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"¡Cómo te estás poniendo!" y otras frases que no deberías decir a una persona que ha engordado

Esto es todo lo que no debes decir si percibes que una persona está engordando , (si quieres ayudarla).

iStock "¡Cómo te estás poniendo!" y otras frases que no deberías decir a una persona que ha engordado

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Cuando adelgazas te dicen alegremente ¡Qué bien estás! Y la intención suele ser buena pero en la mayoría de los casos no va precedida de un qué tal estás, tampoco tienen información sobre por qué o cómo se ha producido esa pérdida de peso, si has bajado de peso por restringirte y pasándolo mal, si has pasado un episodio de tu vida malo y como consecuencia has bajado de peso… Como muchos otros factores que puede haber tras una pérdida de peso.

Simplemente, lo importante es la apariencia física, el peso. Y si bajas de peso es algo bueno siempre porque te felicitan. Adelgazar es socialmente positivo y engordar está penalizado. Y si ahora que has adelgazado te dicen “qué bien estás” es lo mismo que decirte que antes no estabas bien. Y si antes nadie te hacía comentarios negativos y ahora todo el mundo te felicita, ese “qué bien estás” puede ser peligroso porque temes volver a estar como antes, y ese miedo te puede llevar a empezar a dudar qué comer, a empezar a evitar alimentos, reuniones sociales, a obsesionarte con tu imagen corporal y con tu peso y si engordas por el motivo que sea, empezar a rechazar tu cuerpo y sentir una urgencia por cambiarlo.

Pues adivina qué: la frase “¡Cómo te estás poniendo!” tampoco ayuda a solucionar un supuesto problema (si es que lo hay realmente). Primero porque, ¿cuál es la intención de decirle a alguien que está engordando? ¿Es una frase informativa? ¿Crees a caso que las personas que están engordando no lo saben, que no lo notan, que no tienen espejos en sus casas? Y si no es una frase con finalidad informativa, ¿con qué finalidad se emite?

Pesarse
Pesarse | iStock

El estigma del peso son las actitudes y las creencias negativas acerca de los cuerpos grandes, que se suelen expresar a través de múltiples formas, ya sea verbalmente (por ejemplo, burlas, insultos, nombres despectivos, lenguaje peyorativo).. También, por exclusión social (trato injusto individual o colectivo como por ejemplo no poder comprar ropa en las mismas tiendas que las demás personas, pagar más por sentarse en un avión, que un/a profesional sanitario/a o cualquier otra persona dé por hecho que no te mueves y te alimentas mal solo con el dato de tu peso, …).

En aquellos casos en los que el peso corporal realmente representa un problema de salud, el estigma de peso no solo lo trivializa, sino que además, promueve el señalamiento y la intolerancia, ya que el exceso de peso presupone la transgresión de dos valores exaltados: la mal llamada “fuerza de voluntad” y el autocontrol.

Además, no se puede perder de vista que así como hay una representación social del exceso de peso, también la hay respecto a la delgadez y, evitar o combatir a la primera, frecuentemente se convierte en buscar o promover a la segunda, lo que puede suponer un aumento en el riesgo de desarrollar problemas relativos a la adopción de estrategias extremas con la finalidad de adelgazar, y un ejemplo de ello son los trastornos alimentarios, entre otros.

Cuando una persona experimenta el estigma del peso, esta situación le causa estrés y los estudios muestran que los hábitos de vida como la alimentación y la actividad física empeoran. Y se supone que lo que pretendemos es mejorar hábitos en el caso de que no sean adecuados (una presunción de la que se libran injustamente aquellas personas que tienen malos hábitos y no engordan, pero de esas personas nadie se “preocupa” porque mejoren sus hábitos porque ya están delgadas y eso es lo que socialmente importa).

Así que si una persona está engordando y lo sabe, escuchar de otras personas “¡Cómo te estás poniendo!” no le ayuda, no le motiva, sino todo lo contrario, le estigmatiza.

¿Tu intención es castigar o ayudar?

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