UN 31 DE AGOSTO
29 años de la muerte de Lady Di: de su vestido de la venganza a cómo se enteró su familia de su fallecimiento
El 31 de agosto de 1997, el mundo decía adiós a Lady Di. Repasamos el look que cambió su imagen y cómo sus hijos se enteraron de la noticia de su muerte hace 29 años.

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Un día como hoy, hace 29 años, el mundo se paralizaba ante una noticia que conmocionó a millones de personas: Lady Di había fallecido en un accidente de coche en París. Diana de Gales, la "princesa del pueblo", había logrado ganarse el cariño de una sociedad que veía en ella mucho más que a un miembro de la familia real británica. Su cercanía, su compromiso social y su inconfundible estilo la convirtieron en un icono que, casi tres décadas después, continúa muy presente.
Su vida estuvo marcada por momentos clave de la historia reciente de la realeza y de la moda, desde su inolvidable "vestido de la venganza" hasta su complicada relación con la Casa Real. Sin embargo, su repentina muerte la madrugada del 31 de agosto de 1997 dejó una profunda huella, especialmente en sus hijos, los príncipes Guillermo y Harry, que eran todavía muy jóvenes, y en su exmarido, el entonces príncipe Carlos.

El "vestido de la venganza"
El 29 de junio de 1994, dos años después de haberse separado del príncipe Carlos, Diana asistió a una fiesta organizada por la revista Vanity Fair en la Serpentine Gallery. Lo hizo con un ceñido minivestido negro de falda asimétrica y hombros descubiertos, firmado por Christina Stambolian, que con el tiempo sería conocido como el "vestido de la venganza".

El motivo por el cual recibió esa etiqueta fue que, esos días, los medios se hacían eco de la entrevista en la que el príncipe Carlos admitía públicamente su infidelidad con Camilla en televisión. En medio de la polémica, Diana decidió apostar por un diseño que había permanecido en su armario durante años por considerarlo demasiado atrevido para el protocolo real. La atención mediática terminó desplazándose hacia Diana y su espectacular aparición, que se convirtió en uno de los momentos más recordados de la historia de la moda.
Apareció con un look rompedor y femme fatale que se interpretó como el símbolo definitivo de su liberación. Por si este LBD (little black dress) no fuera suficiente, lo combinó con medias negras semitransparentes, stilettos a juego y una gargantilla de siete hileras de perlas con un enorme zafiro central. Un momento viral mucho antes de que existieran las redes sociales que demostró la capacidad de Diana para acaparar todas las miradas a través de su imagen.

El momento en que su familia supo de su fallecimiento
Aunque su transformación pública había comenzado antes, aquella aparición fue uno de los momentos más visibles de la nueva imagen de Diana. A partir de entonces, la princesa se sintió con mayor libertad para decidir cómo vestirse, dónde estar y qué causas defender; su faceta pública fue adquiriendo una identidad propia.
La princesa incluso volvió a ilusionarse junto al empresario Dodi Al-Fayed, con quien falleció esa fatídica madrugada en París. El 30 de agosto de 1997, antes de la tragedia y mientras se encontraba en Francia, Diana mantuvo una conversación telefónica con sus hijos, Guillermo y Harry, que estaban en Escocia con su padre y la reina Isabel II, en el castillo de Balmoral. Sin saberlo, aquella sería la última vez que oirían la voz de su madre.

La madrugada del 31 de agosto, el príncipe Carlos recibió la llamada de la embajada británica informando del grave accidente en el túnel del Alma. Horas después de ser trasladada de urgencia al Hospital Pitié-Salpêtrière, se confirmó el fallecimiento de Diana.
Como reveló el propio príncipe Harry en sus memorias (En la sombra), fue su padre quien le comunicó la noticia. El actual rey se sentó en su cama y le dijo: "Mi querido hijo, mamá ha tenido un accidente de coche".
A continuación, vinieron las palabras que cambiarían su vida: "Ha habido complicaciones. Mamá ha resultado gravemente herida... Lo han intentado, mi querido hijo. Me temo que ya no se ha recuperado". Harry recordaría años después cómo esas palabras se le quedaron clavadas como dardos y cómo su padre, poco dado a expresar emociones, tan solo posó una mano sobre su rodilla para decirle: "Todo irá bien".
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