Hay una secuencia, en el cuarto (y último) episodio de 'En el corredor de la muerte', que te rompe por dentro. Describe a la perfección los vaivenes emocionales de una familia atrapada en una pesadilla. Un eterno juicio que dura ya 25 años, pero que no se resignan a perder. Tanya, la mujer de Pablo Ibar (interpretada por Marisé Álvarez), al que conoció días antes de entrar en prisión y que siempre ha permanecido a su lado, llama a Cándido, el padre (Ramón Agirre), un hombre que ha luchado también todo este tiempo por demostrar que su hijo es inocente. Entre sollozos, Tanya, nerviosa, le comunica el esperado resultado del juicio que puede sacar a Ibar del corredor de la muerte.

Al otro lado del teléfono, cuando Cándido escucha el veredicto, rompe a llorar, se derrumba, maldice el sinsentido de la justicia. Durante unos segundos no entendemos nada. Cándido está equivocado. No ha escuchado bien a Tanya, de hecho, ha entendido lo contrario. Como publicaron los medios el pasado mes de mayo, un jurado condenaba a cadena perpetua a Pablo Ibar, que lograba, 19 años después (los que llevaba en el corredor) esquivar la pena de muerte. La miniserie llega hasta este momento, pareja a los acontecimientos. La defensa anunció que apelará para que el juicio se repita, algo que podría demorarse con suerte hasta el año 2025.

Durante la presentación de 'En el corredor de la muerte' en el pasado FesTVal de Vitoria, Ramón Campos, creador de la serie, explicó que los miembros del equipo estaban convencidos de que Ibar sería puesto en libertad, que llegaría a pisar el plató durante el rodaje. La tragedia con final feliz. Pero no fue así. Y la miniserie te deja con el corazón en un puño a pesar de la victoria. Una sensación que no se va, que se queda muy dentro, como la indignación permanente ante los hechos que se nos describen. En ese aspecto, 'En el corredor de la muerte', basada en el libro de Nacho Carretero (autor de 'Fariña'), no da tregua, como han hecho otras ficciones de denuncia con casos plagados de pruebas condenatorias muy cuestionadas, desde 'Making a Murderer' (2015) hasta 'Así nos ven', estrenada también este año. Sus creadores se posicionan, van a por todas. Ibar no es culpable de los delitos que se le acusan e intentan demostrarlo con argumentos más que sólidos. La mejor defensa del caso Ibar se encuentra en esta serie.

Así lo cree también Miguel Ángel Silvestre, que accedió a interpretar a Ibar siempre y cuando tuviera la certeza de que era inocente. En su mejor papel hasta el momento, el actor se mete en la piel de ese chaval, medio vasco –es sobrino del mítico boxeador Miguel Urtain– medio cubano, que viaja desde España, donde vivía con su padre, a Miami, donde le espera su madre, para buscarse la vida. Según narra la serie, una fatídica noche es detenido por trapichear con drogas, nada grave, pero en la comisaría le confunden con uno de los dos asesinos del dueño de un bar y dos de sus bailarinas. ¿La prueba? El dudoso parecido físico en un vídeo con imágenes de muy baja calidad.

A lo largo del último cuarto de siglo, desde que es encarcelado con 22 años hasta el momento actual, ya con 47, asistimos a la transformación del actor, que, además de hablar perfectamente con acento latino, tuvo que engordar hasta ocho kilos para parecerse aún más físicamente. También hay un evidente cambio hacía la madurez que se narra con exquisita sensibilidad. A Ibar las cosas no le salieron como esperaba, pero la historia, que navega entre el thriller, la denuncia y el drama, intenta encontrar puntos de luz entre tanta oscuridad, detalles que le den cierto sentido a la vida cuando se espera una muerte anunciada. Y esta es la parte más desgarradora, la del amor que transmite la pareja, la confianza ciega, y ese estrecho vínculo que padre e hijo siguen manteniendo contra viento y marea.

'En el corredor de la muerte' te cabreará y mucho. La reconstrucción de los hechos, con pruebas manipuladas y policías y abogados sin escrúpulos, te indignará. Hay mucho sentimiento, mucho corazón en esta serie. Y es esa mirada íntima lo que le da su mayor fuerza. Ojalá sirva para evidenciar una vez más la sinrazón de la pena de muerte y para que Pablo Ibar tenga, al menos, un juicio justo.