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SUEÑO Y SALUD

¿Cambias de colchón? Todo esto es lo que tienes que tener en cuenta

Antes de cambiar de colchón es importante tener en cuenta una serie de aspectos que nos harán decantarnos por una u otra opción.

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Es fundamental, además, antes de tirar nuestro viejo colchón, tener bien claro que su vida útil ha llegado a su fin y que debemos renovarlo para mantener una buena salud y garantizar un correcto descanso. Se calcula que la vida útil de un colchón es de unos diez años, puesto que con el paso del tiempo los materiales van sufriendo un desgaste progresivo que puede repercutir en la salud, pese a que esta cifra depende siempre del uso que se le haya dado y del tipo de colchón. Hay que tener en cuenta que adquirir un colchón de buena calidad siempre es una inversión interesante a largo y medio plazo, puesto que los materiales con los que está elaborado serán siempre más resistentes y duraderos, de manera que a la larga estaremos ahorrando dinero por más que ahora nos toque rascarnos el bolsillo.

En líneas generales, si el colchón es de calidad y se mantiene en buen estado, podemos mantenerlo más de diez años, pero si nos levantamos cansadas, con dolor de huesos (siempre que esas molestias no se deban a otra afección) o si el colchón está visiblemente hundido o deforme son señales de que debemos renovarlo de inmediato. Una vez llega la hora de salir a buscar un nuevo colchón es muy importante tener en cuenta una serie de aspectos que nos harán decantarnos por uno u otro.

¿Qué material escoger?

Muelle, látex, espuma y viscoelástica. Son los cuatro materiales más habituales en materia de colchones y, si bien muchos consumidores llegan a la tienda preguntando cuál es el mejor, lo cierto es que esta cuestión no acaba de tener una respuesta clara. La elección del colchón debe responder a nuestros hábitos de sueño, nuestros gustos e incluso nuestra condición física, que nos harán preferir uno u otro sin que esto signifique que nuestra opción sea la mejor. Del mismo modo, tampoco será necesario invertir lo mismo en un colchón de uso esporádico que en otro que se emplea a diario.

Los colchones de muelles son más frescos, pues existen unos huecos entre los muelles que favorecen la ventilación, además de que son ideales para camas de matrimonio, pues se despliegan de forma independiente, de manera que los movimientos de un lado no afectan al otro lado de la cama. Los de látex, muy populares en los últimos años, se adaptan muy bien al cuerpo y son perfectos para todas aquellas personas que a la hora de dormir se sienten como la princesa del guisante que se pasaba la noche en vela en el cuento. Son cómodos, adaptables, nada ruidosos y se ajustan perfectamente al cuerpo. Existen diferentes tipos de látex en el mercado, desde el microperforado al natural, el primero con una firmeza media y el segundo extraordinariamente firme.

Los de espuma son los más controvertidos, puesto que apenas transpiran y a veces les cuesta recuperar la firmeza original una vez utilizados. Suelen resultar más incómodos en camas de matrimonio, pero también son mucho más baratos, de manera que podrían ser una opción aceptable para una habitación de invitados en la que buscamos un colchón de uso ocasional. Por último, la viscoelástica es un material muy adaptable, muy popular también en los últimos tiempos, que se adapta a todos los cuerpos y pesos, ya que es capaz de reducir la presión en determinados puntos independientemente del peso que soporte.

Eligiendo colchón | iStock

En cualquier caso, sea más o menos rígido, es básico que el colchón respete la curvatura natural de nuestro cuerpo, de manera que no debe ser ni muy firme (la espalda no se adaptará y probablemente dormiremos incómodas) ni muy blando (nos hundiremos). Es fundamental, por tanto, dejar atrás la vergüenza, plantarnos en la tienda con ropa cómoda y tiempo por delante y probar convenientemente el colchón hasta estar completamente seguras de que se adapta a nuestro cuerpo y vamos a descansar bien en él. Si aun así los primeros días no acabamos de dormir del todo cómodas, no hay que desesperar: el cuerpo tiene que acostumbrarse a la novedad y este proceso tardará probablemente unos días.

¿En qué postura suelo dormir?

Responder a esta pregunta es básico antes de escoger un colchón, puesto que si dormimos boca arriba, en posición supina, debemos optar por un colchón duro que garantice la firmeza y protección de la espalda, mientras que si lo hacemos de lado debemos escoger uno algo menos rígido que permita hacer hueco para el hombro (o si dormimos boca abajo para los pechos) En función de nuestro peso corporal también nos convendrá más escoger uno u otro colchón, pues las personas con un peso elevado deberán optar por uno duro que no se hunda. Si somos de las que nos movemos mucho, es importante escoger un colchón duro y firme que nos permita movernos sin hundirnos y sin molestar a nuestro compañero de lecho.

¿Qué medidas necesito?

Si además del colchón vas a renovar también el somier, es fundamental pensar muy bien qué medida necesitamos. ¿De verdad necesitamos un colchón de 1,50 metros si dormimos solas (la mayoría de veces) y la habitación es pequeña? Tal vez uno de 1,35 metros sería una buena opción. ¿Se queda corto el colchón? Probablemente deberíamos abandonar las medidas estándar y optar por un colchón más largo. ¿Necesitamos espacio de almacenaje? Un somier con canapé es una opción sensacional para guardar trastos y aprovechar el espacio.

¿Soy alérgica?

Si la respuesta es sí, es fundamental escoger un colchón de látex o espuma con una funda lavable y meterla con frecuencia en la lavadora con un detergente neutro.

¿Qué tejido es mejor para mí?

El tejido transpirable 3D es fresco y agradable, perfecto para ambientes cálidos o personas especialmente calurosas. Si somos de las que sudamos por la noche es el material ideal, puesto que permite la circulación constante de aire y por tanto la transpiración. El tejido strech, con una ligera ondulación, se adapta al descanso, es suave y agradable pero no transpira tan bien.

¿Y la almohada?

De nada servirá invertir en un buen colchón de calidad si descuidamos la almohada. Para ello, es importante pensar cuál es nuestra postura a dormir y, por tanto, cuál es el hueco que la almohada debe “rellenar”. En líneas generales el consejo básico para elegir almohada es optar por una suave si el colchón lo es y por una más firme si tenemos un colchón rígido. Si es de firmeza media y adaptable, hemos de escoger una almohada igual, de altura media. En el caso de que hayamos sufrido una lesión cervical recientemente o tengamos problemas en esta parte del cuerpo es conveniente optar por una almohada cervical que se adapte a la perfección al peso de nuestra cabeza. Es fundamental lavar frecuentemente la funda, incluso más que la del colchón, sobre todo si somos alérgicas a los ácaros.

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