'Succession' (HBO)

Tom y Greg en 'Succession' | HBO

La familia Roy entró fuerte en nuestras vidas en la primera temporada de 'Succession'. Lo hizo tímidamente, es cierto. Nos confundió que pudiera ser el típico drama shakesperiano en el que lo que importa es ocupar el trono del patriarca defenestrado. Error. Porque el señor Roy decidió entonces ponerse bueno y jugársela a sus codiciosos hijos. En su segunda entrega, esta magnífica sátira sobre el poder y la ambición va un paso más allá. Todos los personajes cobran importancia, todos pueden aspirar al trono, a la sucesión, o acabar en el arroyo. Todos desconfían de todos, aunque, al mismo tiempo, se necesiten. La jugada maestra del viejo Roy es apoyar a una posible sucesora ajena al círculo familiar y aquí, sí, se monta el pollo que todos estábamos esperando. Imprescindible.

'The Morning Show' (Apple TV)

Con ciertas críticas negativas en Estados Unidos vistos los primeros episodios, muchos espectadores optaron por darle la espalda a este drama protagonizado (y producido) por dos grandes estrellas televisivas: Jennifer Aniston y Reese Witherspoon. La fama de ambas o cierto tono culebronesco parecían restarle credibilidad a este intrigante drama sobre un caso de acoso sexual que lleva al despido de uno de los presentadores top de las mañanas. Al igual que 'Succession', en 'The Morning Show' el jugoso hueco vacante atrae la atención y se fraguan las traiciones y alianzas extremas. Nunca decae la expectación, al contrario, la confabulación y el suspense aumentan a cada episodio, con uno de los finales más redondos del año. Si quieres ver cómo funcionan (supuestamente) los engranajes de un programa de televisión intentando solucionar una de sus peores crisis, esta es tu serie. Magnífica.

'Years and Years' (BBC /HBO)

Han sido solo seis episodios, pero, ¡qué seis episodios! Una familia británica de clase media nos abre las puertas de sus vidas para contarnos de primera manera los cambios sociales, políticos y tecnológicos que tendrán lugar en los próximos 15 años. Y lo hace de una forma frenética, sin tiempo para reaccionar, logrando que mantengamos los ojos bien abiertos, y, lo que es más difícil, haciéndonos creer que todo lo que vemos podría hacerse realidad. En esta distopía destaca la performance a la que nos somete Emma Thompson, una émula de Donald Trump dispuesta a conseguir el poder como sea, haciendo del voto populista su bandera. Si en algo anima esta ficción es a reflexionar sobre estos momentos convulsos, porque solo nosotros, el pueblo, puede parar las injusticias y la debacle social en una época en la que cada vez más se desconfía de los políticos y se hacen fuertes las ‘fake news’. Insuperable.

'Chernobyl' (HBO)

Si 'Years and Years' habla de lo que podría pasar si no lo remediamos, en 'Chernobyl' se narran los hechos de un accidente nuclear que tuvo lugar por no reaccionar a tiempo. El que fuera uno de los mayores desastres medioambientales de la historia es narrado de forma cronológica también, desde las perspectivas diferentes de cada uno de los personajes. Toda la narración estremece, desde las inusuales causas hasta las brutales consecuencias, destacando ciertos detalles que a día de hoy parecen ciencia-ficción. Porque, ¿cómo es posible que ocurriera? El tema recurrente también es la ambición y el temor a la pérdida de poder, pero esta vez entre dos potencias enfrentadas por el liderazgo mundial. Chernobyl es una herida abierta que para las jóvenes generaciones ha servido de revulsivo, potenciando aún más el mensaje de lucha contra el cambio climático y la llamada en la toma de medidas urgentes. De nota.

'The Crown 3' (Netflix)

'Downton Abbey' triunfó porque nos mostraba el día a día de criados y aristócratas en un cerrado ecosistema. En 'The Crown' sobran los primeros, bastante tenemos ya con la siempre animada familia real británica y la interesante relación de la longeva reina con sus sucesivos ministros. En la tercera entrega se atrevieron a renovar a todos los actores, una valiente decisión que nos ha regalado a una soberbia Olivia Colman como la reina Isabel , sin desmerecer tampoco las excelentes actuaciones de Tobias Menzies, como su marido, el príncipe Felipe, y Josh O’Connor como Carlos, el príncipe de Gales. Al igual que en ejemplos anteriores, nos encanta presenciar los tiras y aflojas por acceder al poder. Mientras todo se desmorona a su alrededor, la reina sigue en pie, imperturbable. Y a nosotros esto nos fascina. Sublime.

