Un romance de partida

Regresa 'Pasión de Gavilanes' y volvemos al punto de partida, que, como marca la tradición telenovelera, es un romance imposible. El de la joven Libia Reyes con el maduro Bernardo Elizondo. Es una relación que lo tiene todo en contra. Desde los hermanos de ella hasta la familia de él (cuando lo descubra).

Sin embargo, no es esa relación en sí lo que capta nuestra atención. La relevancia de Libia y Bernardo viene determinada por el hecho de que son la puerta que nos da entrada al mundo de los Reyes y las Elizondo. Son los hilos conductores que nos llevan a conocer a los grandes protagonistas de esta historia.

Hermanos unidos pese a todo

Y es así como entramos en la panadería de los hermanos Reyes y como conocemos a las tres personalidades tan diferentes de Juan (Mario Cimarro), Óscar (Juan Alfonso Baptista) y Franco (Michel Brown).

¿Quién es Juan Reyes? Es el hermano mayor y como tal ejerce. Es el gran protector de la familia. El defensor de los suyos. El patriarca que toma las decisiones importantes sin contemplaciones. Y también muestra ya desde los primeros minutos un carácter temperamental que le causará más de un problema en el futuro, una terquedad que complica cualquier conversación o negociación y unos principios sólidos y firmes difíciles de quebrar... hasta que el amor por una mujer le haga replantearse todos sus objetivos.

Juan tiene en Óscar su principal contrincante dialéctico probablemente porque tienen una forma completamente opuesta de ver la vida y un ranking de prioridades muy diferente. Si Juan aspira a una vida honrada, sencilla y decente, Óscar busca una vida cómoda y sin preocupaciones. En otras palabras, Óscar Reyes aspira al lujo y la tranquilidad que da una cuenta corriente bien saneada. Y precisamente esa ambición es la que provocará que la duda esté siempre presente ¿hasta dónde estaría dispuesto a llegar para conseguir su objetivo?

En cuanto a Franco, aparte de ser el mediador entre sus dos temperamentales hermanos, es también probablemente el más ingenuo. El romántico que cree que si su hermana y su pretendiente se quieren, serán capaces de ser felices.

El soñador que ronda cada noche a una conocida cantante esperando que un día se digne a dirigirle la mirada.

Y, ahora que los vemos por primera vez, otra vez, no podemos evitar sonreír al pensar lo que les deparará el futuro. En cómo estos tres hermanos que intentan evitar los problemas irán de cabeza a buscarlos.

Las hijas de don Bernardo

Y si Libia nos presenta a los Reyes, don Bernardo nos lleva a su hacienda para conocer a sus hijas. Para conocer a la dulce Norma (Danna García), presa en un matrimonio, en el que no puede decidir ni cuándo se levanta de una mesa. Para conocer a la apasionada Jimena (Paola Rey), que se asfixia en la atmósfera controladora que genera su madre. Para conocer a la correcta Sarita (Natasha Klauss), siempre en su lugar y en la forma convenientes.

Con sus más y sus menos, las hermanas Elizondo viven tranquilas en la burbuja de su hacienda sin saber que sus vidas están a punto de cambiar por la inminente llegada de tres albañiles que vienen a (intentar) construir una casa, pero que terminarán derrumbando todo a su alrededor. Lo interesante es que esa destrucción que pretenden provocar a su paso no será más que la operación necesaria para reconstruir su vida edificando una nueva realidad con cimientos mucho más sólidos y resistentes.

El enemigo está en casa

Y esos cimientos tendrán que ser muy firmes porque deberán resistir un sinfín de tempestades, provocadas en su mayoría por personas que ya están dentro de los lindes de la hacienda Elizondo. En teoría, los Reyes entran en esa casa como enemigos acérrimos, sedientos de venganza. Sin embargo, en la práctica, los Reyes serán los héroes que limpiarán el lugar de elementos indeseables.

Y en la lista de indeseables, obviamente, el primer puesto se lo lleva don Fer-nan-di-to Escandón. Es curioso comprobar, en esta revisión de los primeros instantes de la historia, que el personaje interpretado por Juan Pablo Shuck provoca repulsión desde el justo instante en que aparece en pantalla. Es más, quien no haya visto nunca antes 'Pasión de gavilanes' seguro que sintió rechazo al ver sus excesivos halagos a su suegro, su afán por contentar a su suegra y, sobre todo, su obsesivo control sobre su esposa.

¿Qué decir de doña Gabriela? Que lo que hemos visto en estos primeros compases es justo lo que veremos en el 90% de esta historia. El eje vital de Gabrila Acevedo de Elizondo es el qué dirán, es el mundo de las apariencias, es la defensa de la clase social como principio sacrosanto. No importa lo que pase tras la puerta, de cara a la galería los Elizondo son una familia ejemplarmente unida y feliz. No importa que sus hijas sean infelices siempre que mantengan bien limpio el apellido familiar. No importa que los Reyes las quieran, cuiden y protejan. Unos mugrosos muertos de hambre nunca serán dignos de entrar por la puerta principal de sus dominios.

No hay personajes pequeños

Libia y don Bernardo nos presentan a los protagonistas de los tres romances que nos van a emocionar durante un buen número de capítulos y que serán, sin duda, el centro de nuestra atención.

Pero en estos primeros instantes también hemos conocido a otros personajes, que tal vez puedan considerarse secundarios, pero que, en ningún caso, pueden calificarse de pequeños. Son esos personajes que, con el paso de los capítulos, se irán convirtiendo en parte fundamental de las grandes tramas y también de esas subtramas que nos ayudarán a hacer más llevaderos los momentos de más tensión.

Así, hemos conocido ya a Rosario Montes, la cantante que llevará por la calle de la amargura a Franco. El menor de los Reyes se va a pasar gran parte de esta historia suspirando por ella, llorando por ella, sufriendo por ella. Pero Rosario tampoco lo va a pasar mejor. Es cierto que muchas de las circunstancias que va a vivir vendrán provocadas por las decisiones que ella misma va a tomar y cuando decida rectificar, será demasiado tarde porque cada situación tiene un momento determinado y, si lo dejas pasar, no se puede volver atrás.

En el otro lado de la balanza tenemos a don Martín, el personaje más entrañable de toda esta historia. Doña Gabriela intenta hacer pasar a su padre por un viejo excéntrico, pero probablemente sea el más cuerdo y lúcido de toda la familia. Es el único que ve la realidad tal cuál es. Es el único que se preocupa por la felicidad de sus nietas. Es el único que ve en los Reyes una solución y no un problema.

Habría mucho más que decir. Habría que hablar de la ternura que marca la relación entre Juan y Norma, de la pasión entre Óscar y Ximena, del paso del odio al amor de Franco y Sarita. Habría que hablar de la “peculiar” relación entre Gabriela y Fernando. Habría que hablar de Eva y el gran secreto que esconde. Habría que hablar de don Martín y sus escapadas al bar Alcalá. Habría que hablar de doña Eduvina y su herencia. Habría que hablar de Leandro, Benito y su tiíta. Habría que hablar de Dínora Rosales.

Pero, para descubrir (o redescubrir) todo eso hay que vivir (o revivir), 'Pasión de Gavilanes'.