No es lo mismo vivir en Kenia que en Oslo, igual que no es lo mismo vivir en la playa que en la montaña. Y esto tiene que ver mucho con el carácter, la personalidad y la identidad que los niños van forjando a lo largo de su vida, porque si cambian las circunstancias, varía también la forma de ser del pequeño.

Este carácter se va forjando desde que el niño está en el seno de la madre, desde los primeros día de su concepción, porque el bebé capta todo lo que ocurre fuera y si está siendo querido o no.

“Desde muy corta edad hay que enseñar a los niños lo que es el afecto, lo que es el sentido del humor, la importancia de dar las gracias, qué significa debatir, qué supone ser niño…”, explica Javier Urra y añade: “Pero también enseñarles virtudes, valores, hábitos, límites y aquello que no es admisible, para evitar así que se hagan vagos y falten al respeto a los demás”.

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Niños sin límite ni disciplina