'The Marvelous Mrs. Maisel 3' (Amazon)

Parece alocada, superficial y algo extravagante, pero las peripecias de la señora Maisel son un chute de empoderamiento que te dejan sin habla. Que una ama de casa de finales de los 50 se suba al escenario de un antro y se transforme en una comedianta nata ante la mirada indignada de algunos hombres es la mejor carta de presentación si hablamos de series feministas. La sociedad encorsetada tiembla cuando esta mujer coge el micro, dando voz de forma improvisada a las inquietudes acalladas de muchas mujeres. En la tercera entrega de 'The Marvelous Mrs Maisel', poco a poco, consigue que los suyos le apoyen, que no es moco de pavo. Por no hablar del simbólico vestuario. Estupenda.

'Mindhunter 2' (Netflix)

Miramos al pasado, en concreto a finales de los años 70, con el thriller policiaco 'Mindhunter' que regresó por todo lo alto en su segunda temporada, nada menos que con una entrevista a Charles Manson –reflejo de la depravación más descarnada– y el macabro asesinato de varios niños negros en Atlanta. La radiografía del serial killer hipnotiza, el mal campa a sus anchas y los que pueden frenarlo siguen buscando nuevas formas efectivas de combatirlo. En esta ocasión, además, con un plus seriéfilo, ya que el nuevo jefe de los policías especializados en los asesinos en serie fue el enigmático Observador en 'Fringe', que vuelve a coincidir aquí con Anna Torv. Excelente.

'Creedme' (Netflix)

Fotograma de 'Creedme' | Netflix

Combinando lo mejor de 'Mindhunter' y 'True Detective', dos mujeres policías (estupenda Toni Collette) indagan sobre un depredador sexual en serie. En paralelo, una joven, que afirma haber sido violada, es puesta en duda por un par de detectives varones. Basada en hechos reales, y con imágenes explícitas de los hechos, la serie radiografía la forma vergonzosa en la que se tratan los casos de agresión sexual en Estados Unidos, la falta de sinergias entre departamentos y la nula empatía de los propios policías, muchos de ellos maltratadores. Añade además, cómo para la víctima supone un calvario reconocer y revivir el sufrimiento ante desconocidos en los que no confía, sufriendo un dolor psicológico indescriptible. Muy necesaria.

'Así nos ven' (Netflix)

Fotograma de 'Así nos ven' | Netflix

Basada también en hechos reales, el caso de los Cinco de Central Park demostró una vez más las grietas judiciales y los prejuicios racistas que imperan en Estados Unidos, cuando un grupo de chavales negros y un latino son acusados de violar y apalear a una mujer blanca en el corazón de Manhattan, y condenados en base a unos interrogatorios manipulados por la policía. La serie ficciona los hechos, con memorables interpretaciones tanto de los jóvenes actores como de las actrices que encarnan a sus sufridas madres. El auténtico mazazo llega en el episodio final, cuando los verdaderos protagonistas de esta deplorable historia muestran sus rostros, algo que no consiguió (contar con todos ellos) el documental que había reabierto el caso años atrás. De obligado visionado.

'Fleabag 2' (BBC / Amazon)

Phoebe Waller-Bridge en 'Fleabag' | Amazon

Ha sido uno de los nombres del año. Phoebe Waller-Bridge, que firmará el guion del próximo Bond, pergeñó una primera entrega que parecía una propuesta ligera, pero que escondía grandes pinceladas de inusual desparpajo al hablar de las relaciones sexuales de una treinteañera perdida que miraba a cámara haciéndonos partícipes de sus inseguridades. La segunda temporada de 'Fleabag' ha sido su consagración. Ácida, ocurrente y divertida, logra sorprender al destapar tabúes con una naturalidad que desarma. Enamorarse de un cura es posible, tanto como que él sea capaz también de romper la cuarta pared demostrando una conexión insólita con la protagonista. Y con nosotros. Memorable.

