Dos historias distintas

Y su liderazgo tiene mayor mérito al ser con dos historias que se salen completamente de lo común. No siguen las pautas convencionales de chico conoce a chica y todo lo que continúa después. No. Tanto en 'Elif' como en 'Madre', el eje central de toda la trama son los personajes infantiles. Son sus risas y sus lágrimas. Sus alegrías y sus penas. Sus juegos y sus tragedias.

Es cierto que también hay espacio para el romance. Los espectadores asistimos expectantes al latente triángulo amoroso entre Zeynep, Sinam y Ali y nos preguntamos cada domingo si la madre de Turna elegirá al periodista, al policía o a ninguno de los dos. En 'Elif' seguimos esperando que Kenan descubra la verdad y, sobre todo, nos intriga comprobar si su relación con Melek es cosa del pasado o aún hay esperanza para ellos. Y eso sin perder de vista otros romances como los de Zeynep y Selim o Melih e Ipek.

Pero esas relaciones son completamente secundarias. En 'Elif' y 'Madre' lo más importante son las relaciones que dos pequeñas niñas establecen con el entorno que les ha tocado vivir.

Un mismo punto de partida

Tanto a Elif como a Melek las conocemos en el mismo punto de partida. En un hogar desestructurado donde prima la violencia de sus respectivos padrastros. Tanto Cengiz como Veysel dejan claro desde el minuto uno que las pequeñas de la casa son un estorbo en su vida y ambos hacen todo lo posible por librarse de ellas. Uno la mete en una bolsa de basura y la abandona en la calle. El otro pretende utilizar a la niña como método para saldar sus deudas de juego.

Por lo tanto, Elif y Melek llegan a nuestras vidas en el preciso momento en el que las suyas son una auténtica pesadilla y consiguen que desde que las vemos en pantalla deseemos alejarlas de ese entorno y protegerlas.

Dos madres incomparables

Por eso nos alegra cuando las niñas consiguen huir de ese ambiente hostil, aunque no lo hacen de la misma manera. Y en ese punto Elif parte con una ligera ventaja con respecto a Melek. Elif tiene una madre que, no solo le hace las dos trenzas con las que siempre soñó Melek, sino que es consciente del peligro que corre su hija, que es consciente del daño que Veysel le hace y, sobre todo, del que podría hacerle. Por eso, es valiente y toma la decisión más delicada para una madre. Alejarla de ella porque esa es la mejor manera que encuentra para alejar a su hija del peligro. Es por eso que se la entrega a la única persona en la que confía: Ayse.

Melek no tuvo la misma suerte. Sule no es capaz de ver el dolor de su hija y no solo no la protege como debiera, sino que es parte activa del problema. La gran suerte de Melek fue que en su camino se cruzara la profesora Zeynep, la primera que no miró para otro lado y que simplemente actuó sin pensar en las consecuencias. Si bien es cierto que en los últimos tiempos Sule parece querer enmendar sus errores del pasado y regresar al rol de buena madre, no deja de ser preocupante su completa y absoluta dependencia emocional de Cengiz y su incapacidad para asumir que estaría mucho mejor lejos de él.

Así pues, ante prácticamente el mismo problema, las dos niñas han tenido dos madres que han actuado de forma completamente distinta. La prioridad de Melek es que su hija esté a salvo. La prioridad de Sule es jugar a la familia feliz con un hombre que hace profundamente infeliz a su hija.

Diferentes soluciones al problema

Aunque Melek parece salir perdiendo al tener a Sule como madre, su plan B resultó ser infinitamente mejor que el de Elif. Melek tuvo la suerte de que Zeynep aprendió muy rápido a ser su madre y entre ambas se ha creado una conexión tan fuerte como indestructible. Melek salió de una casa que no era un hogar y descubrió con la familia Gunes el significado de esas palabras: hogar y familia. Porque las Gunes la recibieron con los brazos abiertos llenos de cariño, aunque Cahide y Gamze haya tenido momentos de cierto distanciamiento.

Es más, aún después de ser separada de Zeynep, las Gunes se han preocupado por la niña y han puesto todo de su parte para que estuviera bien.

