La identidad de Abigail

En el centro de todos los secretos se encuentra Abigail (Zuria Vega). A ojos del mundo, y de los suyos propios, es hija de Macaria y de Pablo Ramos, es decir, es la hija de una criada y un peón de la hacienda. Por lo tanto, según las pautas sociales que rigen en la zona, Abigail está condenada a ser una criada y a casarse con un peón para seguir repitiendo una y otra vez la historia.

Sin embargo, la identidad de Abigail es otra muy distinta. Sí es cierto que es hija de un peón, pero su madre no es una criada con una pésima reputación. Abigail es la hija de la señora de la casa. Por lo tanto, es la legítima heredera de la hacienda, del respetable apellido y de la buena posición social de Renata (Rebecca Jones).

Por ahora son muy pocos los que conocen esa realidad, pero ¿cuánto tiempo más se sostendrá esa mentira? El cariño de Renata puede verse justificado en su condición de madrina, aunque su espléndido regalo de La Enramada pudo dar bastante que hablar, pero por ahora el secreto parece a salvo.

Pero, ¿cómo reaccionará Abigail cuando conozca su origen? ¿Perdonará a Renata haber renunciado a ella? ¿Entenderá sus razones y las circunstancias que la obligaron a tomar esa decisión?

La identidad de Mateo

Y si la identidad de Abigail es un secreto que muy pocos conocen, la de Mateo (Mark Tacher) está aún más resguardada. Mateo se ha criado como sobrino de Fausto López Guerra, pero la realidad es otra. Mateo es hijo de un hombre que lo ha apoyado, pero que nunca jamás lo reconocerá como heredero.

Helena (María Sorté) ha ocultado a conciencia el origen de su hijo. No ha vacilado ni por un momento en mantener la versión de que Gerardo fue el padre de Mateo, pero ¿seguirá guardando silencio en el futuro? ¿Qué podría provocar que hablase?

Y, por otro lado, ¿cuál será la reacción de Mateo al descubrir su verdadera identidad? ¿Cómo encajará conocer la traición de su madre al que creía que era su padre?

Los sentimientos de Abigail y Mateo

Las respectivas identidades de Abigail y Mateo son secretos a los que ellos mismo son ajenos, pero estos dos personajes guardan otro importante secreto en su interior.

Para ser exactos, Abigail ya ha confesado su secreto. Está enamorada de Mateo y sabe que no tiene esperanzadas porque ella solo es la hija de la criada y él el sobrino del patrón, además de que él tiene novia.

Por otra parte, Abigail está haciendo hasta lo imposible para evitar que Mateo sepa lo que siente por él, incluso cometiendo errores como besar a Diego. Error porque evita un posible acercamiento con Mateo como ella desea y error porque crea falsas esperanzas en un Diego que suspira desde hace años por ella.

En cuanto a Mateo, no se cansa de decir que Abigail es como una hermana para él, que lo que siente por ella es cariño fraternal, pero sus gestos y sus reacciones dicen otra cosa. Si solo fuera una amiga, no la habría besado más de una vez. Si solo sintiese cariño fraternal, no se habría sentido molesto, es decir, celoso, al ver a Abigail besando a Diego.

¿Cuánto tiempo más tardará Mateo en asumir y reconocer lo que verdaderamente siente por Abigail? ¿Será antes o después de que descubra la traición de Dianaconda? ¿Qué pasará cuando esa relación arranque formalmente? Es casi seguro que Renata apoyará a la pareja, pero ¿y Fausto? ¿Permitirá que sangre de su sangre se relacione con una "bastarda"? ¿Y Macaria? Ha criado a Abigail como su hija, pero ¿soportará que la hija de Renata alcance la felicidad con la que ella lleva soñando toda la vida?

Fausto, el hombre sin conciencia

Sin duda, uno de los personajes que más secretos guarda en esta historia es Fausto López Guerra (Sergio Goyri). Nunca un apellido le ha ido mejor a un personaje porque sin duda Fausto es quien más guerra está dando a todos cuantos le rodean. Hagamos balance.

En primer lugar, sedujo a la mujer de su hermano, la dejó embarazada y después ordenó matar a Gerardo para quedarse con la herencia, una herencia que, por cierto, no supo gestionar demasiado bien, dado que, si recordamos, cuando se planteó casarse con Renata, su hacienda era un desastre.

En segundo lugar, se casó con Renata por dinero, es decir, por la próspera hacienda de sus padres. Eso sí, su matrimonio no era solo por conveniencia, también por orgullo. Fausto no puede soportar que Renata prefiriese a un peón antes que a él. Y, de hecho, intentó poner fin a esa situación al hacer "desaparecer" a Pablo.

A partir de ahí, ya no ha habido marcha atrás y las fechorías de Fausto son sucesivas, continuas y constantes. Podría decirse que Fausto ha llegado a un punto en el que ya no tiene límites o tal vez nunca los tuvo. Fausto es uno de esos individuos que piensa primero en él, segundo en él, tercero en él y por último en él.

La duda está en saber si habrá alguien que le diga "hasta aquí". Renata pudo mantenerlo alejado durante un tiempo pero la aparición en escena del doctor Duarte ha despertado nuevamente el orgullo de macho alfa de Fausto y vuelve a insistir en “marcar territorio” con su particular y repulsivo estilo.

¿Será el doctor Duarte quien se ponga frente a Fausto para defender una posible relación con Renata? ¿Será Mateo quien plante cara a su tío-padre para defender a las personas a las que quiere? ¿Será Macaria quien se vengue por los años de espera en vano? ¿Será Lucio quien confiese todos sus pecados y los de su padrón para calmar su conciencia y poder dormir?

Macaria, la dueña de los secretos

Si bien en 'Que te perdone Dios… yo no' sobran los secretos, hay quien los conoce prácticamente todos y esa es Macaria (Sabine Moussier), un personaje al que odiamos casi desde el principio, pero que también consideramos ya imprescindible.

Macaria lo sabe casi todo. Sabe del romance de Renata y Pablo. Sabe de la identidad de Abigail. Sabe de los sentimientos de Helena hacia Fausto. Sabe que Lucio mató a Gerardo por orden de Fausto. Sabe que Fausto tiene un romance con Diana.

Y, lo más importante, Macaria es lo suficientemente inteligente como para saber manejar a la perfección toda esa información. Sabe que mientras conozca todos esos secretos tiene una posición de poder.

El problema es que Macaria tiene un punto débil: Fausto. Si Fausto dice ven, ella va y olvida todos los años de espera, faltas de respeto y humillaciones.

Pero precisamente ese vínculo con Fausto es lo que convierte a Macaria en un personaje clave. Si Fausto se pliega a los deseos de Macaria, la caja de los secretos seguirá cerrada a cal y canto. Pero si Fausto sigue menospreciando a Macaria, si sigue buscando un hijo con Renata, si sigue viéndose con Diana, Macaria puede decidirse a abrir esa caja y una vez abierta, ya nadie podría cerrarla.

¿Se abrirá esa caja? ¿Cuándo? ¿Cuál será el detonante que disparará los acontecimientos? ¿Cuál será el primer secreto en salir a la luz? 'Que te perdone Dios… yo no' si te pierdes la revelación de esos secretos.