'Euphoria' (HBO)

Zendaya y Jacob Elordi en 'Euphoria' | HBO

Desde el primer episodio, esta (supuesta) serie juvenil habla sin ambages de un buen surtido de temas de plena actualidad, que parecían intocables, de una forma explícita, algo que es poco habitual de ver en la televisión actual. Ríete tú de 'Por 13 razones'. 'Euphoria' ofrece un enfoque diferente de la adicción a las drogas, al porno violento, de los conflictos de identidad. Sirve de altavoz para toda una generación sexualmente salvaje, inmersa en una espiral depresiva e imprudente con las redes sociales. Un retrato generacional desgarrador y visualmente muy potente, encarnado por diferentes personajes dibujados de forma exquisita, encabezados por la cantante Zendaya. Impactante.

'Sex Education' (Netflix)

Antes de 'Euphoria' se estrenó esta visión más edulcorada de la educación sexual, una especie de 'Masters of Sex' para jóvenes del siglo XXI. Un chaval virgen y socialmente torpe monta una especie de consultorio clandestino sobre sexo junto a la chica malota del instituto. La madre del chico es terapeuta sexual (enorme Gillian Anderson), lo que le abre una puerta al conocimiento que también, cómo no, le acarreará problemas. La serie habla de sexo sin complejos, pero siempre dentro de cierta normalidad, sin desmadres. También llama la atención su curiosa puesta en escena, ya que el vestuario remite a una mezcla de tendencias de los años 80 y, especialmente, de los 90, cuando la acción transcurre en la época actual. Muy interesante.

'The Politician' (Netflix)

Ryan Murphy, culpable también este año de varias temporadas de '911', 'American Horror Story' (1984)’ y 'Pose', se sacó de la manga su particular visión (cuándo no) de unas elecciones ambientando la acción en un instituto de pijos. Una suerte de ‘Election’ –película con Reese Whiterspoon que cumplió 20 años en 2019– mezclada con otra de sus series, 'Glee' –por aquellos de la diversidad estudiantil–, en la que uno aprende cómo conseguir el poder en un mundo de postureo. Violencia , sexo y ambición sin límites en una ficción que mezcla el melodrama con el musical, que parodia la política actual a través de su protagonista, un gay reprimido que anda algo perdido. 'The Politician' habla de la depresión, de las oportunidades perdidas, de la búsqueda de identidad y lo hace con gran luminosidad y un ambiente de empoderamiento bastante irreal, pero muy aspiracional. Esencial.

'Watchmen' (HBO)

En el apartado superhéroes llegó la adaptación del cómic más esperada y no defraudó. El análisis del poder y de la moral se hace fuerte en este retrato de una sociedad que ha intentado reparar la injusticia racial –una denuncia contra la impasividad de Estados Unidos ante su pasado racista–, pero en la que han resucitado los movimientos extremistas. Historias traumáticas no resueltas, numerosos flashbacks, diferentes perspectivas de los personajes, numerosos guiños escondidos al cómic y una serie de delirantes anécdotas han hecho de esta revisión surreal de la novela gráfica de 'Watchmen' un adictivo relato semanal cuyas piezas terminan por encajar perfectamente. Un auténtico regalo.

'The Boys' (Amazon)

Antes de ‘Watchmen’ llegó la sangrienta versión de otro cómic, ‘The Boys’, con una premisa de lo más ambiciosa: ¿y si Superman y Wonder Woman fueran villanos que dominaran el mundo? Al contrario que en ‘Watchmen’, aquí los superhéroes no son proscritos, todo lo contrario, viven a cuerpo de rey, son estrellas del rock que pueden hacer lo que les venga en gana: son los malos. Políticamente incorrecta, con sexo explícito e hilarantes pinceladas de humor negro nos ha descubierto, además, a Jack Quaid, el hijo de Dennis Quaid y Meg Ryan, como un chaval que, al igual que el espectador, se ve inmerso en este chute de testosterona. Un enfrentamiento entre las celebrities con capa sin escrúpulos y el grupo de The Boys, que pretende acabar (literalmente) como sea con su maquiavélico reinado. La bomba.

