Ojo a lo que consumes

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Te decimos cómo elegir la galleta más saludable

El pasillo de bollería y galletería cada vez nos roba más tiempo. El motivo: la variedad y gran cantidad de información que nos muestran las etiquetas y empaque de estos productos. Hay galletas para todo y para todos los públicos: momentos del día, edad. Incluso las hay publicitadas como alimento funcional, es decir, que "ayudan" o "mejoran" alguna función del organismo, como disminuir el colesterol, saciarte más, ayudarte a ir al baño con regularidad, ser más cómodo el envase o estar adaptadas a niños.

Comiendo galletas
Comiendo galletas | iStock

Paloma Quintana (@NutricionconQ) | Madrid | 05/10/2018

El apego emocional, la palatabilidad del producto (crujientes, dulces, sabrosas) y la gran variedad que hace que exista alguna que parece creada para ti, dificulta que sea un producto del cual prescindir. Y aclaro: NO EXISTE NINGUNA GALLETA QUE SEA SALUDABLE, o al menos mejor opción que alimentos en su materia prima menos procesada, es decir: copos de avena sin procesar, fruta fresca, frutos secos crudos, cualquier hortaliza o batido casero.

Problemas que asocio al consumo de galletas:

1. Desplazan otros alimentos más saludables. Esto significa que si das a tu hijo galletas para el recreo, las estará consumiendo en lugar de fruta o un bocadillo con algo de proteína. Si se las das para desayunar, además de darle demasiado azúcar y harina refinada a primera hora que es incluso peor, pierdes la posibilidad de que empiece el día con algo más saludable como un huevo revuelto o una pieza de fruta con un yogur natural. Igual si las tomas a media mañana, desayuno, postre o peor, para picar cuando no toca.

2. Nos enmascaran la sensación de saciedad. La industria ha sabido mejorar tanto su fabricación, conseguir que estén tan ricas, que "no podemos" parar de comerlas fácilmente, incluso, a determinados momentos del día nos acordamos de ellas y nos apetecen.

3. Incorporamos a nuestro cuerpo ingredientes nocivos. Suelen incluir harinas refinadas (aunque sean integrales, en ese caso solo adicionan salvado), azúcar o edulcorantes, aceite hidrogenados (para que el producto no se estropee, aunque diga que contienen no sé cuantos ácidos grasos saludables) y exceso de sal.

4. Creemos en las "nuevas versiones saludables". Que una galleta contenga algo de fibra añadida, un esterol que pueda ayudarte a bajar el colesterol, calcio, semillas, o más proteína, no compensa todo lo mencionado anteriormente. Con ellas tu patrón dietético no será el adecuado para eso que buscas, por tanto, la galleta no va a sanarte ni a ayudarte a mejorar tu salud.

Galletas | iStock

Pero entonces, ¿qué galleta elijo?

Con toda esta información, y sabiendo que no las recomiendo en tu dieta habitual, si te apetece consumir alguna, puedes hacerlas en casa, pero cuidado con añadir los mismos ingredientes que contienen las comerciales (harina, azúcar...). Puedes usar copos de avena enteros, machacar por ejemplo, con un plátano y mezclar con un huevo, una pizca de sal y hornear. Para decorar nibs de cacao puro, canela o frutos secos y listo. Por muy saludable que te parezca esta receta, tampoco la incluyas a diario.

Y para comprar alguna en el supermercado:

1. Intenta leer en los ingredientes, que el primero sea harina integral o copos integrales de algún cereal.

2. Que no contenga aceites hidrogenados.

3. Si no contiene azúcar, cuidado con los edulcorantes que lleva, casi es preferible que contenga azúcar pero no como segundo ingrediente.

4. Que no lleve mucho más, salvo otros cereales, semillas o algún fruto seco.

5. Que te guste y no la compres porque indica "light" o "reducida en, 0% algo", esto te dará una falsa percepción de buena elección y no es así.

Disfruta de la galleta que te guste o úsala para alguna receta, pero siendo consciente del producto y de sus ingredientes.

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