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5 motivos para navegar por el 'Mar de amores' de Nova

Rubia o morena. Holandesa o turca. Amante o esposa. Esa es la decisión que debe tomar el protagonista masculino de 'Mar de amores' y es la duda que tiene a la audiencia en tensión en este arranque de la nueva serie de Nova. Esta vez no ha habido prolegómenos y apenas explicaciones. Nos situamos ya en uno de los puntos álgidos de la historia con la tensión flotando desde el primer momento e invitándonos a navegar en este 'Mar de amores' para saber qué deparará la singladura de este barco a sus pasajeros.

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Cemile, a la espera

Desde el primer momento hemos empatizado con Cemile (Ayça Bingöl), la paciente y abnegada madre y esposa que vive esperando a que su marido regrese a casa. Pero espera no significa inactividad. Cemile lidia cada día con los problemas de su hogar y con la educación de sus cuatro hijos.

Por eso nos emociona cómo prepara con mimo la vuelta al hogar del padre de familia. No solo quiere que la casa esté perfecta, sino que se preocupa de que sus hijos muestren sus mejores modales, y, además, se ocupa de su propio aspecto. No hay mejor momento para sacar del armario su mejor vestido.

Pero todo ha sido inútil. Ali ni la ha mirado al entrar por la puerta. Ali ni siquiera ha fingido algo de interés cuando estaban en la cama. Ali, sencillamente, no la ha echado de menos.

Y Cemile es consciente de que su matrimonio se tambalea. Llora de tristeza porque no sabe cómo enfrentar la escarcha que se ha formado en su dormitorio.

Aunque pronto descubre la razón primordial de la distancia que se ha creado entre su marido y ella. No han sido los meses separados. Ni los años de matrimonio. Ni el desgaste de criar a cuatro hijos. La razón es otra mujer.

Y ahí descubrimos a otra Cemile. La callada y sufrida esposa saca las garras para recriminarle a su marido que mientras él vivía la vida con una rubia de piernas largas, ella manejaba el timón de su hogar y de sus hijos. De hecho, Cemile no solo se rebela contra el engaño del esposo, sino que tampoco tolera las humillaciones gratuitas a sus hijos. No va a permitir que un casi desconocido convierta la vida de sus hijos en un infierno.

Cemile ha pasado ya por la decepción, la tristeza y la ira. ¿Cuál será su siguiente paso? ¿Qué armas usará para salvar su matrimonio? ¿Qué actitud adoptará si no es la elegida por Ali? ¿Y si al final su marido se queda?

Ali, el ausente

Ali lleva unos pocos días en su casa y prácticamente todos están (estamos) deseando que se vaya ya. No tenemos muchos datos sobre cómo es la vida sin él, pero es casi seguro que no existe ni la mitad de tensión que se palpa en el ambiente cuando el patriarca está presente.

Su actitud como marido deja mucho que desear. Apenas mira a su esposa y cuando lo hace es cortesía del alcohol. Y, además, cuando ella le recrimina su infidelidad, él reacciona de la peor de las formas. Si ignorarla era cruel, golpearla es intolerable.

Ali está acostumbrado a llevar la razón o, al menos a que se la den, y no sabe lidiar con argumentos. Él es el capitán del buque. El que lleva el rumbo. El que sabe dónde ir y cómo ir. El problema es que su familia no es un barco que obedezca las órdenes del timón sin rechistar.

Su familia tiene opiniones, sentimientos, emociones y Ali las desconoce. Ali no conoce los esfuerzos de Cemile cuando él no está. Ali no conoce el apoyo que supone Berrin. Ali no conoce el empeño de Mete en cuidar de Aylin. Ali no conoce las amistades peligrosas de Aylin. Ali no conoce la decepción del pequeño Osman cuando no es él quien llama a la puerta.

Es entendible que no los conozca. Su trabajo le obliga a vivir lejos de ellos y eso implica distancia no solo física, sino también emocional.

