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FANTASÍAS SEXUALES

¿Qué pasa si me excita que me peguen (o pegar) en la cama?

La violación ficticia forma parte de nuestras fantasías más comunes, ¿quiere esto decir que nos gustaría vivir una situación sexualmente violenta?

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iStock Esposas

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“Me excita ver una violación ficticia” escribe una mujer en un chat donde comparte con otras compañeras sus experiencias. “A mí me excita imaginarme que mi pareja me obliga a tener sexo” comparte otra. “Lo que me pone es tumbarme y que me manipulen con violencia” añade una tercera. A las mujeres, a veces, nos excita la violencia, fantaseamos con sexo no consentido y otras escenas muy poco feministas y esto nos hace sentir mal. Las mujeres que se atreven a hablar de sus fantasías en estos términos se sienten juzgadas y poco comprendidas por otras mujeres. Pero lo peor es que ellas mismas se sienten mal porque su cabeza reproduzca estas imágenes con el propósito de excitarse. La mayoría se preguntan por qué fantasean con algo tan atroz si en su vida se consideran personas equilibradas, sanas y, en algunos casos, feministas y creen que son una excepción, pero no lo son. Estudios recientes revelaron que el 90% de las mujeres admitían haber fantaseado alguna vez con escenas de este tipo.

Que las mujeres seamos violentas, nos atraiga la violencia o, llevándolo al terreno sexual, nos ponga una situación violenta, está mal visto. No es sólo que esté mal visto, sino que es sancionado socialmente y se nos trata de enfermas. Solemos escuchar que algún trauma debemos de tener guardado si una situación así nos hace lubricar o una infancia muy tormentosa debimos de tener como para pensar esas cosas mientras nos estamos dando placer. Pero la realidad es que la mayoría de las mujeres que fantasean con una agresión física no tienen ningún trauma.

“La sexualidad femenina se ha ignorado a lo largo de los años, por tanto nos han inculcado que nuestra sexualidad se basa en la reproducción y no hay lugar para el placer. Así que, es fácil sentirse culpable por el mero hecho de excitarse o sentir placer fuera de lo estrictamente debido” explica Esperanza López, sexóloga y terapeuta de pareja, que está detrás de Beta Sexología, un espacio de atención sexológica y de la primera escuela de BDSM para mujeres en España.

“Nos cuesta mucho separar lo que es una fantasía sexual, una creación de nuestra mente, de lo que deseamos de verdad. Como todo pensamiento, ésta produce emociones y sentimientos que provocan sensaciones físicas. Y es justo de esta manera como tenemos que plantearnos éstas situaciones, es decir, como algo que creamos en nuestra mente y que nos provoca y nos hace sentir” añade.

Sexo | iStock

Las fantasías sexuales son fantasías y nada más

Y es que las fantasías son eso, simples fantasías. Pero cuando éstas se tornan hacia lo oscuro y no normativo nos da miedo descubrir algo de nosotras mismas que no teníamos previsto. “Son tan solo creaciones mentales que nos provocan y nos emocionan y que no significa en ningún caso que queramos que sean reales. Dónde son capaces de hacernos sentir es justo ahí, en nuestra mente no en la vida real” aclara la sexóloga.

Sin embargo, llevamos años intentando dar explicación a este tipo de pensamientos que muchas veces nos atormentan y limitan sexualmente. Y es que muchas mujeres acuden a la consulta asustadas en busca de orientación y de una llave mágica que les haga deshacerse de ese tipo de fantasías. A todas esas mujeres López tranquiliza diciendo que “debemos dejar de presionarnos” y deja claro que “Nadie nos puede decir qué está bien fantasear y qué no. Es nuestra sexualidad y sólo nos pertenece a cada una de nosotras. Hacernos sentir culpables por sentir más allá de lo que se supone que una mujer debe sentir no es más que otra forma de control. Toda mujer es libre para sentir y disfrutar de su sexualidad como mejor le parezca, y si en ese disfrute entra en juego fantasear con sexo violento e incluso con violaciones simplemente que lo disfrute”.

¿Por qué a veces nos pone la violencia sexual?

Por muy libres y liberadas sexuales que nos sintamos, fantasear con escenas violentas no nos termina de encajar. Por ello, buscamos explicaciones y lo primero que pensamos es en la pornografía. ¿Tanto nos ha influido la pornografía mainstream como para asimilar esas prácticas? La sexóloga lo toma con escepticismo, cree que somos consumidoras de porno como cualquier otra persona, pero que no lo tomamos como referente porque enseguida “Sentimos que no está hecho para nosotras”. Afirma que tal vez en alguna ocasión nos hayamos visto imitando alguna escena, producto de la mala y escasa educación sexual que contrarreste su influencia, pero no cree que moldee de tal manera nuestras fantasías.

El BDSM y las mujeres que consienten la violencia

Para muchas personas las prácticas de BDSM son sinónimo de violencia consentida y algunas mujeres no ven con buenos ojos que se practique ya que se entiende que es una agresión hacia sus compañeras enmascarada de práctica igualitaria. Sin embargo, Esperanza López no cree que esto tenga ningún fundamento y hace hincapié en que “Se puede ser practicante de BDSM y feminista”. “De hecho somos muchas las mujeres que así lo sentimos y vivimos. El BDSM se basa en el consenso. Absolutamente todas las prácticas están habladas, delimitadas y consensuadas, por tanto cada mujer es muy libre de decidir qué papel quiere jugar dentro del mundillo. Si alguna práctica no entra dentro de esos términos no estamos hablando de BDSM” aclara. Y puntualiza que “El BDSM es una práctica sexual más, en la que la mujer elige libre y consensuadamente su rol”.

Fantasear es eso mismo, fantasear y si a nuestra cabeza acuden alguna vez pensamientos de índole sexual violenta, no debemos sentirnos culpables ni bichos raros. Simplemente abrir la mente, disfrutar y separar lo que es fantasía de lo que de verdad queremos poner en práctica. Si queremos encontrarle una explicación es tan sencillo como mirar a nuestra sociedad y la educación que seguimos recibiendo y así podríamos preguntarnos, ¿por qué ellos no fantasean con ser violados?

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