'Muñeca rusa' (Netflix)

Natasha Lyonne en 'Muñeca rusa' | Netflix

Ojalá más propuestas como esta desasosegante ‘Atrapado en el tiempo’ en la que la protagonista resucita una y otra vez (curiosamente) el día de su cumpleaños. La serie explota con inteligencia su propia paranoia existencial, mucho más compleja y ocurrente que la película interpretada por Bill Murray. Capaz de reinventar el bucle temporal, cuenta además con una excelente banda sonora que alimenta esta radiografía de la crisis existencial, de la depresión galopante que se va desarrollando a medida que avanza la trama. El caso de Nadia no es el único y es con este paralelismo con el que ‘Muñeca rusa’ sube un escalón en cuanto a la enrevesada narrativa, tan triste como divertida, tan demoledora como optimista. Una maravilla.

'Dark 2' (Netflix)

“Todo está conectado”. Solo por recordar lo mejor de ‘Perdidos’ y superarla con creces tras sus dos primeras temporadas (la tercera se estrenará en 2020), ‘Dark’ merece un reconocimiento en esta lista de lo mejor del año seriéfilo. Cierto que la serie alemana no es para todos los públicos, que requiere de una atención inusitada por sus continuos saltos espacio temporales, pero una vez que entras en su ida de olla ya no sales. Sin mencionar ‘Regreso al futuro’, aunque con referencia directa en uno de los episodios, esta segunda entrega se inspira en su misma paradoja (algo que se esperaba por otra parte): los personajes se encuentran consigo mismos en sus viajes en el tiempo. En ‘Dark’, además, se fragua una guerra entre el bien y el mal, se habla del amor como motor de vida, de la venganza como única salida… Una joya.

'Killing Eve 2' (HBO)

Fotograma de la nueva temporada de 'Killing Eve' | HBO

Como ocurrió con 'Fleabag', había expectación máxima con la segunda entrega de 'Killing Eve', la otra gran serie de Phoebe Waller-Bridge. ¿El resultado? Nuevos personajes y tramas, una mayor dosis de humor negro y una vuelta de tuerca alucinante cuando las dos protagonistas pasan del enfrentamiento a la camaradería. El original thriller de espías se apoya en el delirante tour de force entre dos de los personajes más ambiguos de la parrilla, mujeres brutalmente honestas, cuya obsesión por la otra las hace involucrarse en situaciones rocambolescas (no exentas de cierta atracción sexual). Mantener activa la relación autodestructiva se sustenta en las diferentes maneras en las que se encuentran y desencuentran, y en eso la temporada ha estado sobrada de momentazos. Queremos más.

'Barry 2' (HBO)

Bill Hader en 'Barry' | HBO

Barry es como la Villanelle de 'Killing Eve', un asesino a sueldo que mata sin remordimientos. A partir de aquí, la serie de Bill Hader muestra una atípica evolución del protagonista, que, al unirse a un grupo de teatro (al estilo de ‘El método Kominsky’, otra serie que podría haber aparecido en esta lista) comenzará a plantearse sus prioridades, esto es, dejar de asesinar (aunque a este criminal con alma de actor no le será nada fácil deshacerse de su pasado). Si la primera entrega acabó en todo lo alto, logrando que empatizáramos con el villano (a lo ‘Breaking Bad’ o ‘Los Soprano’), esta segunda temporada nos regala algunos de los momentos de desesperación más hilarantes que hayamos visto, protagonizados también por los brillantes actores de reparto (lo del criminal checheno NoHo Hank es para ponerse en pie). Además, cuenta con uno de los mejores episodios del año, el quinto (‘ronny/lily’), en el que asistimos a una pelea antológica rodada en un plano secuencia. Si solo puedes ver uno que sea ese. Adictiva.

'After Life' (Netflix)

'After Life' | Netflix

Tan imprevisible como el propio Ricky Gervais son los episodios de 'After Life', serie tragicómica trufada de puñetazos de dolor con los que saltas de la sonrisa al llanto sin darte cuenta. Gervais es un viudo que quiere quitarse la vida, pero será la propia vida la que le dé motivos suficientes para seguir viviendo. Un paralelismo simbólico se encuentra en el oficio del protagonista, un periodista de noticias locales de un diario gratuito harto de cubrir sucesos penosos, que encuentra un mayor interés en otras grandes historias no contadas por sus protagonistas. Junto a sus habituales protestas y sus explícitos comentarios de descontento, el impertinente cómico también muestra su vulnerabilidad y se abre el corazón en canal para que hurguemos en él buscando respuestas existenciales a nuestras propias miserias. Sin palabras.