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¿Por qué retorcemos los pies cuando tenemos un orgasmo?

Se ha utilizado tanto en literatura como en el cine. Retorcer los pies es algo que siempre se ha relacionado con llegar al clímax, pero ¿alguien se ha preguntado alguna vez por qué lo hacemos?

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Lo gracioso de esta simbología física del clímax es que curiosamente se ha relacionado durante mucho tiempo con la mujer. Era a nosotras a las que nos decían que con el orgasmo retorcíamos los pies, y que si no lo hacíamos no habíamos llegado o el orgasmo no había sido bueno. Como si un mero acto físico pusiera la nota a la calidad del encuentro. Sin contar con que muchas mujeres siguen persiguiendo este acto y entendiendo que todas lo hacemos al orgasmar.

¿Pero realmente el orgasmo es diferente en hombres que en mujeres? En 1976, los investigadores Vance y Wagner se hicieron una pregunta muy interesante en relación al sexo: ¿hombres y mujeres experimentan las mismas cosas físicas y sensitivas cuando alcanzan el orgasmo? Para intentar darle respuesta a esta pregunta llevaron a cabo el siguiente experimento: les propusieron a un grupo de estudiantes universitarios que describieran sus orgasmos para que un jurado pudiera, a posteriori, adivinar cuales eran de hombres y cuales de mujeres. El grupo de personas que tenían que adivinarlo estaba compuesto por obstetras, ginecólogos, estudiantes de medicina y psicólogos.

Sustituyeron todas las palabras que pudieran hacer más fácil encasillar las descripciones y el resultado fue que ninguno supo distinguir el sexo de la persona a partir de una descripción escrita y descrita de cómo reaccionaba su cuerpo y lo que sentían cuando llegaban al orgasmo. Esto reafirmo, una vez más, que es imposible intentar dar unidad por géneros a lo que nos sucede tanto sensorialmente como físicamente.

No se pueden poner puntos en común ante sensaciones tan subjetivas, ni siquiera en los actos físicos. De hecho, tal vez, este sea un punto clave a la hora de preguntarnos si cuando una mujer nos dice que no sabe si ha llegado a tener un orgasmo, o un buen orgasmo, que esa es otra, es porque tiene en la cabeza cómo ha de ser, lo que ha de sentir o cómo reacciona su cuerpo ante él, y al no cumplir los estereotipos se cuestionan a si mismas si lo han llegado a alcanzar.

Sexo | iStock

De hecho, muchas veces el problema es que no sabemos identificar qué se siente con un orgasmo, o cómo reacciona nuestro propio cuerpo cuando nos invade, porque no le hemos prestado atención; o porque tenemos las expectativas muy altas gracias a el cine, internet o a la falta de educación sexual.

Pero lo que sí sabemos, tras varios estudios y años de investigación, es que el orgasmo surge en una parte cerebral denominada córtex límbico. Este lado del cerebro es el que hace que suframos un mini ataque epiléptico, ya que el orgasmo provoca que la actividad cerebral se acelere, causando contracciones musculares que en ocasiones pueden ser molestas y dolorosas.

Los músculos faciales reaccionan y el ritmo cardíaco se acelera, dilatando incluso nuestras pupilas al máximo. Lo que pasa con nuestros pies es básicamente que las convulsiones orgásmicas les afectan especialmente, haciendo que los dedos se abran o se duerman, provocando calambres o activando el instinto para posar uno encima del otro. Pero esto no depende de si eres hombre o mujer, depende del momento o del encuentro, o de la propia persona, y no siempre se tienen que dar todas o alguna de las cosas que provoca cerebralmente el orgasmo.

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