas no tienen otra opción.

Pudo compartir la cena con Desiré en su cuarta visita al contenedor, donde su amiga recuperó un abrigo y ella, para no cometer más infracciones, los zapatos. Desi, además, quiso terminar la noche con una reflexión. Se dio cuenta de que sus prioridades habían cambiado y se sorprendió por no haber escogido todavía nada de lo que pensó que iba a recuperar primero.

Familia Izquierdo-Vicente

La familia Izquierdo-Vicente comenzó un día lleno de sorpresas. Alejandro tuvo que hacer autostop para llegar a la universidad y, cuando consiguió que un desconocido parara, se quedó muy impactado. En un primer momento le sorprendió su apariencia, pero después descubrió que el hombre comprendía perfectamente la experiencia que estaba viviendo. Él también había pedido en la calle con su balón. Por casualidad, el menor de la familia se encontró con una persona que había vivido cosas muy duras y afirmó que, cuando todo acabara, iba a ayudar mucho más a las personas.

Por otra parte, Julián y Maribel desempeñaron un día de trabajo en el centro de belleza. Él se ocupó de las labores administrativas y ella atendió a las clientas. Maribel estaba muy contenta por poder quitarse el pijama y ponerse su uniforme, lo que le hizo decidir los próximos objetos que iba a recuperar del contenedor, un chándal y unas zapatillas.

Los dos hermanos tuvieron suerte para volver al trabajo de sus padres. Javier consiguió que uno de sus amigos le llevara allí desde la universidad. Alejandro esta vez no volvió en coche, sino en tren gracias a la generosidad de uno de sus amigos.

Todos reunidos, fueron a comer a casa de la madre de Julián. La mujer estaba encantada por la experiencia que ellos estaban viviendo. De pequeña no tuvo muchas cosas y consideraba que, gracias al reto, sus nietos iban a apreciar todo lo que antes no tenían en cuenta. Julián opinaba igual que su madre. De hecho, ese fue el principal motivo por el que quiso participar en 'El Contenedor' y se emocionó recordando a su padre. El hombre trabajó muy duro para conseguirle una bicicleta y ahora Julián quiere inculcar a sus hijos los mismos valores con los que él creció, que hay que esforzarse para conseguir las cosas.

Por la tarde visitaron el contenedor por tercera vez. Maribel quería cogerse el chándal entero y dejar que los otros tres miembros de su familia se repartieran los dos objetos que sobraban. A cambio, ella no cogería nada el día siguiente. Sus hijos no pusieron ningún problema. "Nos hemos dado cuenta de que no necesitamos más", afirmaron. Por ello, sortearon a 'piedra, papel o tijera' qué hermano se quedaría sin objeto ese día. Ganó Alejandro y, a pesar de una inicial tentación hacia el móvil, cogió unas zapatillas.

"Nos hemos dado cuenta de que no necesitamos más"

Al día siguiente, Maribel y Julián llevaron a sus hijos a la universidad en coche. Era la primera vez que lo hacían juntos y se dieron cuenta de que no necesitaban tantos automóviles. Durante el trayecto, hablaron sobre lo que iban a coger en el contenedor. Julián tenía claro que iba a elegir unos pantalones y una maquinilla de afeitar y Javier unas zapatillas. El padre decidió además que, después de la visita de ese día, ya no pensarían más en el bien común y podrían coger cada uno lo que quieran sin tener que estar de acuerdo.

Después de dejarlos en clase, Julián y Maribel fueron al contenedor para recuperar unos pantalones y el set de afeitar. La falta de objetos tampoco supuso un problema para la rutina deportiva de la familia. Alejandro acudió a jugar al fútbol con sus amigos, Javier fue a kárate, y Maribel a bailar batuka con las vecinas.Por la noche, fueron los hermanos los que se acercaron al contenedor. El mayor escogió un pantalón, pues rompió el que se confeccionó con la cortina jugando al fútbol. El pequeño, por fin, consiguió unas zapatillas.

Después de una dura jornada y con cuatro objetos más en su posesión, al llegar a casa todos reflexionaron sobre cómo les había cambiado la experiencia. El padre se mostró muy sorprendido de que sus hijos no hubieran cogido el móvil todavía. Quería conseguir un cambio en ellos y afirmó que ya lo está viendo.

Dani y Lidia

Terminado el fin de semana, Lidia tuvo que ir a la academia de inglés que regenta y sorprendió a todos con su aspecto. Dani, mientras, pensaba en su relación. El chico estaba más preocupado por ese tema que por la falta de objetos. Empezó a sentir que viven en dos mundos diferentes y a creer que ella no le está apoyando lo suficiente ni dando amor en los malos momentos.

A Lidia, por el contrario, lo que más le afectaba era que se acordaba mucho de su padre, por lo que decidió ir a verle después de trabajar. Juan Pedro se emocionó mucho al ver así a su hija y ella le contó todas las cosas que había tenido que hacer durante el reto. Pero trató de quitarle importancia para no preocuparle demasiado.

El reencuentro entre Lidia y Dani no ocurrió hasta esa noche, habían quedado para ir al contenedor. Dani tenía pensado coger los zapatos y, un día después, el móvil. Sin embargo, estaba muy agobiado por la barba. Lidia, que se mostraba reconciliadora, decidió ceder su objeto para que Dani recuperara su set de afeitar. El bonito detalle de la chica y el hecho de que fueran de la mano hasta el contenedor hicieron que desapareciera la tensión y se dieran un romántico beso.

