¿Cuál de estos errores estás cometiendo?

No limpias los filtros. Un lavavajillas requiere de un mínimo mantenimiento para funcionar bien. Para ello, debes limpiar sus filtros –lo mismo que haces con el aire acondicionado o la secadora– cada cierto tiempo, lo mismo que los brazos giratorios, cuyos pequeños orificios pueden quedarse obstruidos por la cal e impedir la salida de agua. Limpia con un producto antical y si aún así no consigues desbloquear los orificios utiliza un alfiler y mételo uno a uno en cada agujerito. Es mano de santo.

No le pones sal. Es fundamental que el aparato tenga siempre sal, de manera que debemos estar muy atentas a la señal para reponerla lo antes posible. La sal evitará no solo que se produzcan manchas de cal en la vajilla, sino también incrustaciones en el interior del aparato que pueden llegar a ser insalvables. Privar de sal al lavavajillas porque creemos que no pasa nada y se nos va olvidando es retrasar su vida útil.

No lo limpias por dentro. Hay que limpiar el lavavajillas por dentro con un producto específico periódicamente, ya que la grasa se puede quedar acumulada en el interior y producir malos olores. Si el agua de tu zona es muy dura, utiliza regularmente un producto descalcificador para acabar con los restos de cal. Si ves que aún así el lavavajillas genera malos olores, puedes limpiarlo en profundidad con vinagre o bicarbonato y dejarlo abierto durante unas horas.

Lavavajillas | iStock

Lo llenas demasiado. Pasa a menudo que tu lavavajillas está como los chorros del oro y que lo mantienes a las mil maravillas pero cometes un error de principiante que provoca que siempre haya alguna pieza que salga sucia: lo llenas mucho. Ocurre sobre todo en aquellas personas que tienen lavavajillas pequeños, que los cargan en exceso y al final acaba siendo peor el remedio que la enfermedad. Más vale llenarlo poco, asegurándote que el agua puede penetrar bien entre todas las piezas, que llenarlo en exceso para tratar de ahorrarte tiempo, pues acabarás lavando a mano más tarde gran parte de elementos.

No lo dejas abierto. Trata de dejarlo siempre abierto media hora después de que haya acabado de lavar, ya que así evitarás que se acumule la humedad dentro y que la máquina se estropee.

Dejas restos de comida. Retira siempre cualquier resto de comida con un cepillo o una esponja para evitar que se queden dentro del lavavajillas. De hecho, lo mejor es que pases un agua a platos y vasos antes de meterlos en el aparato. Las fuentes y recipientes demasiado sucios o con muchos restos de comida es mejor que los laves a mano. Del mismo modo, pese a que muchos fabricantes digan lo contrario, te aconsejamos que evites meter en el lavavajillas las sartenes y ollas de más calidad, que pueden acabar dañando el aparato.

Revisa el desagüe. Una vez hayas comprobado que todo está bien no te olvides de comprobar el desagüe, pues podría estar atascado y ser el origen de todos tus problemas.

No repones el abrillantador. Lo mismo que la sal, debes reponer el abrillantador siempre que sea necesario, ya que puede ser la causa de que tu vajilla salga siempre opaca y con posibles restos de cal. Otro factor que puede influir en la respuesta de tu lavavajillas es la calidad de tu vajilla, pues a menudo las de baja calidad retienen más los restos de comida y grasa, además de que pierden el brillo y el color con rapidez. Invierte en una buena vajilla y verás como notas la diferencia.

El truco de la pastilla de jabón. Si utilizas jabón en pastillas y te suele ocurrir que no se abre la caja y, por tanto, el lavado finaliza con la pastilla casi intacta, lo mejor es que dejes la pastilla suelta dentro del lavavajillas, pues se acabará deshaciendo sola durante el lavado.