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5 razones por las que 'Mujer' será un nuevo fenómeno televisivo

Muy pronto llega a Antena 3 la exitosa serie 'Mujer'. La cadena estrenará en horario estelar esta premiada ficción, un drama centrado en la historia de superación, amor, solidaridad y secretos de Bahar, interpretada por la premiada actriz Özge Özpirinçci. Estas son las 5 razones por las que está destinada a convertirse en un fenómeno televisivo.

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La Bahar madre

Bahar (Özge Özpirinçci) es el tronco del que parte toda esta historia. A Bahar la conocemos probablemente en uno de sus momentos más felices. Cuando conoce a Sarp (Caner Cindoruk), el que será el hombre de su vida y padre de sus hijos. Todo parecía de cuento de hadas, pero pronto el cuento se convierte en drama, aunque Bahar le bañe con una capa de fantasía e ilusión.

Porque Bahar intenta por todos los medios mitigar el dolor de sus hijos. Su padre no está muerto. Solo está escondido. Y desde ese escondite secreto, inaccesible y misterioso los mira, acompaña y cuida.

De hecho, Sarp está muy presente no solo en las anécdotas que cuenta Bahar a sus hijos, sino en los detalles cotidianos. En la foto sobre una mesa y, sobre todo, en los zapatos que aguardan a su propietario en la puerta de la casa. Sarp no se ha ido. Sarp no está muerto. Solo está ¿escondido?.

La Bahar trabajadora

Pero Bahar no solo se esfuerza para mantener vivo el recuerdo de Sarp en la mente de sus hijos, también hace un esfuerzo sobrehumano por darles la mejor vida posible. Por comprar el material escolar que Doruk necesita en la guardería. Por vestir a Nisan de princesa.

Porque Bahar se deja la espalda planchando para pagar todas las facturas. Y aún así no es suficiente. No es que no llegue ni para comprar chocolatinas. Es que hasta pagar el alquiler es más complicado que subir aquellas montañas gigantescas que escalaba Sarp.

Y es justo cuando Bahar empieza a tocar fondo cuando nosotros llegamos a su vida. Cuando regresa un día cualquiera a la que era su casa y encuentra sus pertenencias en la calle. No es que no pagase. Es que ni siquiera le dieron la oportunidad de intentar pagar. Hay otros que pagan más y cuando el negocio entra por la puerta, la solidaridad salta por la ventana.

Pero Bahar no se rinde. Nunca lo hace. Y encuentra un techo para sus hijos. Tal vez no sea el más seguro. Ni el más tranquilo. Ni el más limpio. Ni el más ejemplar. Tal vez no sea el lugar ideal para una familia, pero Bahar conseguirá que dentro de esas cuatro paredes sus hijos estén bien.

Y no solo encuentra un techo en un tiempo récord, sino que también se llena de fuerza para hacer frente a otro empleo. Después de horas de pie planchando, va a estar otro buen número de horas de pie sirviendo mesas como camarera.

Y siempre, mientras plancha y memoriza consumiciones, Bahar piensa en sus hijos. Piensa en si este mes las cuentas darán. Piensa en si habrá apartado todos los elementos peligrosos de la cocina. Piensa en si sus hijos habrán abierto la puerta a algún desconocido.

Porque Bahar haga lo que haga siempre piensa en sus hijos, pero ¿serán suficientes todos sus esfuerzos? ¿recibirá la ayuda que necesita para garantizar el bienestar de sus niños? ¿Conseguirá que los problemas no marquen la infancia de Nisan y Doruk?

La Bahar mujer

Porque Bahar ha renunciado a todo lo que no sea el bienestar de sus hijos. Ya no recuerda cuando se compró un vestido en un centro comercial, pero sí recuerda la mirada de sus hijos cuando ven algo que les gusta.

Y se nos parte el alma cada vez que vemos a Bahar buscando las palabras adecuadas para justificar que no pueden permitírselo. Que el chocolate no es imprescindible. Que están más ricas las hojas de parra que lleva en un tupper a la feria que una hamburguesa o una pizza.

Y aún se nos encoge más el corazón cuando la pequeña Nisan ejerce como ejemplar hermana mayor explicándole a su hermano que no pueden comprender eso. O cuando aguantándose las lagrimas dice que el vestido de princesa más bonito del mundo no le gusta tanto.

Y es que hay momentos en los que Bahar se rompe. Son pocos y, desde luego, evita que sean ante sus hijos, pero cuando la presión la supera, cuando no ve la salida, cuando las cuentas no salen, cuanto todas las puertas se cierran, Bahar se derrumba y es entonces cuando sus pequeños niños la levantan. Con una caricia, con una palabra de aliento, con una mirada, con un abrazo.

