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UN ÉXITO EN ANTENA 3

'Mujer': 5 claves de la sorpresa televisiva de la temporada

'Mujer' ('Kadin') llegó a España avalada por su éxito en Turquía y por los excelentes resultados obtenidos en un buen número de países. Ahora, meses después de su estreno, puede decirse ya claramente que nuestro país no ha sido una excepción a ese fenómeno global. Capítulo a capítulo la historia de Bahar ha ido conquistando a la audiencia, convirtiendo a 'Mujer' en la sorpresa televisiva de la temporada y líder en Antena 3.

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El realismo de Bahar

Pieza clave del éxito de ‘Mujer’ es, sin duda, Özge Özpirinçci y la extraordinaria interpretación que hace de Bahar, esa mujer a la que conocemos cuando su vida va cuesta abajo y sin frenos. Seguramente Bahar ya lleva un tiempo al borde del precipicio, pero llega a nuestras vidas justo cuando empieza a caer al vacío: un desahucio, unas cuentas que no dan, una grave enfermedad, el descubrimiento de una posible infidelidad de su marido….

Han sido muy pocas las veces que hemos visto sonreír a Bahar. Han sido muy pocas las veces que hemos visto a Bahar tranquila y relajada. Han sido muy pocas las veces que hemos visto a Bahar feliz.

Pero han sido innumerables las veces que se nos ha escapado alguna lágrima al ver cómo la vida la golpea una y otra vez sin darle una pausa o un descanso. Y, desde luego, han sido incontables las veces en las que nos hemos levantado del sofá a aplaudirla cada vez que se ha sobrepuesto a las circunstancias, ha respirado hondo y ha enfrentado cada uno de sus inagotables problemas.

Porque ese es el gran atractivo de Bahar. Es una mujer que no se rinde, que no se queda sentada llorando su mala suerte, que no busca un marido que le solucione la vida. Bahar siempre se levanta por muy adversas que sean las circunstancias, por mucho dolor que sienta, por muy vacía que tenga la cartera o por más zancadillas que le ponga su hermana.

Y la audiencia quiere a Bahar porque Bahar no es de cartón piedra. Bahar es de carne y hueso. Porque Bahar sufre para cuadrar las cuentas como miles de mujeres. Porque Bahar hace todo lo posible y hasta lo imposible por darles lo mejor a sus hijos como miles de mujeres. Porque Bahar defiende su dignidad y capacidad de salir adelante sola como miles de mujeres. Porque Bahar tiene los problemas que cada día enfrentan miles de mujeres. Porque Bahar es como miles de mujeres, cuyo techo de cristal está en poder llenar la nevera y cuyo empoderamiento consiste en llegar a fin de mes.

Es cierto que Bahar tiene un imán especial para atraer los problemas, pero, ahora que la conocemos un poco mejor, sabemos que también tiene una fuerza especial que la hace pelear con uñas y dientes, que busca siempre una solución y que se merece ver ya algún rayo de luz entre tantas tinieblas.

La fuerta vital de Bahar

Y como miles de mujeres Bahar encuentra la fuerza en esos dos niños que son los únicos capaces de arrancarle alguna sonrisa y de regalarle algún momento de paz. Porque Doruk y Nisan son la gasolina que alimenta el motor de Bahar para arrancar cada mañana e ir avanzando marcha a marcha por esa autopista llena de baches.

Bahar ha demostrado muchas veces que es una mujer fuerte. En más de una ocasión, de hecho, nos ha sorprendido la fortaleza que esconde su frágil cuerpo. ¿Cómo es posible que soporte estoicamente de pie tantas horas pegada a la plancha con la debilidad que le provoca su enfermedad? La respuesta es evidente: por sus hijos.

Nisan es esa niña a la que admiramos y compadecemos a la vez. La admiramos por su tremenda madurez, por su capacidad de ver con ojos de adulta detalles que escaparían a muchos mayores, por su solidaridad al apoyar a Bahar con pequeños grandes gestos. Y la compadecemos porque tenga que hacer todo eso cuando solo tendría que preocuparse por estudiar y jugar. Nisan es la hija de Bahar, pero a veces la cuida y la protege como si los roles fueran los contrarios.

En cuanto a Doruk quizá la mejor descripción sea decir que es imposible pensar en él y no sonreír. Doruk representa todo lo mejor de la inocencia infantil con su tierna sonrisa, con su mirada curiosa, con su osito de peluche, con su amor incondicional hacia Ceyda, con ese carácter que le hace rechazar el pollo de la abuela, con esa insistencia de querer tener también animalitos en el pelo, con esa sinceridad que le hace decir sin titubear lo que todos pensamos y no decimos.

Si por separado, Nisan y Doruk nos enternecen, juntos son la combinación perfecta. Y cuando Bahar entra en la ecuación tenemos una unidad indivisible e indisoluble. Nisan y Doruk, como todos los niños, necesitan a su madre, pero Bahar también necesita a esos niños para tener un motivo por el que levantarse cada mañana y enfrentarse a ese mundo que insiste en presentarle casi siempre su cara más adversa.

La red de seguridad de Bahar

Aunque Bahar es muy fuerte, también tiene momentos de flaqueza, de debilidad, de agotamiento, de desesperación. Y es ahí donde entra en juego esa red de seguridad que ha ido tejiendo capítulo a capítulo y que siempre está disponible, preparada y dispuesta para amortiguar la caída y evitar que Bahar se estrelle contra el suelo.

