Si nuestro organismo mantuviera en orden las hormonas que nos ayudan a percibir hambre y saciedad, no sería tan necesario contar calorías, pero éste y otros sistemas están alterados hoy por lo que tenemos serios problemas para autor regularnos al comer.

Utilizamos las calorías como medida de la energía que nos aportan los alimentos. Sabemos que superar la ingesta de energía en relación a las que utilizamos, nos lleva al aumento de grasa corporal.

Multitud de estudios nos dicen que comemos más calorías de las que creemos, sobre todo aquellas personas que incluyen en su dieta refrescos, bebidas alcohólicas, snacks ultraprocesados dulces y salados, pan para acompañar las comidas y aquellas que comen fuera de casa o viendo la televisión. Por esto, conocer las calorías que contiene lo que comemos, y contabilizarlas durante unos días, puede ser una buena forma de toma de conciencia.

El conocimiento es poder, así que aprender más sobre lo que comemos, siempre lo considero positivo, por el contrario, considero que se ha prestado demasiada atención al conteo calórico. Si aprendes qué alimentos elegir, será más difícil comer más calorías de las necesarias. Además, es complicado hacerlo bien sin la ayuda de un profesional que te oriente para hacer este ejercicio, por ello, puede llevar a cierta confusión y cambiar la atención de lo importante: hacer mejores elecciones dietéticas.

Alimentos | iStock

Es muy complicado conocer la energía de lo que comemos. La forma de cocinar, el formato en el que esté el alimento (fruta fresca o enlatada, aunque no lleve azúcar, harina de un cereal o legumbre…), el estado de nuestro sistema digestivo, entre otros factores, determina la forma y cantidad de energía que nos queda disponible del alimento. Además, el contenido calórico de los alimentos está calculado según estimaciones y redondeos, con gran margen de error, más aún en los productos con muchos ingredientes.

No todas las calorías son iguales

Cuando únicamente prestamos atención a las calorías, se nos olvida que no todas son iguales. En relación a comida real versus alimentos ultraprocesados, por ejemplo 100 kcal procedentes de unas ciruelas, no son iguales que las de cuatro galletas. Quizá esto te parezca obvio, es de sentido común que unas ciruelas son más saludable que unas galletas, sin embargo, cuando nos fijamos en las calorías, los nutrientes de una fruta, su efecto saciante y otros beneficios se nos olvidan. Esto lo sabe la industria de los ultraprocesados, por eso te ofrece productos en porciones que nos dan la idea de ser muy “bajos en calorías”, captan nuestra atención y caemos. Pero realmente el impacto en nuestro cuerpo no es el mismo, y si pensamos en la pérdida de grasa, aún teniendo la misma cantidad de energía, no se daría de la misma manera.

El contenido en macronutrientes va a ser también influyente en el impacto que tendrá en nuestro organismo esa energía, la energía procedente de grasas, hidratos de carbono y proteína, tiene un impacto diferente. Comparando un alimento con mayor contenido en proteínas y otro que contenga básicamente hidratos de carbono y grasas, van a tener diferente metabolización, siendo las proteínas por lo general el macronutriente que tiene mayor coste energético en digerir.

En resumen, recomiendo de forma general, si no se tienen conocimientos básicos en nutrición, no hacer nuestras elecciones dietéticas en función de la energía que nos indique el envase de un producto. Solo basar la comida en vegetales ya hará que tu menú sea bajo en energía.