Porque cuarentena no tiene que estar reñida con gastronomía y a lo mejor tú no eres un estrella Michelín pero haces tus pinitos en la cocina. Y qué mejor que una cosa sencilla y rica y que es además, cocina de aprovechamiento: las croquetas. Que lo mismo las puedes hacer de cocido, de jamón, de atún… de lo que haya sobrado de los días anteriores, en definitiva. ¿Cuál es el origen de la croqueta? Se dice que nacieron en la corte de Luis XIV y la primera referencia de presentación tal y como la conocemos hoy, data de 1817 de la mano del cocinero francés Antonin Carême, que fue quien las introdujo e las cocinas nobles tras haberlas servido en uno de sus banquetes con el nombre de “croquettes à la royale”.

Hoy te vamos a dar la receta de la que es considerada una de las mejores de España, la que elabora el restaurante asturiano con estrella Michelin Casa Marcial.

Los ingredientes que necesitas son los siguientes (en este caso, la croqueta es de jamón):

250 gr. de jamón serrano, 3 litros de leche (a ser posible, entera); 240 g. de harina; 200 ml. de aceite de oliva sabor suave; 40 gr. de mantequilla y 5 gr. de sal.

Croquetas | Croquetas

Freímos en el aceite y la mantequilla el jamón, previamente picado en cuadraditos. Cuando se dore, añadimos la harina y removemos bien mientras se cuece unos 4 minutos para que no se nos queme la harina. Después, añadimos la leche caliente y lo dejamos cocer 15 minutos más a fuego fuerte y otros 15 minutos a fuego lento sin parar de remover en ningún momento. Colocamos la bechamel obtenida en una bandeja y tapamos con papel film (de modo que quede pegado sobre ella para que no genere costra) y lo ponemos a enfriar en la nevera.

Después, hacemos las croquetas con una forma ovalada y con el tamaño deseado (en esto, si hay niños en casa, se prestarán voluntariosos). Las rebozamos bañándolas primero en huevo y luego en pan rallado (fino y sin mucho color) moviéndolas con energía en la fuente para que genere una pequeña película.

Las dejamos reposar en la nevera durante tres horas. Y ya estarían listas para consumir en el momento o para congelar si las quieres ir distribuyendo en distintas comidas. A la hora de freírlas, sumergimos las croquetas en una freidora a 180 grados, tan solo unas pocas a la vez, para que no se rompan.

Siguiente paso: degustar. Buen provecho.