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Con un balance artístico de tres orejas, (dos del segundo de Garcigrande y una del quinto de Garcigrande), Castella se aseguró la salida a hombros por la Puerta de los Cónsules, pero no deja de ser preocupante el escaso poder de convocatoria que tuvo su generoso gesto.

Los seis toros, igualmente cómodos de cabeza, se apagaron en el último tercio, salvo el de Núñez del Cuvillo, lidiado en tercera posición. El de Albareal fue noble y justo de fuerzas; el primero de Garcigrande igual; el de Nuñez del Cuvillo bravo y bueno por ambos pitones; el de Alcurrucén tardo, flojo y bronco; el segundo de Garcigrande bravo y noble sin mucho fuelle y el del Pilar descompuesto y rajado.

Castella impuso frente a sus seis adversarios su tauromaquia mandona, pero sólo frente al quinto pudo mostrase a su mejor nivel, realizando la faena que ya es habitual en él, con cambio al centro para empezar, muletazos clásicos después, y encimismo al final.  

Matando mejor hubiera cortado otras dos orejas pero tuvo que conformarse con una. Las dos las cortó al segundo toro de la tarde, un ejemplar de Garcigrande que le propinó una voltereta a mitad de la faena.

Volvió a la cara del toro, acortó distancias y encandiló al simpático público nimeño, que le concedió las dos orejas. Llovió por momentos, lo que perturbó la lidia a causa del estado del piso.

Al final de su encierro, Castella recibió en el centro una fuerte ovación y fue sacado por la Puerta de los Consules después de dar una vuelta a hombros. Por la mañana hubo novillada, con asistencia de unas 3.000 personas: de los seis novillos regalados por otros tantos ganaderos franceses, los más agradecidos para los toreros fueron los tres últimos, destacando el de Los Galos y el de Virgen María, ambos premiados con una vuelta. Bueno también fue el de Blohorn.

Patrick Oliver, silencio después de dos avisos y oreja.

Tomasito oreja y saludo después de dos avisos.

Thomas Dufau saludo y ovación. Oliver estuvo bien frente al primer novillo de Gallon, noble y soso, que mató mal.

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