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5 razones por las que nunca olvidaremos a 'La señora Fazilet y sus hijas'

Son muchos los que creen que en determinadas ficciones, si ves el principio puedes aventurar claramente el capítulo final. Si bien esta hipótesis se confirma en ocasiones, hay casos en los que te llevas sorpresas muy sorprendentes. Es lo que ha sucedido con 'La señora Fazilet y sus hijas'. Ninguna de esas tres mujeres es igual que en el capítulo inicial y tanto la imagen como el desarrollo que nos habíamos imaginado entonces no tiene nada que ver con lo que ha sucedido al final.

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Fazilet, tan amada como odiada

Fazilet (Nazan Kesal) ha sido la piedra angular de esta historia. Esta mujer fuerte, temperamental, ambiciosa, orgullosa y decidida ha movido todos y cada uno de los hilos, todas y cada una de las piezas, todos y cada uno de los personajes de esta historia a su antojo.

Por un lado, ha guiado los movimientos de sus hijas y hasta las ha manipulado, más o menos descaradamente, para que actuasen según ella consideraba que debían actuar.

Buscó por todos los medios convertir a Ece en el rostro más bello de Turquía y, cuando ese camino se truncó, puso toda su experiencia vital al servicio de que el matrimonio de su hija pequeña funcionase. ¿Por qué? Porque era no solo una garantía de futuro para Ece, sino también una forma de asegurarse una cómoda instancia en la confortable mansión Egemen para ella.

En cuanto a Hazan, siempre le reprocharemos que tardase tanto tiempo en prestarle atención. Durante demasiados capítulos Hazan fue una secundaria en las decisiones de Fazilet, demasiado concentrada en sacar máximo provecho y rentabilidad a la belleza de la pequeña de la familia. Es más, Fazilet giró su cara hacia Hazan cuando apareció en escena Sinan Egemen. ¿Por qué? Porque era un punto de acceso directo a la mansión de sus sueños.

Es más, cuando Hazan vivió un auténtico torbellino emocional, Fazilet siempre empujó a su hija hacia los brazos de Sinan alejándola todo lo posible de Yağiz. Fazilet consideraba que para su hija era mucho mejor un legítimo heredero de la fortuna Egemen que el hijo de una desquiciada.

Sin embargo, justo es reconocer que hubo un momento en el que Fazilet despertó de su sueño. Tal vez fueron las lágrimas de sus hijas. Tal vez fue recordar su traumático pasado. Sea como fuere, Fazilet terminó por asumir que eran sus hijas quienes tenían que tomar sus propias decisiones y apostar por aquello que las hacía felices.

Fazilet es uno de esos grandes personajes que en un mismo capítulo puede arrancarte desde una carcajada hasta un bufido de rechazo. Es una mujer que con sus tacones y su bolso quiere ponerse el mundo por montera, pero que se derrumba cuando siente en su pecho que sus hijas están en peligro. Una mujer que no se muerde la lengua a la hora de reprochar los errores de los demás, pero que también asume que sus palabras y sus actos han causado mucho dolor.

En definitiva, Fazilet ha conseguido que la adoremos cuando sacaba las uñas para defender a sus hijas; que la odiemos cuando tomaba decisiones que no le correspondían; e incluso que la compadezcamos cuando descubrimos un pasado que nos aclaró muchas de sus decisiones, de sus comportamientos y de sus acciones.

#YagHaz, la historia de un amor

Y si Fazilet ha sido el eje argumental de la historia, Hazan (Deniz Baysal) ha sido la protagonista del triángulo sentimental más intenso del que hemos sido testigos.

Todo empezó con una Hazan que renegaba de todo aquello que se presupone propio del género femenino (maquillaje, ropa…), salvo del sueño del príncipe azul.

Hazan creyó haber encontrado a ese príncipe azul en Sinan, al que llevaba mucho tiempo “observando” desde lejos cuando él se dio cuenta de su existencia. Si bien Sinan parecía seguir a rajatabla el manual del buen galán, es decir, mujeriego empedernido que se reforma cuando conoce a la mujer de su vida, los acontecimientos fueron en sentido contrario al tópico.

Sinan rompió demasiado pronto la magia o, tal vez, para ser justos habría que reconocer que tenía a la competencia en casa y, encima, esa competencia le fue ganando por goleada a base de pequeños detalles que él no fue capaz de ver. Pero, es más, Hazan tardó mucho en ver y Yağiz (la competencia) tardó demasiado en reconocer.

Porque mientras Sinan iba cometiendo error tras error, Yağiz (Çağlar Ertuğrul) iba acertando en cada uno de sus pasos y, encima, sin afán de acertar. Simplemente hacía aquello que su conciencia, su educación, sus valores, su caballerosidad y su corazón le decían que hiciera.

Y así, mientras Hazan se caía y Yağiz la recogía; mientras Hazan lloraba y Yağiz secaba sus lágrimas; mientras Hazan era enterrada viva y Yağiz la desenterraba con sus propias manos; mientras todo eso pasaba, Hazan y Yağiz se fueron quitando mutuamente esas corazas con las que la vida los había recubierto.

Porque esa es la auténtica magia que nos han transmitido. Esta pareja se ha “robado” apenas un par de besos, pero sus miradas desbordaban pasión. Solos o rodeados de gente, ellos se comunicaban a su manera. Ya fuera en un ascensor, en un picnic o en el comedor de la mansión, Hazan y Yağiz se lo decían todo sin decirse nada.

