Novalife » Útil para ti

Cocina

Estos son los errores garrafales que cometes con la carne

Tanto al recibirla y conservarla como al cocinarla, no te puedes imaginar la de meteduras de pata que tenemos con este alimento tan delicado.

Publicidad

Así que no está de más, nunca está de más, que te digamos cómo debes manipularla y cocinarla para sacarle todo el provecho. Hemos hablado con los profesionales de Solobuey, que llevan toda la vida dedicándose a la carne y saben de lo que hablan, para que nos cuenten.

“Si la carne se va a consumir en un plazo de 1 o 2 días (según el tipo de carne, las hay con algún tipo de adobo que aguantan más pero siempre suele ir indicado en la etiqueta), se puede guardar directamente en la nevera, en sus mismos envases sin abrir ya que tienen una atmósfera protectora con gas inerte que evita que se oxiden. En el caso de los frigoríficos combis por ejemplo, es recomendable guardarla en las bandejas más bajas, que es la zona más fría de la nevera, justo encima (o debajo, según el electrodoméstico) de los cajones destinados a frutas y verduras”, dicen en Solobuey.

“Si recibimos mucha cantidad y no la vamos a consumir toda de golpe, sí que deberíamos congelar una parte, y guardar lo más herméticamente posible lo que vamos a consumir antes, bien sea en recipientes de cristal, platos o fuentes de acero inoxidable pero siempre cubiertos (con su tapa, en bolsas herméticas o con papel film) para que no se reseque, no coja olores de la nevera y conserve sus cualidades. El plástico es menos recomendable porque también puede alterar el sabor. La puerta es la zona menos fría de la nevera, así que es el lugar menos indicado para conservar una carne en perfectas condiciones. Y hay que tener cuidado con no pegar ningún producto a las paredes ni al fondo para que no se quemen con el frío, ni apilarlos mucho entre sí para que todos reciban frío lo más uniformemente posible. La temperatura más apropiada es entre 0 y 5º”, aconsejan estos expertos en productos cárnicos.

¿Cómo deberías congelarla? Vamos con ello: “Es recomendable congelar la carne en diferentes porciones dependiendo de las necesidades, por raciones individuales o según el número de personas que vayan a comer después. Hay que retirar la grasa sobrante (ojo con las piezas ibéricas, ESA GRASA NO SE QUITA) si la tuviera y envolver la pieza en papel film o meterlo en una bolsa de congelación quitándole todo el aire posible para que no esté en contacto directo con el frío y evitar que se produzcan quemaduras (estas se pueden apreciar por el oscurecimiento de algunas zonas al deshidratarse). Lo ideal es que se congele lo más rápido posible porque así se conservarán mejor todos los nutrientes y propiedades, por lo que siempre es mejor contar con un buen congelador y tenerlo a la temperatura adecuada que ronda los -17ºC. Mejor dedicar un cajón exclusivo para carnes y otro diferente para pescados para evitar que se mezclen los olores, que sí, también se transmiten bajo cero”, añaden.

Carne | iStock

Más consejos respecto a la congelación: “Es importante etiquetar la carne con la fecha en la que la hemos congelado porque el cerdo no debería consumirse más de 6 meses después; la ternera 12 meses; el cordero 10 meses; y las aves unos 6 meses”.

¿Y cómo descongelamos? “A la hora de descongelar, es mejor sacar los productos con 24 horas de antelación a la nevera para que el cambio de temperatura sea progresivo, y más ahora con el calor… si el bloque que tenemos que descongelar es muy grande, como muchos filetes apilados, por ejemplo, sí podemos sacarlo a temperatura ambiente para ir separándolo en porciones más pequeñas y que terminen de descongelarse todos más sueltos en nevera sin que quede un bloque de hielo en medio. Si nos hemos olvidado por completo el día anterior y necesitamos sacar algo para ¡ya!, se puede hacer en microondas, pero siempre en modo descongelación y vigilando el tiempo para que no se nos cueza por los bordes. Si tenemos un poco más de margen pero no el suficiente para que se deshaga todo el hielo, podemos meter la carne en la misma bolsa (si está bien cerrada), o en un recipiente flotando en un poco de agua tibia en el fregadero para acelerar el proceso. Es importante que la carne no esté en contacto directo con el agua”.

¿Se conserva de forma diferente una vez la has cocinado? “Una vez cocinada la carne siempre hay que esperar a que se enfríe para meterla en la nevera. Lo mejor es guardarla en recipientes lo más ‘justos’ posible, que no tengan demasiado espacio libre hasta el borde; siempre tapados, para evitar que cojan y desprendan olores, y para consumirlos en un plazo de 3-4 días. En las elaboraciones con salsa, intentar siempre cubrir la carne con ella (aunque luego no nos la vayamos a comer toda) para que no se resequen las piezas de arriba. Todo se puede refrigerar después de cocinar, pero no todo está igual de rico al día siguiente… Es entre una pena y delito recalentar un buen entrecot de wagyu o un solomillo de vaca, por eso es mejor cocinar lo que sepamos que vamos a consumir y lo que no, congelarlo en crudo”, explican en Solobuey.

“En cuanto a congelar los platos ya cocinados, no todas las recetas tienen tampoco el mismo resultado… Los arroces o las patatas no suelen salir bien parados porque el exceso de agua los pasa o les da un sabor diferente, así que es preferible preparar la base del guiso de carne con su salsa y perder un ratito el día que vayamos a consumir en añadirle la guarnición. Más allá de esta premisa, las carnes de cerdo, ternera, cordero o pollo estarán deliciosas al descongelarlas si no las hemos sobrecocinado y más aún si las hacemos con algún tipo de salsa (para poder guardarlas también cubiertas en ella) en las que puedan calentarse al chup chup después -como unas albóndigas con tomate, unas carrilleras de cerdo ibérico con pisto o piezas más gruesas al horno que además podemos guardar ya fileteadas como un redondo de ternera-. No tendrán la misma gracia por ejemplo unas pechugas de pollo a la plancha congeladas y vueltas a recalentar que recién hechas…. Con algo que se vaya a quedar más seco, es preferible reinventarlo troceándolo y añadiéndolo por ejemplo a la bechamel para hacer unas croquetas y esas sí que se pueden congelar para freír más adelante”, finalizan.

Publicidad