Aunque pueda parecer mentira, se puede hacer un flamenquín de gran tamaño para poder compartir o para comer de forma individual si eres de los que tiene mucho apetito. Además, apto para personas con intolerancia a la lactosa, celíacos o sensibles al gluten.

Para ello sólo necesitamos un filete grandecito de pechuga de pollo, jamón cocido, queso, pan rallado, harina, huevo y aceite. ¿Jamón cocido, queso, pan rallado y harina? Sí, has leído bien, pero por supuesto, todo sin gluten y sin lactosa.

La pechuga de pollo es un producto natural, como lo son el huevo y el aceite, por lo que no hay problema para consumirlo. Un consejo. Hay que indicar siempre al carnicero que limpie bien el cuchillo y que ponga un papel film donde vaya a filetear el pollo para que no haya contaminación cruzada. Y es que en la pollería se puede encontrar producto adobado que puede contaminar nuestra pechuga.

El jamón cocido tiene que ser sin gluten y sin lactosa, al igual que el pan rallado, muy fácil, por cierto, de encontrar en el supermercado.

El queso tiene que ser sin lactosa ya que es un producto genérico y no lleva gluten. Pero un apunte sobre el azúcar de la leche. Hay quesos que son aptos para intolerantes a la lactosa sin necesidad de que sean etiquetados como tal debido a los azúcares (los más seguros son los que ponen 0,01 gramos) o a su curación (a partir de 30-36 meses), entre otros factores.

En cuanto a la harina, tiene que ser sin gluten. ¿La mejor? Una mezcla de harina de arroz y harina de garbanzo a partes iguales que deja el rebozado perfecto.

Un consejo para freírlo. Hay que hacerlo a fuego medio-bajo para que el pollo se haga bien y el rebozado no se queme. Es un flamenquín muy grande y necesita su tiempo para que quede bien hecho.

Con esta información y estos consejos, sólo te queda comprar los ingredientes, ponerte manos a la obra... ¡y a comer!