Todos hemos soñado con esos amores de verano, de largas charlas, paseos, fiestas en la playa, besos en atardeceres idílicos… Pero cuando llega el final de la época estival, toca decirse adiós, ¿o quizás no? Puede que la película Grease haya hecho mucho daño a nuestro imaginario colectivo, y que idealicemos demasiado ese posible reencuentro en nuestra vida real, pero lo cierto es que muchos amores de verano sí que consiguen convertirse en relaciones duraderas. ¿Hay algún truco para conseguirlo, más allá de cantar canciones pegadizas con tus amigos?

Como expone la coach Raquel Gargallo, lo primero que tenemos que tener claro es si la otra persona también tiene ganas de seguir conociéndonos o si, por el contrario, prefiere dejar la historia en un bonito recuerdo. “Piensa qué quieres decirle, cómo te gustaría decírselo y cuándo”. Así, es importante que adaptes lo que quieres decirle a tu forma de ser. “Hay personas que son más directas, por ejemplo con un ‘me encantaría seguir viéndonos, ¿y a ti?’, y otras que les gusta más hablar en un futuro, por ejemplo ‘sería genial que esto pudiéramos hacerlo en otoño, ¿te gustaría?’, para dejar la puerta un poco abierta”, aconseja Gargallo.

Hay que asumir que es muy posible que la otra persona tenga su vida en su ciudad, y que no quiera cambios en la misma pero, si por el contrario, está en nuestro mismo punto, también habrá que ser realista en cuanto a cómo vamos a plantear esta nueva relación.

“Otros elementos que influyen en este tipo de relaciones es la distancia, muchas veces si esta relación ha surgido en un viaje, o con alguien que no vive cerca o que incluso se va ese año a estudiar fuera… Tenéis que ser sinceros con vosotros mismos si queréis una relación de este tipo, y tener claro qué es importante para ambos para que se respete y sea un punto de partida, para experimentar cómo es llevar una relación así”, insiste la experta.

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Más allá de la distancia, o incluso si da la casualidad de que vivimos en la misma zona, siempre está la cuestión de incorporar a una nueva persona a nuestra rutina y nuestro entorno. A veces, cuando conocemos a alguien en nuestra misma ciudad es porque tenemos círculos, ambientes o intereses comunes, pero en un amor de verano es muy posible que partamos de cero. Por ello, para que la cosa funcione, Raquel Gargallo insiste en “No dar nada por sentado y seguir descubriendo a la persona y dándonos a conocer con la máxima naturalidad”. Así aconseja primero buscar tiempo para estar a solas y seguir conociéndonos, antes de incorporar a esa persona a nuestros círculos. También, buscar actividades que podamos compartir en nuestro entorno, mostrarnos también lo que solíamos hacer antes de conocernos, etc.

Por último, si queremos mantener ese amor de verano, otro punto importante será no idealizarlo. Aunque en verano todo ha sido bonito y fácil, al final, pasará a tener sus complicaciones como cualquier otra relación, y si nos interesa la persona, no habrá que desilusionarse a la primera de cambio. “Los amores de verano son cálidos, pero dejemos de idealizarlos como el amor romántico en las películas”, o si no, estarán abocados al desastre desde el comienzo.

Para ello hay que profundizar si de verdad esa relación tiene sentido en nuestra vida, o si simplemente nos hemos dejado llevar por el momento. Como recuerda Gargallo, “Muchas veces en verano nos dejamos llevar por una belleza, un físico o una atracción física y después no hay un entendimiento en lo básico de nuestras vidas”.

Igualmente, si decidimos que merece la pena hacer el intento, es importante esforzarse en que salga bien, pero también asumir que no todas las historias están hechas para ser duraderas, y no pasa nada. “Hay que ser sincero con uno mismo y con la otra persona, porque puede que esto pueda ser una relación a largo plazo, o que simplemente sea maravillosa durante un tiempo determinado. Si llega un punto en el que deja de ser lo que era, no te ates ni fuerces ni exijas… déjalo ser e ir”, concluye Gargallo.