Y cuando hablaban era como si se desnudaran mutuamente el uno al otro. Yağiz consiguió que Hazan se convenciera de que era ese cisne que había estado escondido y Hazan consiguió que Yağiz derritiera la capa de hielo con la que había recubierto su corazón.

Es más, cuando ambos descubrieron que sus vidas habían tenido su origen en una mentira, cuando descubrieron que sus ídolos tenían los pies de barro, cuando se quedaron sin certezas, fue justo cuando encontraron el lugar en el que encajaban a la perfección. El uno junto al otro. Juntos.

Sinan, de error en error

Hazan y Yağiz tardaron mucho tiempo en reconocer sus sentimientos y aún más en darles una oportunidad y eso se debió al tercer ángulo de ese triángulo: Sinan (Alp Navruz).

Propició esta pareja porque fue quien los reunió en aquella habitación de hotel aquella desagradable noche. Pero aquello pudo quedarse en un desafortunado incidente de no ser por su empeño en tener una relación con Hazan. Y visto desde la distancia, ¿por qué Sinan quiso estar con Hazan? ¿Fue por amor o fue una nueva forma de rebeldía hacia su familia?

Es posible que Sinan sintiese algo por Hazan, pero sus hechos decían que lo suyo no era amor. Sinan nunca estaba cuando hacía falta y en más de una ocasión cuando estaba era para crear más problemas que soluciones.

Incluso cuando Sinan quería hacer algo bueno, siempre terminaba complicando la situación. Tuvo un acto de generosidad al hacerse pasar por el hijo de Kerimé, pero aquel gesto de amor fraternal desapareció por completo cuando se sintió traicionado por su hermano. Yağiz siempre había estado para él, siempre había acudido a su llamada, siempre solucionó todos sus problemas (hasta la vida le salvó, literalmente), pero Sinan no pudo soportar el único error que cometió su hermano: permitirse ser hombre antes que hermano.

Sinan no fue justo ni generoso ni con Hazan ni con Yağiz. No tuvo la capacidad de devolver todo aquello que su novia y su hermano estuvieron dispuestos a hacer por él porque ellos siempre estuvieron dispuestos a hacer el gran sacrificio de renunciar el uno al otro con tal de no lastimar a Sinan, pero él no supo renunciar a su ego de macho herido.

Recordemos que Yağiz se hizo a un lado y hasta propició una reconciliación mientras que Hazan se subió a un avión después de la más especial de las citas para alejarse y no provocar un cisma fraternal. Pero Sinan no comprendió que Hazan no era un objeto de su propiedad y que Yağiz no era un robot capaz de anular todas sus emociones.

Sinan optó por destruir en vez de construir. Clamó venganza y no paró hasta conseguirla, pero fue breve y agridulce. Perdió a su familia, la estabilidad económica que lo hacía sentirse invencible y hasta se perdió a sí mismo. Y además no consiguió lo que más ansiaba. Humilló públicamente a su hermano, pero Yağiz ya estaba acostumbrado a ser el saco de boxeo de la familia y se levantó rápido de la lona para seguir adelante con su vida junto a la mujer que quería. Además, Sinan no consiguió torcer el carácter y la voluntad de ese hermano, que, a pesar a todo, regresó para tenderle la mano dando una última gran clase de generosidad.

El cuadrado de Ece

Si Hazan tuvo que lidiar entre los hermanos Egemen, su hermana pequeña también tuvo su particular montaña rusa sentimental. Conocimos a una joven e inmadura Ece (Afra Saraçoğlu) que se debatía en sus sueños de riqueza y su romance con Yasin.

Ece apostó por su relación, pero las circunstancias acabaron por acercarla a quien menos imaginaba: al patriarca Egemen, que puso un anillo en su dedo y un apellido a disposición de su hijo. Tal vez Hazin cometiese más de un error, pero hay que reconocer que cumplió su palabra y no dejó sola a su joven esposa. Igual que Ece no soltó nunca su mano.

Ece dejó atrás a aquella adolescente que vivía más de sueños que de realidades para convertirse en una mujer que toma sus propias decisiones. Desde las más complejas hasta algo tan simple como decidir con quién va a comer.

Yasemin, una superviviente

Y no podemos pasar por alto el papel de Yasemin. La hemos odiado prácticamente de principio a fin por su incansable ambición, sus maquiavélicos planes y por tener muy claro que la información es poder. Porque Yasemin ha tenido un don para estar siempre donde debía para conocer los secretos de todos cuantos le rodeaban y obtener la máxima rentabilidad de todos ellos.

Eso sí, Yasemin también ha tenido sus luces. Su relación con su hija nos hizo ver que su comportamiento tenía una explicación. Había peleado demasiado por sobrevivir a Cemile como para permitir que Yasemin cayese al mismo pozo. Y así, día a día, problema a problema, Yasemin siempre iba esquivando todos los obstáculos para convertirse en la gran superviviente de esta historia.

En definitiva, una de las grandes razones por las que no olvidaremos 'La señora Fazilet y sus hijas' es porque todos y cada uno de sus personajes han tomado buenas y malas decisiones, todos han acertado y se han equivocado, todos empezaron de una manera y terminaron de otra, todos han sufrido y han hecho sufrir. Y la audiencia siempre los recordaremos por habernos emocionado, intrigado y sorprendido de principio a fin.

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