El primer soporte de esa red es ese Enver que no ha dudado en dar la espalda a su propia hija para cuidar y atender a esa hijastra que tanta ayuda necesita. Enver no solo es el abuelo consentidor y suministrador de helado, sino que también es esa columna en la que Bahar se apoya cuando se tambalea.

Si Enver desde el primer minuto fue un oasis en el entorno familiar de Bahar, Ceyda ha pasado de tempestad a refrescante brisa. Sus primeros encuentros fueron más bien encontronazos, pero, a día de hoy, se ha revelado como la mejor de las amigas. No solo ejerce de niñera cuando es necesario, sino que tampoco se lamenta de acabar en la cárcel por defender a su amiga.

Ceyda y Bahar tienen en común no solo el rellano, sino también un buen número de problemas. Bahar no sabe cómo sacará adelante a sus hijos y Ceyda no puede ver al suyo. Bahar no llega a fin de mes y Ceyda solo acumula deudas. Pero han descubierto que juntas son más fuertes, que juntas son capaces de encarar mejor los problemas. Porque Ceyda necesitaba una amiga como Bahar y Bahar necesitaba a una amiga como Ceyda.

El pasado, el presente y ¿el futuro?

Pero, sin duda, en esa red de seguridad un soporte fundamental es Arif. Al principio fue un personaje que recibimos con recelo. Era demasiado huraño, muy parco en palabras, a veces desagradable e incluso maleducado en algunos momentos. Sin embargo, hemos ido descubriendo que esa fachada de acero era una coraza con la que se protegía un buen hombre.

A día de hoy es parte fundamental en la vida de Bahar y de sus hijos. Y todos sabemos que, si de él dependiera, ocuparía un papel aún más destacado, pero Arif es consciente de que aún hay muchos muros entre Bahar y él.

El primero es su timidez o, quizá, su miedo al rechazo. ¿O será al qué dirán por ser Bahar una mujer “viuda” con dos hijos? Aunque probablemente el mayor muro sea el vivo recuerdo de Sarp en la mente y el corazón de Bahar. Arif sabe que para entrar en la vida de Bahar como él querría va a tener que aprender a convivir con el “recuerdo” de Sarp.

Es curioso que cuando Arif y Bahar empiezan a acercarse sea justo cuando descubrimos que Sarp sigue vivo. Y aun es más interesante darse cuenta de que cuanto más conocemos a Arif es justo cuando más dudas nos despierta Sarp.

Llama la atención que mientras nuestra unión con Bahar siempre ha sido inquebrantable, nuestra precepción de Arif y Sarp ha estado llena de altibajos. A Arif empezamos con la desconfianza y ahora roza la adoración. Con Sarp arrancamos admirándolo, después llegamos a odiarlo y ahora mismo es el mayor misterio de toda la historia.

Es cierto que ya hemos superado nuestra etapa de odio hacia este personaje cuando pensamos que había engañado a Bahar con Sirin, pero ahora todo son interrogantes. ¿Cómo ha pasado Sarp a ser Alp? ¿Qué secreto esconde su nueva vida?

Pero, sobre todo, la gran pregunta es ¿qué pasará cuando Bahar sepa que Sar está vivo y cuando Sarp sepa que Bahar y los niños están vivos? ¿Volverá

cada pieza a su lugar y se recolocará el puzle de familia feliz que un día fueron? ¿Se apartará Arif o ha llegado a la vida de Bahar para quedarse en ella?

La oveja negra de la familia

A la par que Bahar ha ido creando una familia a su alrededor, se ha ido alejando cada vez más de su hermana. Es verdad que nunca han tenido una relación fraternal, pero ahora entre ellas hay una distancia de años luz. Y obviamente la gran responsable es Sirin, que día a día suma puntos como el personaje más odioso y odiado de toda la serie.

Si bien no podemos olvidar que está enferma, tampoco podemos pasar por alto que no tiene demasiado interés en tratarse y dejar de comportarse como una arpía. Porque Sirin, además de una persona enferma, es una mala persona. Y eso no hay psicólogo o psiquiatra que lo cure.

Y es esa maldad la que provoca que los espectadores nos alegremos cada vez que sus artimañas le salen mal. Nos alegramos cuando Hikmet le desmontó el teatrillo de la agresión, cuando Jale descubrió el montaje del falso psicólogo y cuando Hatice la ignora. Y desde luego aplaudimos a rabiar la visita que le hicieron Ceyda y Yeliz.

Eso sí, justo es reconocer que cuanto más odiamos a Sirin más admiramos a Seray Kaya. Cada rizo, cada gesto, cada mirada, cada sonrisa de esta gran actriz refuerza la negatividad de un personaje cegado por la envidia y el rencor. ¿Llegará el día en que veamos con otros ojos a Sirin?

Ahora mismo podría decirse que estamos en un momento clave. Bahar ha logrado cierta estabilidad. Aunque su salud sigue en la lista de tareas pendientes, conserva su empleo, ha creado una familia de amigos y se acerca tímidamente a Arif. Sin embargo, el encuentro entre Sirin y Sarp puede desestabilizar todo lo estabilizado. ¿Será la reaparición de Sarp la solución a todos los problemas de Bahar o se convertirá en el mayor de sus problemas?

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