La BBC celebra un gol

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Real Madrid 4-0 Sevilla

El Madrid sintoniza la BBC antes del clásico

No hay paraguas que te resguarde de un diluvio de fútbol como el que precipitaron los hombres de Zidane sobre los de Emery. Sólo queda adoptar posición fetal y esperar a que amaine. Quizá por eso el vasco aparcó un autobús en el campo, confiando su suerte a los milagros que saliesen de los interminables brazos de Rico, grandioso pese a la goleada.

Por @MarioCortegana

Todos sabían que la Liga iba a ser para el Madrid un entrenamiento para cuando llegara la hora de la verdad, la de la Champions, pero lo que nadie esperaba es que el Sevilla, en el papel de rival, se lo tomase tan literal. Todo nació de la alineación de Emery, entrenador tan bueno como dado a gatillazos en grandes citas. Ante la vuelta de Benzema y Bale, superiores en la lectura de cada jugada y en el desborde, respectivamente, puso de partida a cuantos defensas que se le ocurrieron: los cuatro de atrás, más Escudero y Diogo en el centro del campo.

La victoria blanca era cuestión de tiempo, el que tardara el Madrid en abrir la lata. Tras el primero, ¿qué podría hacer el Sevilla para variar su sino? Los blancos sólo necesitaban ideas para desatarse, así que, por no andar racaneando, hubo brainstorming: tras dos llegadas en los dos primeros minutos y después de un tiro al larguero de Trémoulinas, cayó el gol, golazo, de Benzema, que enganchó magistralmente un pase de Bale desde el costado en el 6': 1-0. Pero la cosa no paró ahí: en el 16', Rico le hizo un paradón a Bale; pasaron los minutos y el meta apareció ante Cristiano por partida triple, al igual que ante Benzema, y aún le quedó tiempo para solventar un disparo fácil de Marcelo en el 44'.

Si no llegó el segundo fue por la inspiración del tercer portero de Del Bosque, que reunió todas las musas sevillistas, y por Estrada Fernández, que anuló a Bale el que hubiera sido el 2-0 y no quiso pitar un penalti clamoroso a Benzema. Sí que lo hizo, sin embargo, con uno muy infantil de Varane, en medio de un intercambio general de agarrones, pero Keylor paró el chut de Gameiro adelantándose unos centímetros, circunstancia que el de negro tampoco tuvo a bien considerar ilegal. Era de esperar que el costarricense lo parara, no tanto por su inagotable capacidad para despejar marrones, sino por ser hoy Domingo de Ramos.

Apenas hubo una diferencia, la más importante, entre el primer y el segundo periodo: la puntería. En el 57', Modric se descolgó hasta el área rival y Reyes le derribó tan claramente que al árbitro le debió de dar apuro no pitar. Aun así, el 2-0 siguió demorándose porque Cristiano, que viene perdiendo efectividad desde los 11 metros, tiró el balón alto. No fue el único: condicionado por un Rico que abarcaba lo inabarcable, los disparos de Bale y Kroos también se marcharon por arriba. El galés volvió a tener el tanto poco después, pero lo estrelló en el larguero con un cabezazo.

Fue un gol mal anulado a Gameiro en el 61' lo que terminó por despertar el instinto depredador del Madrid. En el 64', Cristiano hizo el 2-0 empujando un medido envío al área de Danilo y, dos minutos después, Bale hizo lo propio con una delicatessen de Benzema: 3-0. Mientras Keylor seguía convirtiendo lo extraordinario en rutina con un par de intervenciones de mérito, Jesé aprovechó su oportunidad para cerrar la fiesta en el 86': 4-0. James -ligeramente silbado- e Isco, que también empezaron en el banquillo, no lucieron nada.

Por lo cuantitativo y lo cualitativo, las bajas del Sevilla pesaron más que las del Madrid, que olió la sangre de un equipo más presente en la enfermería que en el césped y se dio un gustazo. Volvieron a reunirse los mejores, Bale, Benzema y Cristiano, con las dos bes mejorando a la ce, y el Madrid sonó alto y claro. No es mal consuelo ante la monumentalidad del Camp Nou y de un Barça que, tras dejarse dos puntos en Villarreal, espera a la vuelta de dos semanas.

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