Elif no tuvo la misma suerte. Lo curioso es que debería haber sido justo lo contrario. Melek pensó que el mejor lugar para su hija era el hogar de su padre, pero no pensó en su hija cuando insistió en mantener esa paternidad en secreto. Ese fue el gran error de Melek y la causa de la mayor parte de las desdichas de Elif en la mansión Emiroglu.

¿Por qué? Porque no es lo mismo ser la señorita de la casa que una invitada. Es cierto que Kenan siempre cuidó de Elif, pero la niña hubiera llorado bastante menos si él supiera quién era ella. Y, sobre todo, de no existir ese secreto, Arzu no tendría tantas oportunidades para deshacerse de la niña desde las sombras.

Porque Elif no solo tiene un padrastro que es una pesadilla, también tiene una madrastra que reúne todas las connotaciones negativas que los cuentos de hadas han transmitido de esa palabra. Hasta ahora Ayse hizo todo cuanto pudo para cuidar a la pequeña y ahora esa tarea ha recaído en Selim y las esperanzas para Elif parecen aumentar. No es lo mismo ser protegida por el ama de llaves que por uno de los señores de la casa y Selim no va a permitir que su cuñada lastime a su sobrina.

Dos formas de enfrentar la realidad

Pero si hay algo que diferencia por encima de todo a Elif y Melek es su forma de enfrentar la realidad. Lo vimos en el primer capítulo de las dos historias y lo seguimos viendo episodio a episodio.

Melek es una niña pero ni piensa ni actúa como una niña. Melek aprendió por las malas a valerse sola y a ser autónoma. Melek no solo se las arregla como puede en la cocina, sino que es perfectamente capaz de orientarse en una gran ciudad como para coger un autobús e ingeniárselas para entrar de visita en una cárcel.

Pero, sobre todo, Melek tiene tan desarrollada su inteligencia emocional que sabe perfectamente cómo debe actuar en cada momento para evitar los problemas. Sabe que cuando Sule está delante es mejor sonreír por detrás a Zeynep. Sabe que cuando Cengiz está es mejor desaparecer. Sabe que cuando la policía pregunta hay respuestas que es mejor no dar. Sabe que Zeynep es su madre pero que en determinados momentos es mejor no decirlo. Aunque no deja de ser una niña y en el momento de despedirse de Zeynep se le rompe el corazón porque no entiende la razón de ese distanciamiento y vuelve a sentirse abandonada.

Por el contrario, Elif simplemente es una niña. Ha vivido momentos muy duros, pero aún no es del todo consciente de su verdadera situación. Sabe quién la trata bien y quién no, pero aún no sabe cómo reaccionar ante determinadas situaciones.

De Melek nos entristece no solo el peligro que corre en cada capítulo, sino también el comprobar cómo ha dejado atrás su infancia sin darse cuenta porque a Melek la vida la ha hecho crecer y madurar a pasos demasiado grandes.

De Elif nos enternece su dulzura y esa inocencia que hace que se deje llevar de la mano de un lado para otro sin prácticamente hacer otra pregunta que no sea dónde está su madre.

Y, ambas, tan iguales y tan distintas, nos enternecen cada vez que las vemos en pantalla. No deja de ser irónico que al final haya habido otro punto de conexión entre Melek y Elif. Zeynep tomó la misma decisión que Melek: alejar a su hija con intención de protegerla. La diferencia está en que Melek creyó firmemente que Elif estaría mejor con Kenan, pero Zeynep sabe perfectamente que Melek no estará bien con Sule. Melek le dio su hija a una amiga, pero Zeynep se la entregó a su enemiga. Y ahora mismo las dos niñas están en la misma situación: lejos de sus madres y en medio del peligro.

Melek y Elif, Elif y Melek, tan pequeñas y tan grandes a la vez, han conseguido que miles de personas estén pendientes de cada paso que dan. ¿Volverá Melek a ser Turna o está condenada a permanecer con Sule bajo la amenaza de Cengiz? ¿Llegará el día en que Elif pueda estar junto a su padre y su madre?

Los espectadores tenemos claro qué futuro queremos para esas dos niñas que nos han cautivado. Habrá que seguir esperando para comprobar si los guionistas están de acuerdo con nosotros. Mientras, simplemente, nos toca acompañar a Elif y Melek en su búsqueda de esa vida feliz que todos los niños deberían tener.