Tener que batallar con complejos de la más diversa índole cuando nos desnudamos ante alguien es un mal que afecta a muchas mujeres, que solemos vivir con un ideal de belleza femenina normativa planeando sobre nuestras cabezas desde niñas, lo que nos dificulta aceptar con naturalidad cosas como el paso del tiempo.

La buena noticia es que se pueden superar los complejos si se trabajan, y que por fortuna los tiempos están cambiando y cada vez existen más hombres y mujeres capaces de trascender este ideal de belleza femenina imposible que tanto nos hace sufrir. La mala es que no va a ser fácil afrontar un complejo y mostrarlo al mundo, un camino complicado –aunque no imposible– que requerirá un trabajo de autoconocimiento y aceptación que nos va a costar lo nuestro, aunque los resultados nos cambiarán la vida.

“Muchas mujeres suelen atribuir las malas erecciones o un mal sexo con una pareja sexual a su falta de atractivo físico, algo que en la mayoría de casos no es cierto”, señala el psicólogo y sexólogo Alberto Álamo, de Sexología y emoción. Este tipo de silogismos se basan, según el experto, “en un desconocimiento profundo sobre el funcionamiento del pene tanto por parte de hombres como de mujeres, cosa que procede de una masculinidad muy mal construida, coitocéntrica”. Así pues, que tenga un gatillazo o la cosa no acabe de arrancar del todo no tiene que ver con que no le resultes atractiva, sino simplemente “con que su sistema nervioso simpático se ha puesto en marcha del mismo modo que si se encontrase frente a un león”. Él también siente ansiedad ante el contacto sexual, y su cerebro lo interpreta ipso facto mandando sangre a las extremidades, no al pene. Así pues, el manido “me pasa porque me gustas mucho” que en ocasiones nos suena a excusa, es probable que sea cierto en la mayoría de los casos.

¿Qué hacer cuando esto ocurre? “Es muy habitual que se den este tipo de situaciones, tanto en parejas estables como ocasionales, y lo mejor que se puede hacer si la mala erección es puntual es no darle excesiva importancia y buscar nuevos estímulos sexuales: besos, caricias, contacto piel con piel… Es fundamental entender que el placer no se encuentra en los órganos sexuales y poner énfasis en ellos lo único que hace es generar ansiedad en ambas partes”, explica Álamo, quien señala, además, que “precisamente cuando se olvida la necesidad de un coito y la relación sexual se centra en otras partes del cuerpo es cuando suele darse sin problemas la erección”. Para el psicólogo, “si la situación se resuelve correctamente probablemente la siguiente vez no debería haber problemas, y si no se resuelve bien puede derivar en una ansiedad anticipatoria por parte de ambos e incluso en una aversión a tener relaciones sexuales”.

Así pues, es fundamental no relacionar una mala erección de nuestra pareja sexual con cualquier defecto físico que nos acompleje, porque probablemente estaremos equivocadas. Cuando existe un complejo que nos atormenta, es fundamental dirigirse a la raíz del problema y tratar de reflexionar sobre por qué nos bloquea. “Los complejos están relacionados con el miedo, y aunque probablemente saber de dónde viene no nos ayudará a resolverlo de un plumazo, sí hará que comprendamos mejor lo que nos ocurre y podamos enfrentarnos a ello”, explica Álamo, quien señala que precisamente “esa aceptación es la parte más difícil del proceso”. Una vez aceptado, se trata de hacer “una exposición gradual a situaciones eróticas mostrando esa parte del cuerpo”, cosa que al principio será complicada y cada vez resultará más llevadera.

Mujer preocupada | iStock

Con tiempo, esfuerzo y trabajo, ese complejo que nos bloquea a la hora de tener relaciones sexuales acabará siendo parte de nosotras, hasta el punto que el posible rechazo que pudiese causar en una pareja sexual (algo que en líneas generales vive más en nuestras cabezas que en la realidad) será aceptado e interiorizado con naturalidad. “En el momento en que empezamos a aceptar aquello que nos acompleja empezaremos a tratarlo igual que las partes del cuerpo que no nos acomplejan e incluso nos gustan. Por ejemplo, si yo creo que tengo unas piernas muy bonitas y una pareja sexual me dice que no le gustan, probablemente no me resulte un problema, ya que es una parte del cuerpo con la que me siento seguro. Una vez aceptemos esa parte que nos acompleja acabará ocurriendo lo mismo”.

Pese a que es recomendable “mirar hacia dentro y darnos cuenta de si ese complejo, sea el que sea, activa nuestro miedo al rechazo, a la soledad… o cualquier otro miedo”, Álamo considera que en muchas ocasiones la solución a este bloqueo se encuentra también fuera de nosotras. “Al tiempo que trabajamos para aceptar nuestro cuerpo y superar los complejos, de manera que estos no nos impidan disfrutar del sexo, es importante mirar hacia fuera y comprobar que los complejos se dan en un contexto social”. Para el psicólogo, entender mejor cómo se ha construido el ideal de belleza femenina a lo largo de los siglos y cómo se construye en la actualidad nos va a ayudar a racionalizar la relación con nuestros cuerpos y probablemente a relajarnos al respecto.

“Los cánones de belleza siguen siendo aún mucho más estrictos con las mujeres, y la visibilización de la diversidad de cuerpos es precisamente una de las vías para lograr superar los complejos. Nos hemos alienado de nuestros cuerpos y solo deconstruyéndonos conseguiremos dejar de ser partícipes de una sociedad heteropatriarcal machista que da lugar a algo que no debería ocurrir en ningún caso: que las mujeres se sientan mal por envejecer”, concluye el psicólogo.