En estos momentos la impresora busca financiación, pues sus responsables están convencidos de que, como ocurrió en su día con el microondas, va a ser una revolución en el ámbito de la cocina, pese a que de momento haya quien se cachondee de lo que considera una excentricidad.

Foodini cuenta con unas cápsulas que llevan comida (siempre triturada) en lugar de tinta, de manera que sólo necesitamos colocar los ingredientes, ponerla a funcionar, y el propio aparato, gracias a su escáner para asegurar que lo que salga de su interior tenga la forma adecuada, nos va a sacar nuestra hamburguesa, nuestra pizza, el pan o lo que sea necesario.

En principio, Foodini iba a destinarse únicamente al ámbito de la repostería, pues los responsables de Natural Machines (una start up con sede en Barcelona) tenían claras las ventajas de poder transportar los ingredientes en lugar del plato acabado, pues ahorraba costes, transporte y, por supuesto, evitaba la inclusión de conservantes. Finalmente decidieron liarse la manta a la cabeza y apostar por una impresora 3D que pudiese preparar de todo, y que incluso pudiese programarse para que pudieses encontrarse al llegar a casa la pizza recién imprimida, por ejemplo.

Foodini se perfila, pues, como la gran alternativa al 'fast food', pues ofrece la misma rapidez pero apuesta por la cocina saludable, con ingredientes frescos y naturales y sin aditivos. Parece mentira, pero la cantidad de platos que pueden cocinarse con Foodini es muy alta.

Su precio va a rondar los 1.000 € y sus responsables insisten en que el abanico de platos que pueden cocinarse con ella es amplísimo: desde gnocchis a pasteles