Más críticos con las mujeres

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Este es el machismo que sufrirás si eres directiva

Dicen que las oportunidades laborales son iguales para hombres y mujeres, pero ¿de verdad es así? ¿Es lo mismo llegar a ser jefa, que jefe? Y si además eres mujer menor de 30 años y considerablemente guapa, la cosa cambia…

Directiva
Directiva | iStock

Melanie Quintana (@somospeculiares) | Madrid | 13/03/2019

¡No os engañéis! Porque no es lo mismo. Estos son algunos micromachismos que posiblemente vas a sufrir si eres una directiva.

Un jefe joven, solo por el simple hecho de serlo, tiene que luchar a diario por el respeto de sus compañeros y sus empleados, a veces más mayores que él, y lidiar con el trabajo y la responsabilidad que supone llevar una empresa. Tiene que demostrar día tras día que, con su corta edad, también tiene experiencia, que sabe lo que hace, y manejar la expectación que genera en sus compañeros que él dirija la empresa.

Pero, ¿qué pasa si es una jefa joven? Pues que además tendrá que luchar por mantener su credibilidad y demostrar a diario que merece el puesto que tiene, espantando con la mano a las moscas que zumban a su alrededor con frases como: “¿A quién se la has chupado para llegar donde estás?”, “¿Nuevas rodilleras?”, “¿A quién has comprado para tener este despacho?”, “Seguro que tu papá está forrado.”, “Madre mía… ¿a cuántos hombres te has tirado para ser la jefa?”, “Estás histérica, ¡deja de chillar!”, “¿Estás con la regla?... “Hoy tienes un mal día”, ”, “Llevas esa falda ajustada para que todos te miren el culo.”, “¿Vas a llorar?”, “¡Vaya! Pues si que es corta esa falda…”, “¿Te has fijado que llevas un botón de la blusa suelto?” Todo con tono irónico, acompañado de risitas e incluso alguna mirada de superioridad.

Frases que además de machistas, desvaloran la valía que tiene llegar al puesto donde están por méritos propios, esfuerzo, planes con amigo/as perdidos por dar prioridad al trabajo, noches sin dormir estudiando o mejorándose a si mismas para poder conseguir sus metas; solo por el simple hecho de ser mujer.

Otro desafío al que nos enfrentamos son los estereotipos. Un jefe autoritario se suele considerar riguroso y directo, en cambio, una jefa autoritaria puede llegar a ser considerada una histérica, una arpía, una loca o una feminazi. Según se tercie. O pecar de ser demasiado blandas y sentimentales. Según un estudio de la Sociedad de Psicología Social y de la Personalidad americana, si la que manda es una mujer y dirige a un grupo de hombres, estos se suelen tomar peor las órdenes y se muestran más asertivos con ellas que si el jefe es otro hombre, es decir, a nosotras se nos pone más pegas a lo que ordenamos o sugerimos que hay que hacer.

Según apuntan estos investigadores, una de las razones podría ser el concepto de masculinidad que tenemos y otra que, incluso los hombres que apuestan por la igualdad, se pueden sentir amenazados de forma consciente o inconsciente, sobre todo a la hora de rendir cuentas ante una mujer. Muchas veces puede que incluso sientan un reflejo de la autoridad materna en aquellas mujeres que les dirigen y eso haga que sientan que siguen atrapados en su adolescencia o en su casa, derivando en una necesidad interior de desobedecer.

De lo que no son conscientes es de que su asertividad a la hora de acatar órdenes de una directiva puede interrumpir la dinámica de trabajo, la cohesión de equipo y afectar directamente al rendimiento de la empresa. Las personas que priorizan su individualidad al colectivo son las que empeoran los engranajes y pueden provocar que toda la actividad empresarial se vaya al traste.

Mujer trabajando | iStock

Llevamos años intentando equiparar las oportunidades y solventar la brecha salarial, pero por mucho que nos esforcemos el problema parece que está en la raíz y ponernos a escavar con las manos nos puede llevar años. ¿Qué podemos hacer entonces? Reforzar las diferencias, las peculiaridades.

Está demostrado que no es el género lo que determina si eres mejor o peor dirigiendo, son las actitudes, las ganas, el compromiso y el esfuerzo lo que hace que quien dirige sea un/a gran profesional. El impacto positivo que las mujeres pueden aportar a la rentabilidad de una empresa es igual que el de un hombre. No podemos perder de vista los valores que cada persona pueda tener y aportar a un alto cargo por sus genitales.

Valorar y respetar a la persona que hace posible que todo el equipo esté coordinado es la base para que una empresa florezca. Valorar y respetar a esa persona independientemente de que sea una mujer o un hombre dice más de la persona que valora y respeta que de la directiva. Es por ello primordial, para empezar a generar un cambio y destruir estos micromachismos, que tanto si eres tú quien adopta estas conductas como si es alguno de tus compañero/as quien tiene una actitud o comentario parecido a los ejemplos anteriores, le llamemos la atención y le recordemos el valor de la cabeza de grupo.

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