PODRÍA USARSE COMO FUENTE DE ENERGÍA

PODRÍA USARSE COMO FUENTE DE ENERGÍA

Químicos de la Universidad de Alicante crean un catalizador para obtener agua de la orina de los astronautas

El catalizador creado por tres electroquímicos de la Universidad de Alicante, convertiría el amoniaco que contiene la orina en nitrógeno, un gas que no sólo se puede eliminar fácilmente resolviendo así problemas de almacenaje, si no que puede ser usado como una fuente de energía para alimentar algún instrumental a bordo. La NASA decidirá si este prototipo se adapta a sus necesidades en futuras misiones.

Los investigadores Francisco José Vidal y José Solla-Gullón, del Instituto Universitario de Electroquímica de la Universidad de Alicant
Los investigadores Francisco José Vidal y José Solla-Gullón, del Instituto Universitario de Electroquímica de la Universidad de Alicant | EFE

Tres electroquímicos de la Universidad de Alicante (UA) ensayan en un avión científico de la agencia espacial estadounidense NASA, en Houston, un experimento dirigido a recuperar el agua de la orina de los astronautas con un innovador catalizador que, además, tiene el valor añadido de generar energía.

El lucense José Solla Gullón, el alicantino Francisco José Vidal Iglesias y el doctorando puertorriqueño Roberto Martínez, del Instituto Universitario de Electroquímica de la UA, ya han realizado, a mediados de noviembre y con buenas perspectivas, el primero de los cinco vuelos previstos en condiciones de microgravedad.

Del 8 al 16 de enero, volverán al centro 'Johnson Space Center' de Houston para cuatro nuevas salidas, toda vez entre el 12 y 22 de noviembre sólo pudieron efectuar uno de los vuelos programados por mal tiempo y por una avería técnica en el avión.

Dicha aeronave especialmente adaptada para experimentación científica realiza vuelos parabólicos proporcionan intervalos de entre 15 y 20 segundos en ingravidez para poder trabajar en las mismas condiciones que en el espacio exterior.

En declaraciones, Solla Gullón ha relatado que el catalizador podría ser especialmente útil en futuras misiones de "larga" duración (como a Marte) y para las estaciones espaciales, ya que los residuos fisiológicos que generan los astronautas se convierten en un problema por la falta de espacio de almacenaje.

Frente a otros métodos como evaporar la orina para luego condensar el agua (no purifica del todo al quedar residuos, como la urea, que es perjudicial), los científicos de la UA han diseñado un catalizador "eficiente" que elimina el amoniaco, generado por hidrólisis previa de la urea, y deja el agua reutilizable. El catalizador consiste en una original estructura microscópica formada por nanocubos de platino, unas pequeñas formas poliédricas con un tamaño de 10 nanómetros (0,00000001 metros).

El electrocatalizador convierte el amoniaco en nitrógeno (N2), un gas que se elimina fácilmente, mediante un proceso de oxidación electroquímica en el que se generan electrones, que pueden ser además usados como fuente energética para alimentar algún instrumental a bordo.

Los ensayos en el avión de la NASA permiten detectar posibles alteraciones por la ingravidez para realizar correcciones, y de las conclusiones del primer vuelo ya se extrae que hay que adaptar ligeramente el diseño al observarse que la actividad depuradora decae debido a que la evacuación del gas nitrógeno se complica.

Solla Gullón y Vidal Iglesias trabajan desde hace años con estos procesos que, a raíz de una estancia previa de Roberto Martínez en la UA, despertaron el interés del puertorriqueño Carlos Cabrera, director del Centro de Nanomateriales Avanzados de la Universidad de Puerto Rico Río Piedras, que está cofinanciado por la NASA.

Cada vuelo experimental se prolonga durante unas dos horas, tiempo en el que se realizan entre 50 y 60 parábolas para alcanzar una ingravidez de entre 15 y 20 segundos cada una, y el equipo de la Universidad de Alicante comparte el interior del avión con otros dos grupos científicos con distintos proyectos.

Una vez que concluyan los ensayos, los resultados serán evaluados por la NASA, que deberá decidir si el prototipo se adapta a las necesidades concretas para su posible adaptación a futuras misiones o, más a corto plazo, por ejemplo a la Estación Espacial Internacional (ISS).

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