Vamos a ver cómo el fuego se comporta como un fluido, para ello vamos a lanzar un cubo de gasolina contra este cristal templado que va a ser capaz de soportar el shock térmico.

Es interesarse ver cómo lo que arde es el exterior del líquido y no el interior. Porque sólo arde la superficie, que es la que está en contacto con el oxígeno del aire. El interior, líquido, sin oxígeno no arde hasta que la capa que lo prece no se consume.

Luego vamos a lanzar otro cubo pero esta vez con fuego valyrio, que en realidad es metanol con ácido bórico, que arde con tonalidades verdes.

El vidrio templado es un vidrio de seguridad al que mediante tratamiento térmico se le incrementa la resistencia a las tensiones de origen mecánico (flexión, choques…) y térmico (diferencias de temperatura), sin alterar las propiedades espectrofotométricas del producto base. El vidrio templado térmicamente es aproximadamente cuatro veces más resistente que el vidrio recocido del mismo espesor y configuración

Posee un excelente comportamiento mecánico en resistencia a impactos, a la flexotracción y a las tensiones térmicas, soportando unas diferencias de temperatura que pueden llegar a alcanzar los 200º C

Para fabricar vidrio templado, el vidrio flotado se calienta gradualmente hasta alcanzar una temperatura de reblandecimiento entre los 575ºC y los 635ºC para después enfriarlo muy rápidamente con aire. De esta manera se consigue que el vidrio quede expuesto en su superficie a esfuerzos de compresión y en el interior a esfuerzos de tensión, confiriéndole mayor resistencia estructural y mayor resistencia a impactos planos que el vidrio sin tratar.

Las tensiones generadas en su proceso de fabricación, hacen que el vidrio cuando se rompa, lo haga en pequeños trozos granulares en lugar de astillar en fragmentos dentados. Los fragmentos granulares generados al romper el vidrio templado tienen menos probabilidades de causar lesiones que los dentados del vidrio normal.