Es innegable que 'Gossip Girl', creada por Josh Schwartz ('The OC'), tuvo momentos muy divertidos en sus dos primeras temporadas, pero al graduar a  los protagonistas del instituto se produjo el cataclismo. Desde entonces la serie ha dado vueltas y más vueltas sobre lo mismo. Y en esta quinta temporada el agotamiento creativo se ha hecho más evidente nunca.

Liz Hurley, en su personaje de Diana Payne, ha sido lo único destacable. Su papel de mala malísima, británica y mujer explosiva, ha tenido tramas con cierto interés y ha salvado a 'Gossip Girl' del desastre total. Hurley ha demostrado ser una actriz decente y muy por encima de la media de los actores de la ficción adolescente.



Chuck y Blair no han podido romper y volver más veces. En vez de avanzar la historia hacia otro tipo de tramas, se empeñan en volver a lo mismo: ahora te quiero, ahora no. Es imposible que algo que se ha visto mil veces en la serie capte el interés del espectador. Una pena, porque tanto Leighton Meester como Ed Westwick funcionan muy bien en pantalla como pareja. Lo mismo ha ocurrido con la relación entre Dan y Blair, una trama que funcionó bien en la cuarta temporada, pero que ha sido una oportunidad desperdiciada en la quinta.

Serena sigue tan insoportable como siempre. ¿De verdad era necesaria su trama sobre la suplantación de identidad de la auténtica Chica Cotilla? Se nota demasiado que los guionistas no saben qué hacer con ella. Terminar la temporada con Serena mirando por la ventana del tren (igual que en el piloto) con un desconocido que le vende cocaína es prescindible y una trama forzada al extremo.

Pero lo más ridículo de todo ha sido la resurrección (casi literal) de Bart Bass. El padre de Chuck, fallecido en la segunda temporada, reaparece en un club de prostitución de lujo. Sí, todo muy creíble. Para alucinar aún más, Lily, que todavía es su mujer, decide volver con el que consideraba su difunto marido y manda a Rufus a paseo. Y todo en los últimos cinco minutos de la finale.

La sexta temporada será la última
Con este resultado global no extrañó nada que en los upfronts de mayo The CW decidiera renovar la serie por una sexta y última temporada, compuesta por sólo 11 capítulos. Lo realmente extraordinario es que no se haya tomado antes la decisión de finiquitar una serie que lleva tres años en una espiral sin salida. Todos los seriéfilos celebramos que acabe por fin la pesadilla y el grupo de pijos del Upper East Side se despida para siempre de los pocos fans que aún le quedan.