Lo sabemos, que un hijo no coma o coma poco es de las cosas más desesperantes que te pueden pasar como madre. Pero debemos plantearnos: ¿es importante la cantidad de comida que toma? NO, definitivamente no. Lo importante es la calidad de lo que comen los niños. Ojo, que todo esto se refiere a niños sanos y normales, que casos especiales y complejos, aunque son escasos, existen. Para problemas importantes con la alimentación, consulta siempre con vuestro pediatra.

Es fundamental tener clara nuestra misión como padres, que es que coman saludable, ya ellos regularán la cantidad que necesiten. Esa frase, a priori, tan sencilla, en el día a día no siempre todo es tan fácil, pero debes repetirla como un mantra. Muchos niños rechazan frutas, verduras o legumbres. Son niños que se conocen como comedores selectivos. ¿Crees que hay algún jarabe o pastilla mágica que abra las ganas de comer estos alimentos? Ya contestamos nosotras por ti: no.

Primer truco: sed ejemplo. Si no os ve comer de esos alimentos, es imposible que pretendas que él los coma. Ejemplo y paciencia, mucha paciencia.

Vale, pero tu hijo es de los que come muy, muy poco, de hecho ni come las marranerías típicas que le gustan a cualquier niño y morirías porque se comiese un lomo de merluza y un trozo de tomate. A ese sí que le damos algo, ¿no? Pues mira, los estimulantes del apetito u orexígenos no están nada recomendados. ¿Por qué? La mayoría llevan ciproheptadina o alguno de sus derivados. Son medicamentos del grupo de los antihistamínicos. No está autorizado su uso en menores de 2 años. Efectivamente, el apetito se le abrirá, pero si no le damos alimentos saludables para nada vale. Son medicamentos que pueden tener efectos secundarios de entre los que destaca la somnolencia, y que no se deben usar por largas temporadas. ¿Y los naturales como la jalea real o el propóleo? Hay pocos estudios que avalen su eficacia.

Niño que no quiere comer | iStock

“Vale, vale, vale. Si no algún estimulante del apetito, ¿algunas vitaminas igual sí que le podemos dar?”

¿Qué niño crees que es más probable que tenga déficit de alguna vitamina, un niño delgadito que come muy poquito pero variado o un niño con algo de sobrepeso que come en cantidad importante pasta, pizza, hamburguesa, nada de verdura, pescado o legumbres y un plátano a la semana? Te hacemos todas estas preguntas para que tú misma reflexiones y saques tus propias conclusiones. Muchas veces nos agobiamos y pensamos que la solución sencilla es la más rápida, que no es otra que darle una pastillita o un jarabe. Tampoco tiene mucho sentido estar pinchándoles analíticas, ya que suelen estar normales si la exploración que le hace vuestro pediatra es normal.

“Ok. Queda claro. ¿Y los complejos alimentarios que anuncian en la tele, esos son buenos para que los tomen los niños que comen poco?”

Plantéate qué quieres, ¿que tu hijo coma lo que sea o que aprenda a comer? Darle un complemento alimentario en polvo para disolver en la leche le va a aportar distintos nutrientes, pero no le vamos a enseñar nada.

Piensa en la sociedad en la que vivimos: nos sobra la comida. ¿Crees que si tu hijo tuviese hambre no pediría comida? Tiene comida suficiente a su alrededor más que seguro. Cada vez los índices de exceso de peso infantil son más preocupantes. El que tu hijo esté delgado actualmente no quiere decir que si come de manera poco saludable de forma mantenida, cuando sea mayor no pueda tener problemas de sobrepeso u obesidad. El mensaje de este artículo es: tú preocúpate por la calidad de lo que come tu hijo, él regulará cuánto necesita. Tu objetivo con la alimentación de los más pequeños de la casa debe ser que aprendan a comer de manera saludable, un objetivo a largo plazo. Estarás invirtiendo en su salud del futuro. ¡Ánimo!