El Rey Felipe VI vivió uno de sus momentos más trascendentales con su respuesta a las intenciones de la Generalitat de Cataluña de declarar la independencia incumpliendo la Constitución, su estatuto de autonomía y las sentencias del Tribunal Constitucional, "una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado" ante el que “es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña".