Si algo tiene 'Juego de Tronos' es un maravilloso catálogo de personajes. Con tantas líneas dramáticas por desarrollar sería muy fácil caer en un caos de tramas imposibles de seguir por el espectador, pero la serie se mueve con una elegancia innata en el arte de dar información y lograr que la historia avance. Cualquier otra serie fracasaría en el intento, sin embargo 'Game of Thrones' es todo menos una serie cualquiera.

Durante los diez capítulos que han compuesto la segunda temporada hay mucho por reseñar: Khaleesi empieza a tener control sobre sus dragones, Invernalia queda abandonada a su suerte, Jon Snow va a conocer al Rey Más Allá del Muro, los Lannister siguen en el Trono de Hierro después de vencer a Stannis Baratheon en una espectacular batalla y Robb Stark se casa con una joven enfermera a la que ha conocido en el campo de batalla y en contra del consejo de su madre.

Pero de toda la temporada hay dos secuencias que no olvidaremos: el fuego valyrio en el que Tyrion Lannister demuestra que es un gran estratega y que puso en relieve, por enésima vez, que Peter Dinklage es uno de los grandes actores de la televisión actual. El arco de su personaje desde que comenzó la serie y hasta el final de la segunda temporada, con su cara cubierta por una gran cicatriz de guerra, ha sido espectacular.



La otra gran secuencia inolvidable es, cómo no, la que cierra la temporada y la que cambia la serie de forma sustancial: Los Otros, conocidos como los "white walkers", han llegado al Muro y vienen acompañados de cientos de muertos vivientes.  Es una secuencia que impacta no sólo por su contenido dramático sino por su perfecta calidad técnica. Los efectos especiales de 'Juego de Tronos' no tienen comparación con ninguna otra ficción actual.

Muchas son las quejas que apuntan a que en 'Juego de Tronos' no pasa nada, que es una serie lenta. Que no es una serie al uso está claro, pero que tampoco se le puede aplicar el rasero de otras series más convencionales. La multitud de personajes y argumentos cruzados requiere mucha artesanía en el guión y acelerar las tramas por darle ritmo le restaría mucha credibilidad.

Si por algo gusta 'Game of Thrones' es por ser una serie pausada, en la que nos deleitamos en cada historia y en la que conocemos de verdad a los personajes, que siempre se muestran coherentes al espectador. Y con respecto a que no pasa nada en la serie, sólo hace falta comparar el inicio de temporada con el final, en el que además se marcó récord histórico de audiencia con 4,2 millones de espectadores. Curioso dato para una serie en la que supuestamente no ocurre nada.

La tercera temporada llegará en abril de 2013 y adaptará el primero de los dos volúmenes del tercer libro de la saga titulado "A Storm of Swords".