Bahar enfrenta sola la crianza de sus hijos y, aunque reconoce que es duro, no lo ve imposible. Por muy asfixiada económicamente que se vea, por muy preocupada por la seguridad de los niños que se sienta, Bahar no cree en la necesidad de tener a un hombre a su lado para salir adelante.

Ella se casó con el amor de su vida y no hay espacio para nadie más. Entiende, por ejemplo, que su mejor amiga Yeliz decidiese comprometerse rápidamente con alguien y le desea la mayor de las felicidades, pero Bahar no piensa en tomar ese camino.

De hecho, en su vida no hay ningún hombre, aunque la presencia de Arif (parece desestabilizarla. ¿Será miedo por sentirse en peligro o será que la mirada de ese hombre un tanto distante y huraño le provoca otras sensaciones? ¿Será Arif un apoyo para Bahar o un nuevo quebradero de cabeza? ¿La ayudará o le complicará la vida aún más?

La Bahar hija

Llega un punto en el que Bahar está tan al límite económicamente que decide pedir ayuda a los servicios sociales. Es una mujer sola con dos niños pequeños. Si alguien necesita la ayuda del Estado, es ella. Pero la burocracia parece haber sido creada para poner piedras en el camino de los necesitados. Bahar debe justificar que su familia no puede apoyarla.

Y es entonces cuando descubrimos que las penas de Bahar no empezaron al quedarse viuda, que su dolor viene de mucho atrás. ¿Cómo es posible que lleve 20 años sin hablarse con su madre? ¿Cómo es posible que se haya casado, que haya tenido dos hijos, que haya enviudado y que su madre no sepa nada de eso? ¿Qué puede haber sido tan horrible en el pasado como para provocar semejante cisma?

Y entonces nos ponemos a reflexionar. Mientras vemos el frío encuentro entre madre e hija, pensamos si no será por esa no-relación por lo que Bahar insiste en vivir por y para sus hijos. Porque no quiere que sus hijos vivan, sientan o sufran lo que ella padeció.

¿Serán sus hijos quienes faciliten un acercamiento? ¿Permitirá que su madre la ayude por el bien de los niños? ¿Dejará que Hatice ejerza como abuela aun renegando de ella como madre?

La Bahar hermana

Si Bahar nos conquista desde la primera secuencia, hay otro personaje que nos intriga desde el principio. Se trata de Şirin (Seray Kaya).

Nos intriga porque la conocemos mientras dibuja compulsivamente retratos de Sarp, el marido de Bahar. Cuando nos estamos preguntando de qué lo conoce, descubrimos que ella fue testigo de su muerte. Ella estaba allí cuando cayó del barco. Pero, ¿es ese un motivo suficiente para dibujarlo una y otra vez? ¿Habrá sufrido algún trauma al verlo morir o algo parecido?

Nuestras dudas aumentan cuando vemos que mantiene sus dibujos en secreto y cuando descubrimos el porqué, nuestros interrogantes no hacen más que multiplicarse. Şirin es la hermanastra de Bahar, pero ¿justifica eso su obsesión con su cuñado?

¿Es una mera casualidad que Şirin fuera testigo de la muerte de Sarp? ¿Era un desconocido para ella en ese momento? ¿Sabía que era su cuñado? ¿Se conocían de antes? ¿Descubrirá Bahar que Şirin fue testigo del peor momento de su vida?

Conocemos a Bahar en un momento clave de su vida. Cuando parece que todos los problemas se han aliado para acosarla a la vez. Por un lado, una endeble cuenta corriente. Por otro lado, la adaptación a un nuevo vecindario en el que lo más recomendable es caminar lo más rápido posible mirando hacia todos los lados y, desde luego, no olvidar cerrar la puerta con llave. Y, además, esa familia de la que no ha sabido nada en 20 años vuelve a hacer acto de presencia.

¿Será capaz Bahar de enfrentar toda esa situación? ¿Conseguirá la estabilidad necesaria para sacar adelante a sus hijos? ¿Se dará la oportunidad de volver a enamorarse? ¿Perdonará ese pasado que la aleja de su madre? ¿Llegará a tener algún tipo de relación con su hermanastra?

En definitiva, Bahar es una más de ese gran número de mujeres que cada mañana se levanta sin haber dormido apenas por estar haciendo cuentas, que sabe que le espera un largo día de carreras y preocupaciones, que esconde las lágrimas para que sus hijos sonrían, que mantiene la esperanza de encontrar ayuda…

Pero en este caso particular, además, Bahar ignora que aquel instante fatídico donde empezaron la gran mayoría de sus problemas actuales está a punto de regresar a su vida y los espectadores estaremos muy atentos para comprobar si ese encuentro pasado-presente mejorará o empeorará su futuro.

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