No obstante, la mañana siguiente Dani seguía preocupado porque tenía que organizar un evento benéfico y, sin su móvil, todo era mucho más duro. Esperaba la ayuda que Lidia le prometió, pero ella no cumplió su palabra. En lugar de ello, prefirió pasar una tarde de chicas con sus amigas y la elección le valió la pena. Pudo maquillarse después de cinco días con el mismo rímel, lo que le puso de muy buen humor.

Ya arreglada, Lidia estaba muy impaciente porque quería que Dani la viera tan guapa pero, cuando se encontraron por la noche, la reacción de él no fue la esperada. Dani estaba de mal humor por la cuestión del evento benéfico. Era el primero que hacía, no estaba recibiendo la ayuda de Lidia y no tenía el móvil, por lo que no podía reunir a mucha gente.

A pesar de los intentos de Lidia de animar a su novio, Dani solo se tranquilizó cuando fueron al contenedor y recuperó el teléfono. No obstante, la felicidad le duró poco. Al encender el aparato descubrió que algunos de sus inversores no se habían tomado muy bien que desapareciera durante unos días. Lidia, por su parte, estaba encantada de tener por fin unas zapatillas y no quería pensar qué ha podido pisar estando tanto tiempo descalza.

Durante la mañana siguiente la pareja continuó con su rutina. Ella fue a montar a caballo. Aunque es una de las actividades que más le gusta hacer, esta vez no puedo disfrutarla del todo porque no tenía la ropa adecuada. A pesar de ello, consiguió cabalgar durante un tiempo y se peinó con el cepillo del caballo. Dani, por su parte, fue a boxeo. Pero la falta de alimentación le está empezando a hacer mella y no puedo terminar sus ejercicios. La pareja parece estar acostumbrándose a su nueva situación y ambos consiguieron darse una ducha.

Compañeros valencianos

Los compañeros valencianos estaban mucho más contentos por la mañana. Habían dormido mejor que la noche anterior porque ya no tenían frío. Su problema era ahora el hambre y, por eso, se atrevieron a llamar a casa de una vecina, que antes solo conocían de cruzarse en las zonas comunes, para pedir ayuda. La amablevecina aceptó y les dio un suculento desayuno.

Ya sin hambre, decidieron que lo mejor era ir a recuperar más objetos al contenedor, pero se encontraron con un nuevo imprevisto. La maratón de la ciudad pasaba por debajo su calle y todo estaba lleno de gente. Tuvieron que cruzar entre los corredores e iban tan rápido que Raquel pisó "algo asqueroso". Al llegar, Juanjo cogió el colchón, Raquel un shampoo y gel y Sergio un secador.

Llevar el colchón en la cabeza y atravesar de nuevo la maratón fue todo un reto, aunque casi les costó más meterlo en el ascensor. Pero cuando terminaron y pudieron ducharse, estaban tan contentos que Raquel y Sergio incluso improvisaron un baile de ballet.

Pero pronto volvieron a sentir hambre y decidieron salir al mercadillo y conseguir dinero para la cena bailando. Sergio le cedió su gabardina a Juanjo para que bailara junto a Raquel. Aunque ella estaba insegura por cómo iban vestidos, un aplauso bastó para animarla y les salió muy bien. Pasaron mucha vergüenza, "es una sensación de que no eres nada ni tienes nada", dijo Sergio, pero consiguieron 18 euros.

"Es una sensación de que no eres nada ni tienes nada"

Después del espectáculo fueron con sus amigos a disfrutar de la cena que se habían ganado. Pero lo que parecía una tranquila noche se complicó cuando sufrieron un altercado. Unas clientas de la pizzería no se tomaron nada bien la vestimenta de los chicos. Aunque después llegaron a un entendimiento, los jóvenes pasaron un mal rato.

Además, esa noche tuvieron dos invitados en casa, aunque uno fue muy indeseado. La primera fue su amiga Aída, que se quedó a dormir con ellos como cada domingo para ir, por la mañana, a clase de baile. El segundo fue un molesto mosquito que picó a Sergio y que pudo haber entrado por una ventana que alguien dejó abierta.

Después de la complicada noche buscando al insecto, Raquel se enfrentó a uno de sus momentos más duros del reto. Tuvo que ir a la universidad en pijama, descalza y sin maquillaje. Como de costumbre, quedó con unos amigos para que le llevaran al campus y uno de ellos dijo algo que le preocupó, temía que no la dejaran entrar a clase por ir en pijama. Pero, tras explicárselo al profesor, no hubo ningún problema. Aun así Raquel no estaba del todo contenta. Antes se arreglaba mucho para ir a clase y ahora no le gustaba nada que le mirasen raro.

Cuando estaban ya todos juntos, volvieron al contenedor a recoger su objeto. Juanjo dejó de pensar en el bien común y cada uno cogió lo que quería para sí mismo. Sergio unas zapatillas, Juanjo un mono para poder ir vestido a su trabajo y Raquel unas zapatillas de estar por casa.

Más tarde, Juanjo se preparó para ir a trabajar en sus clases de baile. Los tres amigos descubrieron que estaba lloviendo y, como él era el único que no llevaba zapatillas, ingeniaron una forma de que no se le mojaran los pies, llevarle en los hombros. Raquel descubrió entonces que su elección de zapatillas no había sido tan buena como pensaba, pues se le empaparon los pies, pero se le olvidó todo cuando consiguió que le prestaran ropa adecuada y empezó a bailar.