Para adentrarse de nuevo en 'Westworld' hay que resetear, como hacen con la mayoría de personajes en este drama de ciencia-ficción sus creadores Jonathan Nolan y Lisa Joy. Porque, en principio, todo es nuevo. Se encarga del primero de los ocho episodios –habrá dos menos esta vez– el propio Nolan (anteriormente solo había dirigido el piloto y el último de la primera temporada). Y como adelantaba el final de la segunda entrega nos encontramos fuera del parque, en el mundo real, nuestro mundo, un escenario distópico del que poco sabemos.

AARON PAUL A LO 'MR. ROBOT'

Solo sabemos que es un futuro perfecto con sus imperfecciones, en el que los ricos son muy ricos (las localizaciones, el vestuario, la tecnología… visualmente todo es magnífico), y el resto, personajes como el de Aaron Paul ('Breaking Bad'), el gran fichaje de este año, malvive como obrero de la construcción en Los Ángeles para pagarle el médico a su madre enferma. Su día a día es codo con codo con un robot estilo 'Chappie'. Al igual que Caleb, el personaje de Aaron Paul, este androide no se rebela, traga con lo que hay.

De primeras, no parece 'Westworld', sino otra serie, más del estilo 'Mr. Robot', pues escuchamos la voz en off de Caleb, un ex militar un poco harto del panorama. Por eso, de vez en cuando, hace sus pinitos como ciberterrorista, en compañía de Ash (Lena Waithe, productora de 'Master of None') y su colega (el jugador de fútbol americano Marshawn Lynch) cuya camiseta se ilumina dependiendo de su estado de ánimo. Caleb, este tipo normal con el que el espectador se puede identificar, temeroso del avance tecnológico, se cruza con Dolores (Evan Rachel Wood) de forma fortuita. La robot empoderada viaja por el mundo en una especie de dron gigante desde que escapó al final de la segunda temporada, con un plan de venganza sanguinario. Entre sus objetivos está Liam (John Gallagher Jr), un gurú de la tecnología. Dolores es una especie de Terminator que dispara y apuñala mientras suena música cañera. Los humanos humillados en nuestro mundo sufren igual que los robots humillados en el parque. De ahí la posible empatía entre Dolores y Caleb.

CLONES, RESURRECCIONES Y SIMULACIONES

Y aquí hay que hacer memoria, porque no es fácil recordar todos los giros de la segunda entrega. Hasta los muy fans tendrán que preguntarse quién es quién ahora realmente. Además se une que aparecen y desaparecen personajes, creando la duda de si son reales o solo una simulación, por no hablar de los clones. Hay que resetear, advertido, pues aunque Charlotte (Tessa Thompson) tenga la apariencia de Charlotte ya no lo es. Y así con todo (la trama de Charlotte tiene lugar en un paraje "futurista" reconocible: la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia).

Una ayuda. Westworld comenzó siendo un parque de robots que pasaban de ser maltratados a la rebelión, a tomar conciencia. El caos llegó en la segunda entrega cuando los androides asesinaron a sus creadores. En la refriega cayeron unos cuantos humanos como el guionista Sizemore (Simon Quarterman); Elsie, la colega de Bernard; la propia Charlotte; Karl Strand… Si William –alias el Hombre de Negro– (Ed Harris) y su hija Emily (Katja Herbers, ahora en 'Evil') reaparecían como androides en los títulos de crédito del final de la segunda temporada, no es descabellado pensar que habrá ciertas resurrecciones. En cuanto a Dolores, ella escapó como un clon de Charlotte llevándose cinco perlas (conciencias de otros robots) que no sabemos a quién pertenecen. Esto forma parte del misterio.

NUEVA INTRO Y ESCENARIOS DEL PARQUE

Más cambios. La intro ya no aparece al inicio de cada episodio, sino una vez avanzado este. Un águila robótica se quema al acercarse demasiado al sol, como en la leyenda de Ícaro: creerte el dueño del mundo puede llevarte a la muerte. En el segundo episodio los fans de 'Juego de tronos' celebrarán el cameo de sus cocreadores, David Benioff y DB Weiss, una broma que forma parte de lo que veremos ahora dentro del parque. Porque, aunque la temporada arranca fuera, todo apunta a que regresaremos a nuevas recreaciones, como la Edad Media y, sobre todo, la II Guerra Mundial con los nazis.

En este nuevo escenario encontramos a Maeve (Thandie Newton), siempre sufriendo lo suyo, aunque al menos está junto a Hector (Rodrigo Santoro). Bernard (Jeffrey Wright) ha rehecho su vida como carnicero en un lugar remoto, aunque es clara su obsesión: encontrar a Dolores para evitar una escabechina. Stubbs (Luke Hemsworth), que hizo la vista gorda al dejar a Dolores escapar, es uno de los alicientes de esta temporada por sus bromas. Entre los nuevos fichajes destacan también Tommy Flanagan y especialmente Vincent Cassel como nuevos villanos.

Y, AHORA, ¿QUÉ?

La enrevesada segunda temporada ahuyentó a muchos fans. Los creadores han hecho un intento por no irse por las ramas y centrar la acción en tramas más lineales, dejando en cada episodio (al menos vistos los cuatro primeros) que uno o varios personajes protagonicen la historia principal. En vez de los 10 episodios habituales se ha condensado la historia en ocho. Esto no significa que no haya diálogos filosóficos ni divagaciones marca de la casa, pero sí cierto espíritu esclarecedor. Otra cosa es que lo consigan.

Además de los nuevos retos dentro del parque (cuyos robots siguen haciendo de las suyas con el beneplácito en ocasiones de los propios empleados), está por ver qué nos tienen preparado fuera, en ese mundo en el que los humanos siguen usando la tecnología de forma indiscriminada y algunos ya están cansados de depender de ello. La trama del Hombre de Negro también interesa, pues dejó la puerta abierta a la destrucción del parque. ¿Cómo ocurrió? ¿Cómo es posible que aún sin existir el parque sigan allí los robots de William y su hija? Y, lo más importante, ¿cómo entrelazarán las historias ficticias de dentro –esas que, a veces, se suceden en bucle y que muestran la toma de conciencia de los robots una vez más– con las tramas del mundo real? ¿Veremos a Aaron Paul dentro del parque, a Bernard enfrentándose cara a cara con Dolores, a Maeve regresando al Edén tecnológico en busca de su hija? 'Westworld' es un misterio en sí misma y ese es parte de su encanto.