Toda la vida huyendo de los recalentados, mirando con pena ese táper de macarrones que cocinamos el domingo y el jueves aún llevamos a la oficina sin saber que lo que estábamos haciendo equivalía prácticamente a una hora de gimnasio. ¿Por qué es recomendable recalentar la pasta si deseamos mantener la línea? Según un reciente estudio de la Universidad de Oxford, la pasta recalentada provoca un incremento mucho menor del nivel de glucosa en sangre que el que provoca la pasta caliente recién hecha. Estas son las conclusiones tras realizar pruebas con tres grupos de voluntarios que ingerían durante varios días pasta caliente, pasta fría y pasta recalentada respectivamente, siempre con la misma salsa y exactamente en las mismas cantidades.

Una de las características de la pasta caliente, como de cualquier carbohidrato, es que se absorbe del mismo modo que el azúcar, de manera que el nivel de glucosa se eleva inmediatamente tras ingerirla. Asimismo, éste se reduce también de forma bastante rápida, por lo que la sensación de hambre es prácticamente inmediata. Ocurre todo lo contrario con la fibra, que provoca un aumento lento y progresivo del nivel de azúcar en la sangre.

Hasta este momento, un estudio de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido, había descubierto que al cocinar la pasta y posteriormente enfriarla la estructura de este producto cambiaba, y se creaba el llamado "almidón resistente", lo que supone que el alimento se torna resistente a las enzimas de nuestro aparato digestivo que liberan glucosa en sangre, por lo tanto, como ocurre con la fibra, al consumirse frío, el alimento provoca un aumento progresivo de los niveles de glucosa y su consiguiente reducción gradual. Sí, pues, a las ensaladas de pasta, un plato nutritivo que permite el uso de numerosas verduras y hortalizas y que además engorda mucho menos.

Pero a nadie se le había ocurrido hasta el momento hacer la prueba con la pasta recalentada, hasta que la Universidad de Oxford, de la mano del doctor Chris van Tulleken, que tras realizar pruebas de glucosa en sangre cada 15 minutos a los tres grupos de voluntarios que ingerían pasta caliente, fría y recalentada, concluyó que los que menos incremento experimentaban eran precisamente los que ingerían pasta recalentada. La conclusión es, pues, que simplemente preparando la pasta el día anterior y dejándola enfriar para recalentarla posteriormente podemos conseguir que los temidos hidratos de carbono, tan desaconsejados por muchos nutricionistas más allá de las 5 de la tarde, se conviertan en fibra.