Pues no, los suplementos de vitaminas, ni dan energía, ni evitan resfriados, ni te harán engordar, mucho menos son necesarios ni recomendables a no ser que un dietista-nutricionista te los recomiende por algún motivo durante algún período.

Las vitaminas y los minerales de estos suplementos tienen funciones importantes en el organismo, pero no por ello son suficientes para la prevención de enfermedades.

Entre los suplementos multivitamínicos más comunes se encuentran los básicos diarios que contienen todas o casi todas las vitaminas y minerales, la mayoría en cantidades que se aproximan a las recomendadas para consumir en un día. En general, estos suplementos de mayor potencia vienen en envases de una o dos píldoras diarias. Los fabricantes promocionan otros suplementos para propósitos especiales, como aumento de rendimiento o de energía, control de peso y potenciar el sistema inmune. Además de vitaminas y minerales, estos productos suelen contener hierbas y otros ingredientes (como equinácea y glucosamina, otros algunas sustancias nootrópicas como el ginseng).

Las cantidades recomendadas de micronutrientes (vitaminas y minerales que deben consumir las personas varían según la edad y el sexo y se conocen como cantidades diarias recomendadas (CDR) e ingestas adecuadas (IA).

Compra de multivitamínicos | iStock

Para las etiquetas de los suplementos y alimentos dietéticos, se selecciona un valor para cada nutriente, conocido como valor diario (VD). El VD suele ser similar al CDR o IA de cada persona para ese nutriente, aunque no en todos los casos. La etiqueta indica el %VD, lo que le permite verificar en qué cantidad (en qué porcentaje) una porción del producto contribuye a alcanzar el VD (National Institutes of Health). Pero como hemos mencionado, esas cantidades diarias recomendadas varían según el sexo, la edad y la circunstancia de cada persona, por tanto el contenido de estos suplementos es generalizado.

Las estadísticas nos dicen que es en Estados Unidos donde más uso (y abuso) se hace de este tipo de suplementos, pero, como todo, tendemos a copiar esta “costumbre” americana.

¿Me proporcionan salud?

A día de hoy, sabemos con bastante certeza que una alimentación rica en minerales y vitaminas que provengan de la alimentación, es decir, una dieta con elevado consumo de vegetales y frutas frescas, semillas y fuentes de proteína de calidad, nos aporta salud y ayuda a reducir el riesgo de la mayoría de enfermedades. Pero resulta que, en los vegetales y frutas, existen infinidad de compuestos fitoquímicos, además del aporte de fibra dietética de calidad, que están detrás del buen mantenimiento de salud, no parece ser igual el aporte de vitaminas y minerales de forma aislada. Aunque estos suplementos tengan su función, si al consumirlos descuidamos la dieta por el mero hecho de creernos que es “suficiente” con ese suplemento, el perjuicio de tomarlo podría ser mayor que el beneficio.

¿Aportan energía?

Las vitaminas y los minerales no aportan energía, no tienen calorías. Sí nos ayudan a paliar una deficiencia, sí podríamos experimentar cierto beneficio, pero de nuevo, la clave está en cuidar los alimentos que consumimos y resto de acciones saludables en nuestro día a día. Como por ejemplo, el descanso.

¿Previenen resfriados en invierno?

Existe la creencia popular de que los suplementos vitaminas, incluso de vitaminas concretas con la vitamina C, previenen los catarros. Esto no es exactamente así. En invierno, la menos exposición al aire libre y el airear menos los espacios cerrados como en el trabajo o el hogar, favorecen la proliferación de virus, lo que puede ocasionar que nos contagiemos más fácilmente con algunos de ellos. Una correcta alimentación y práctica de ejercicio que refuercen nuestro sistema inmune, nos ayudarán a combatirlas, no un suplemento de vitaminas.

Por cierto, pasar frío puede reforzar también tu sistema inmune, más que enfermarte, pero de eso ya hablamos otro día.