La condena de la mayoría de los sectores políticos y sociales al asesinato de Miguel Ángel Blanco marcó un antes y un después en la historia de España. "El aliento fue la movilización ciudadana por el calor, el cariño y el apoyo de todos y cada uno de los españoles, si no no sé si lo hubiéramos podido soportar", señala Mari Mar Blanco recordando la muerte de su hermano. Ana Crespo, la concejala que lo afilió al PP en Ermua, recuerda que podía entender el porqué y describe el "enorme vacío" que sintió.

Todo el pueblo se echó a las calles y lloró de rabia junto a la familia atacada por los terroristas. Las imágenes de aquellas personas expresando su emoción en las calles de Ermua dieron la vuelta a España en los informativos nacionales. 'ETA, aquí tienes mi nuca', fue otro de los cánticos que mostraban que los ciudadanos ya no tenían miedo.

Fue entonces cuando la rabia contenida durante tantos años salió a la luz, pero el alcalde, Carlos Totorika, quiso dejar claro que no se podía responder a la violencia con violencia. Por ello, cuando quemaron un local de HB fue el mismo el que fue a apagarlo con un extintor. "Que se queme y se quemen ellos también", pensó, sin embargo, Ana Crespo.

Imanol Rodríguez Blázquez, jefe de Operaciones de la Ertzaintza en 1997, también recuerda que tuvieron que trabajar duro para que la violencia no fuera a más porque "uno no se puede tomar la justicia por su mano". Por ello, tuvieron que actuar para que las agresiones no fueran a más y acabaron quitándose la capucha y los cascos porque no iba a pasar nada con "gente normal", emocionante momento en el que la gente comenzó a abrazarles. "Nos fundimos con ellos", recuerda Rodríguez.

El periodista Gorka Landaburu también ha estudiado lo que ocurrió tras el asesinato del concejal: "El asesinato de Miguel Ángel Blanco supuso la rebelión de sectores importantes del pueblo vasco y que habían estado en silencio hasta ahora".