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PANDEMIA

Mascarillas FFP: ¿por qué están otra vez en el punto de mira?

¿En qué debemos fijarnos en una mascarilla FFP para tener la seguridad de que cumple la normativa?

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Deseábamos la llegada de la vacuna y llegó invadiendo de emoción y esperanza estos días oscuros de pandemia. Esto es el principio del fin, pero el fin está aún muy lejano. No podemos caernos cuando ya vemos la meta y es imprescindible continuar con todas las ya conocidas medidas de prevención:

Y son las siguientes, repetimos de nuevo:

- No permanecer en sitios cerrados sin ventilación sin mascarilla

- Distancia social, literalmente cuando estemos con gente, pero también desde el punto de vista de restringir lo máximo posible los contactos. Restringir los contactos es importante para evitar los contagios, pero más aún para evitar servir de amplificador contagiando a otros. Es un asunto clave y bidireccional.

- Lavado de manos (antes, durante y después de la pandemia).

- Uso de mascarillas.

Algún día, no sé cuándo, volveremos a pasear por la calle sin ellas, pero hoy no. Ya los epidemiólogos y virólogos avisaron de que deberíamos usarlas hasta 2022, y tiene toda la pinta de que va ser así.

Después de aquellos momentos de descontrol, desabastecimiento, incertidumbre y, para qué negarlo, mascarillas falsas, parece que el tema de mascarillas EPI (FFP) homologadas, será un poco más fácil para el consumidor a partir del 30 de enero. ¿Por qué tan tarde?

La legislación es así, no la he inventado yo. El 23 de abril del 2020, en pleno caos informativo y de disponibilidad de mascarillas y EPIs, publicaron un decreto en el que autorizaban el uso de mascarillas KN95 (normativa china), N95 (normativa americana) y algunas más como equivalentes en su uso como equipos de protección individual para hospitales a las mascarillas FFP2 (normativa europea). Se permitía que se enviaran a Organismos Notificados, que son los laboratorios que ensayan estas mascarillas para obtener una homologación. Aunque también se autorizaba el “consumo propio”.

Mascarilla FFP2 | iStock

El asunto se fue de las manos y el consumo propio se convirtió en la puesta en el mercado de mascarillas más faltas que un billete de seis euros en las que desconocíamos qué capacidad de filtración tenían. China se puso a lo loco a fabricar mascarillas, las empresas de telas, de manteles, de cojines, cambiaron su producción para abastecer de mascarillas a un mercado europeo que se quedaba sin ellas. Les faltó conocer que debían cumplir unos requisitos mínimos para que las mascarillas fueran eficaces.

En España era obligatorio decirle al consumidor que esas mascarillas no estaban homologadas. En muchas ocasiones se omitió ese “pequeño detalle”. Eso sí, las normativas van lentas, pero llegan y los plazos para evitar este despropósito han llegado.

Tuvimos un primer vencimiento el 30 de septiembre donde ya no se podían comprar más mascarillas nuevas sin que llevaran la homologación oficial por un organismo notificado, con el objetivo de la distribución. Eso ha hecho que encontremos en el mercado verdaderas “ofertas” de mascarillas KN95 no ensayadas para eliminar los stocks que hay retenidos. ¿Por qué el 30 de septiembre? Se necesitaba dar un plazo para enviar las muestras a los laboratorios y que las ensayaran y certificaran. Con el boom de mascarillas, estaban desbordados así que la idea inicial era “seguro que le dicen a la gente que no están homologadas en lo que envían los resultados y después ya las tendrán homologadas”. Sobra decir que esa idea inicial no se cumplió en la realidad.

NOTA: la mascarilla KN95 debe llevar serigrafiado en la propia mascarilla “KN95 y GB2626” que es su norma. Además, deberían disponer de un certificado de homologación.

Y ahora sí, el 30 de enero llega el segundo plazo que debe cumplirse en el que el consumidor estará un poquito más protegido. Ya no podrán ponerse a la venta mascarillas EPIs sin homologación FFP. Ninguna. Ni stocks ni nada.

¿Qué nos vamos a encontrar en el mercado? Es posible que veamos mascarillas KN95 con la serigrafía correcta que exige la norma FFP. Esto significa que debemos fijarnos en que lleven:

- Nombre del fabricante

- Normativa a la que hacen referencia (UNE 149)

- Tipo de mascarilla: FFP2 NR

- Marcado CE

- Cuatro dígitos del organismo notificado válidos y que se comprueban aquí. Sin estos cuatro dígitos pueden prometer que filtran bien que no deberíamos creerles.

Pero hay otro tipo de mascarillas EPIs que podemos encontrar una nueva homologación. Son las que llevan en su serigrafía PPE-R/02.075 versión 2 COVID 19.

Han llegado al mercado porque, para homologar una mascarilla FFP2 hay que hacer una batería de ensayos obligatorios (algunos innecesarios para esta pandemia porque no olvidemos que estas mascarillas estaban pensadas para diferentes tipos de trabajo que las requieran como prevención de riesgos laborales). Los organismos notificados tardaban mucho y decidieron unirse para desarrollar un esquema de ensayos basado en la UNE 149 pero más ajustado a la protección en este caso concreto de la pandemia. Por eso está serigrafiado “COVID19”.

Eliminan los ensayos de penetración de ensayos con aerosoles no acuosos (innecesarios para estos casos) y permanecieron los ensayos de penetración de ensayos acuosos.

Deben llevar serigrafiado en la propia mascarilla:

- marcado CE

- Identificación del fabricante

- Dígitos del organismo modificado válido (el mismo que en las FFP2)

- Uso previsto (Debe poner COVID-19)

- PPR-R/02.075 versión 2

Estas mascarillas tienen la misma capacidad de filtrado que las FFP, bidireccional de un 92%.

Así está la situación actual de las mascarillas EPIs. Eso sí, también están en el mercado las mascarillas quirúrgicas y las higiénicas reutilizables (UNE0065) y no reutilizables (UNE0064). Todas ellas deben estar correctamente homologadas y, lo más importante, es imprescindible que fijen correctamente a la cara comprobándolo, si queréis, con un pequeño espejo.

Debemos evitar que salga aire sin filtrar sea cual sea el tipo de mascarilla.

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