“Me siento sola”, “Qué hacer si estoy sola” y otras frases como estas nos devuelve el buscador cuando introducimos la palabra soledad. Y es una de las grandes búsquedas en estos tiempo de hiperconectividad es cómo aliviar la soledad.

La soledad nos da miedo, nos da pavor y muchas veces se convierte en un serio problema de salud física y mental, pero cuántas veces hemos dicho ¡Ójala tuviera un rato de paz y me dejaran sola!

Parece que no hay quien nos entienda y es que esto de la soledad es complicado. Cuando hablamos de una persona solitaria, que vive sola o que anda sin compañía de nadie, automáticamente tenemos un pensamiento negativo. Por qué no nos da por pensar ¡anda mira que bien que sabe estar sola sin sentirse mal por ello!. Os lo respondo ya, porque la soledad está mal vista y nos han enseñado a pensarla solo en negativo.

Es una de las grandes cruzadas de este siglo en el que vivimos, estar solas pero bien acompañadas. O bien acompañadas pero con una soledad cómoda. Para María Fornet, psicóloga experta en género, está claro, la soledad viene vestida con un halo de negatividad y de mujer. “La palabra en sí ya tiene connotaciones negativas”. Si damos una vuelta de tuerca más al tema y la llevamos al terreno sentimental, la cosa todavía se pone más negra. Sobre todo, para las mujeres. Decimos mucho eso de “mejor solas que mal acompañadas”, pero... a ver quién es la valiente de explicar en cada comida familiar y encuentro con amigos que la soltería que llevas encima es una decisión que has tomado totalmente libre y porque te gusta vivir así. Y es que como bien explica Fornet, “ Vivir la vida habiendo tomado la decisión de no participar activamente de una relación de pareja está lejos de vivir en soledad. Vivir en soledad es probablemente antinatural. El ser humano es un ser social por naturaleza. Numerosos estudios nos hablan de las bondades que nos ofrece un buen soporte social para alargar y aumentar la calidad de vida, pero cuidado: una puede vivir en pareja y estar muy sola y estar soltera y muy acompañada. Quizá son justo los términos los que tendríamos que revisar a fondo”. Vamos, que tú eres quien dice qué es y dónde reside la buena compañía si en una soltería llena de buenas amistades y amantes o en una relación basada en el nido de amor.

Tranquilidad | iStock

Como nos tiene acostumbradas la vida, y tras lo que acabamos de ver, la soledad no trata igual a hombres y mujeres. “Creo que tiene mucha peor fama para las mujeres que para los hombres, puesto que aún se nos presupone incompletas sin la compañía ineludible de una pareja masculina” añade la psicóloga.

¿Qué tipos de soledad hay?

No todos los sentimientos de soledad son iguales. Fornet explica que hay dos tipos diferentes, “La elegida y la impuesta”. Por una parte, tenemos “La necesidad de encuentro y apoyo social, que varía en función de nuestra personalidad y del momento particular de la vida en el que nos hallemos. El recogimiento y la intimidad con una misma puede ser vivenciado de manera maravillosa cuando es escogido, meditado y entendido”. Sin embargo, ocurre justamente lo contrario cuando se produce tras la pérdida de un ser querido o simplemente por la falta del compañero o compañera adecuada”. No podemos obviar que estamos influenciadas continuamente y la idea de amor romántico que se nos vende sigue cultivando esa idea de que si no estamos con alguien, no encontramos una pareja, vamos a ser mujeres incompletas.

Me siento sola rodeada de gente

Podemos entender que una persona sin otras a su alrededor se sienta sola, pero ¿qué hay de esas que están todo el día rodeadas de gente y aun así siguen afirmando que se sienten solas? Fornet afirma que “Quizá ésta sea la peor de las soledades”. “Puede ocurrir por muchos motivos: tal vez es hora de revisar nuestra relación de pareja, nuestras amistades, los vínculos que hemos establecido con nuestras familias. Pero puede que también sea una ocasión acertada para mirarse adentro y ver qué nos falta. Las emociones nos informan de aquello que nos importa”.

A pesar de la presión social hay muchas personas que se marcan un freestyle y se empoderan a través de la soledad. Vivir sin pareja, disfrutar de ir sola al cine, viajar o aguantar los comentarios de amigos y conocidos es un deporte de riesgo. Que pasen los años y tú sigas impertérrita agarrada a tu buen sentimiento de soledad y hayas conseguido convertirlo en algo positivo te hace una guerrera en toda regla.

Decimos esto porque, como bien comenta Fornet, a las personas que viven felizmente así se “Las cuestiona con dureza y las obliga innecesariamente a cuestionarse a sí mismas”. ¿Por qué? porque como explica la psicóloga, “El núcleo de nuestro sistema democrático actual sigue siendo la familia clásica, de él depende en buena medida todo este tinglado, de él y de los roles de género tradicionales. Digamos que a cualquiera que se atreva a desafiar el statu quo se le envía un mensaje contundente en forma de represalia”.

No sé como lo veis pero a ver si quedarse sola (como dicen algunos y algunas) va a ser lo más revolucionario que podemos hacer. Igual tan sólo hay que planteárselo y aprender a vivir en soledad.

¿Se puede aprender a vivir sola? ¡Por supuesto! “Cambiando la narrativa y el lenguaje. Cultivando el amor por una misma. Haciendo de nosotras mismas la mejor compañía imaginable. Entendiendo de dónde vienen los mensajes del contexto, ejerciendo la resistencia mental, sublevándonos ante lo que se espera de una misma”, finaliza Fornet.