‘Revenge’. Si el concepto “guilty pleasure” se ha creado es por series tan frívolas como ‘Revenge’, de ABC. Intrigas, conspiraciones y asesinatos se dan cita en el ambiente más pijo y elitista de Nueva York, Los Hamptons. Es un culebrón en toda regla. La guinda, sin duda alguna, la pone la grandísima Madeline Stowe, que más excesiva que nunca, protagoniza la serie desde su sillón de reina malvada en el papel de Victoria Grayson. Es plana, de digestión rápida, con fallos técnicos imperdonables y sin ninguna trascendencia argumental, pero nos encanta.

‘Hart of Dixie’. Es el petardazo del año en The CW. Zoey Hart, una prometedora cirujana de Nueva York, se va a vivir como médico de familia a un pueblo perdido de Alabama. Es la versión frívola de la mítica ‘Doctor en Alaska’. La serie no tiene un buen guión, los giros son absolutamente previsibles y los actores bastante mediocres. ¿Por qué la vemos? Porque nos encantan las historias del pez fuera del agua, aunque hayamos vistos mil ejemplos parecidos. Además el choque entre el personaje de Zoey, urbana y elegante, frente a Lemon, tradicional y sureña, es de lo más absurdo y adictivo de esta temporada.

Hart of Dixie


‘2 Broke Girls’. No cumple todas las características de placer culpable, pero desde luego no es una serie que será recordada por su calidad. Dos camareras, una pobre y de Brooklyn y la otra pija y de Manhattan, trabajan juntas en una cafetería. Es una sitcom con chistes absolutamente manidos y que no aportan nada nuevo, aunque su aire de comedia de los años 90, con la realización más pobre que se pueda imaginar, engancha de una forma a la que no te puedes resistir. A pesar de la pobreza creativa que azota a la serie, es uno de los éxitos incontestables en Estados Unidos.

Gossip Girl’. La que fuese la serie referencia del género teen es ahora un parodia de sí misma. Ha perdido todo su encanto y los personajes vagan por la historia sin ningún sentido. Ya está todo contado y vuelto a contar, pero sólo con ver a Blair y Serena juntas en pantalla merece la pena. The CW está tardando mucho en cancelarla, y aunque siempre pensamos que la última temporada está por venir, siempre termina renovada.

 

Gossip Girls

‘Pretty Little Liars’. Otro ejemplo perfecto. Cuatro amigas pijas y ñoñas que esconden cien secretos por segundo por los pasillos del instituto. Es una reinvención de la primera etapa de ‘Gossip Girl’, aunque mezclada con mucho misterio adolescente. El vestuario es mejor que la capacidad interpretativa de sus actrices, pero poco importa. No dejan de pasar cosas y aunque lo que estás viendo sea un sinsentido, no puedes evitar ver un capítulo tras otro. Mensajes de móvil, emails, alusión continua a las redes sociales… todo el petardeo posible cabe en una de las series más superficiales del momento.

Las series de la factoría guilty pleasure están cortadas por el mismo patrón: no puedes dejar de ver el próximo capítulo, te da vergüenza admitir que las ves, introducen tramas que duran toda la temporada para que te preguntes siempre que pasará y sobre todo consiguen que pases un buen rato con la única pretensión de que no pienses en nada más.  Es el equivalente a comerte una tableta de chocolate entera sin que nadie se entere. Ahí está la gracia.