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Las espigas: un verdadero peligro para los perros

Siempre que volvamos del paseo en estos meses de calor debemos dedicar unos minutos a revisar las patas, axilas y zona ventral de nuestro perro.

Las espigas: un verdadero peligro para los perros

Las espigas: un verdadero peligro para los perrosiStock

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Ya tenemos encima el calor, comenzamos a notar ese olor a verano y los días son cada vez más largos. Con la llegada del buen tiempo, apetece salir a pasear por el campo con nuestro mejor amigo y dejarle correr a sus anchas en plena naturaleza.

Por desgracia, aunque no veamos peligros físicos como carreteras o coches, existe un agente muy dañino alrededor nuestro: las espigas. Esta inflorescencia de las gramíneas, también llamadas ¨espiguillas¨, nos rodea en parques, jardines y campo abierto. Cuando se secan o las siegan, se clavan fácilmente. Todos hemos sentido la incómoda sensación de volver a casa con los calcetines llenos de pequeñas flechas vegetales y necesitar no poco tiempo para eliminarlas totalmente de nuestra ropa.

A nuestros peludos compañeros les pasa lo mismo, con el agravante de que se incrustan es su piel o, lo que es peor, en orificios como orejas, ojos o nariz.

¿Cómo sé si se le ha clavado una espiga?

Lo primero que notamos es un repentino estado de ansiedad en nuestro perro, con sacudidas de la cabeza y gimoteos.

Si la espiga está entre los dedos, comenzará a pisar con dificultad, se lamerá la extremidad continuamente y veremos una zona hinchada y roja que poco a poco comenzará a supurar. Es muy importante acudir al veterinario inmediatamente ya que, si pasan los días, la espiga puede migrar y ascender por la extremidad y el problema puede llegar a requerir una intervención quirúrgica para localizarla y eliminar la infección.

Si nos encontramos con esta situación en una zona en la que no hay un veterinario cerca, podemos hervir agua con mucha sal y, una vez que esté disuelta, esperar a que la solución se atempere un poco y realizar baños de la extremidad para limpiar y desinfectar la zona y favorecer que el cuerpo expulse la espiga. En cuanto nos sea posible, un veterinario debe revisar la lesión y aconsejarnos cómo debemos continuar las curas.

Espigas
Espigas | iStock

Sin embargo, en muchas ocasiones la situación se complica y las espigan se introducen en orificios naturales como ojos, la nariz o los oídos.

En los ojos suelen alojarse bajo el tercer párpado, provocando una inflamación casi inmediata de los párpados y una secreción mucosa muy característica. Es muy importante que un veterinario la extraiga con anestesia local, ya que producen úlceras rápidamente.

En la nariz, la principal sintomatología es el nerviosismo y los estornudos constantes. Se frotan el hocico con las paredes y el suelo y comienza una descarga mucosa por el ollar en el que se ha introducido la espiga. Para extraerla es necesaria la sedación, ya que la manipulación de esa zona es delicada y pueden producirse sangrados con facilidad si nuestro amigo se mueve mientras intentan sacarla.

Sin embargo, la zona mas frecuente en la que encontramos espigas es en los oídos. No suelen notar su presencia en el primer momento salvo que sea una mata grande, en cuyo caso suelen dar un chillido agudo y repentino sin venir aparentemente a cuento.

Acto seguido comienzan a sacudir la cabeza bruscamente y de continuo, provocando justo lo contrario a lo que nuestros peludos compañeros quieren conseguir, es decir, favoreciendo que la espiga migre hacia el interior del conducto auditivo.

Según el tamaño y la sensibilidad de cada animal, la espiga puede estar alojada en el oído bastante tiempo, con sacudidas intermitentes de la cabeza, provocando en ocasiones otras lesiones asociadas como pueden ser los otohematomas, acúmulos de suero sanguinolento en la zona apical del pabellón auditivo, y necesitando cirugía para su resolución.

Lo mejor que podemos hacer es acudir al veterinario según veamos que comienza a sacudir la cabeza, ya que a medida que pasan los días, el problema puede complicarse con perforación de tímpano, infecciones o cirugías.

Parece mentira que una brizna de hierba pueda provocar tantas urgencias y sin embargo las que hemos contados son solo las más frecuentes, pero no las más peligrosas.

Siempre que volvamos del paseo en estos meses de calor debemos dedicarle unos minutos a revisar las patas, axilas y zona ventral de nuestro perro ya que a menudo se clavan entre el pelo y acaban provocando abscesos bajo la piel o en el músculo, pudiendo incluso atravesarlo y llegar a órganos vitales como el pulmón o intestino, con el riesgo vital que eso supone.

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