La Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha declarado Patrimonio Mundial el paisaje cultural de Risco Caído y las montañas sagradas de Gran Canaria, un yacimiento arqueológico prehispánico de asentamientos trogloditas con templos y marcadores de claras connotaciones astronómicas. El Comité del Patrimonio Mundial tomó esta decisión en su cuadragésima tercera reunión en la capital de Azerbaiyán, que se celebra hasta el próximo día 10.

El sitio cultural Paisaje de Risco Caído y los espacios sagrados de montaña de Gran Canaria abarca una zona de casi 18.000 hectáreas entre la zona nominada (9.425 hectáreas) y la zona de amortiguamiento (8.557 hectáreas), algo más del 11 % de toda la superficie de la isla.

Los primeros en entrar fueron, por ejemplo, la Alhambra de Granada, la mezquita de Cordoba o la catedral de Burgos. Más tarde se añadieron también parajes como Doñana o las Médulas... así hasta 48 sitios, algunos son bienes culturales, otros naturales.

 

 

Risco Caído, el espacio que sirve de centro para este proyecto conformado por varios sitios arqueológicos, se encuentra en una de las zonas mejor conservadas de Gran Canaria, con mucha menor población y desarrollo económico que en la costa. Las sociedades aborígenes que poblaron Gran Canaria durante unos 1.500 años antes de la llegada de los europeos, estaban conformadas por bereberes o amaziges de procedencia norteafricana. Los residentes autóctonos de la isla excavaron en la roca volcánica de Risco Caído una cueva con una pequeña "claraboya" en su bóveda.

Esta pequeña ventana en el techo de la caverna permite la entrada de la luz del sol y de la luna, provocando un haz que se proyecta sobre sus paredes. Solo en el solsticio de verano, las primeras luces del día recorren las paredes de lado a lado, iluminando una serie de grabados rupestres con forma de triángulos púbicos que los arqueólogos relacionan con símbolos de la fertilidad. Lo mismo ocurre en el solsticio de invierno con la luz de la luna llena.

Los arqueólogos consideran que se trata del marcador astronómico prehistórico más espectacular de Gran Canaria, donde existen varios yacimientos con este tipo de efectos, que presuntamente ayudaban a las sociedades aborígenes a dominar los calendarios y los momentos propicios para la siembra, la cosecha o para sus ritos religiosos. Durante varios siglos la caverna fue utilizada como pajar hasta que en 1996 se descubrió su auténtico valor arqueológico y astronómico.

Esta cueva artificial es el estandarte del sitio Patrimonio Mundial, que también incluye a las llamadas "montañas sagradas de Gran Canaria", un conjunto de yacimientos arqueológicos de los antiguos canarios repartidos por los municipios de Artenara, Tejeda, Agaete y Gáldar.

Las cuevas excavadas en la roca volcánicas servían de viviendas, graneros y cisternas para almacenar agua de lluvia, todo esto en un paisaje que el escritor Miguel de Unamuno definió como "tempestad petrificada".