La duda está en si quiere conocerlos. La duda está en saber si quiere formar parte de esa familia. Si quiere ser el compañero de vida de Cemile. Si quiere ser el padre de esos hijos que, a día de hoy, casi prefieren que no esté a que esté.

Ali tiene que decidir entre su esposa y su amante. Y, si somos claros, los espectadores tenemos más que claro lo que el Ali hombre querría elegir. Es lógico. Está enamorado de Caroline y hace mucho que no siente nada parecido por Cemile, si es que algún día lo sintió.

Pero en su decisión también pesan esos hijos, que ahora son el centro de atención. El matrimonio está roto y va a ser casi imposible recomponerlo, pero ¿y la relación paterno-filial? ¿Perdonarían los hijos que Ali abandonara a su madre? ¿Sería capaz Ali de dejarlos a ellos también?

Además, es interesante ver a Erkan Petekkaya en un papel tan distinto al Cihan de ‘Paramparça’. En una es casi el héroe por antonomasia que intenta por activa y por pasiva hacer las cosas bien. En la otra es el antihéroe que parece empeñado en ganarse el odio de cuantos le rodean.

Caroline, a la espera

Si Cemile ha estado meses esperando el regreso de su marido, ahora es Caroline (Wilma Elles) quien está a la espera. Espera que Ali tome una decisión y que sea definitiva.

Caroline ha sido la amante durante un año, pero ha dicho basta. Se ha cansado de ser la otra y quiere ser la esposa. Su melena rubia, sus piernas largas, sus

siete idiomas y su importante puesto en un banco se merecen el cargo de titular y no el de suplente.

Por ahora Caroline es una gran desconocida. Solo conocemos esas pinceladas, pero intuimos que se siente muy segura de sí misma y del amor de Ali como para lanzar un ultimátum de ese nivel. O todo o nada.

Nuestra simpatía por Cemile, y, probablemente, algún prejuicio que tendríamos que corregir, nos hacen desconfiar. ¿Está verdaderamente enamorada de Ali y está luchando por su relación o hay algún interés oculto que desconocemos?

Pero, sobre todo, nos produce mucha curiosidad ver cómo ejercerá el rol de madrastra llegado el momento. Cuando Ali le recordó que debe pensar en sus hijos, ella le respondió con un seco “ya son mayores”. ¿Significa eso que no tiene ni la más mínima intención de aceptar la ‘mochila’ que trae el capitán?

El papel de los hijos

En cuanto a los hijos de Cemile y Ali, están expectantes ante los acontecimientos. Algunos ya intuyen, o casi saben, que su hogar es una bomba de relojería a punto de explotar y temen los efectos de la onda expansiva.

Berrin es quien mejor ha comprendido la situación. No ha hecho falta que su madre le dijera nada. Su vestido bonito y sus lágrimas se lo han dejado todo muy claro. Es casi seguro cuál sería el consejo que Berrin le daría, pero Cemile tiene la madurez que le falta a su hija para recordar constantemente que tiene cuatro hijos en los que pensar, además de en ella misma.

Además, Berrin también tiene otras cuestiones de las que ocuparse. Tiene que esforzarse por mantener la distancia de seguridad con el aspirante a rey del baile, aunque para eso cuenta con la ¿desinteresada? colaboración del rebelde revolucionario. Ahmed ha conseguido en una conversación que Berrin le sonría más que Hakan en cuatro intentos.

En cuanto a Mete (Aras Bulut İynemli), vive en constante tensión. Por un lado, se esfuerza hasta el infinito para evitar que su hermana Aylin se meta en líos que ella o es incapaz de ver o no es consciente de su relevancia. Por otro lado, debe lidiar con el mobbing que sufre en clase con esos compañeros que han decidido convertirlo en saco de boxeo. Y, a mayores, debe vivir bajo el escrutinio constante de su padre.

Mete sabe que Ali es su padre, pero lo siente como un desconocido y es muy consciente de que su vida es más tranquila y más feliz cuando su padre está a leguas de distancia. ¿Ejercerá Mete de hombre de la casa en caso de que su padre decida irse? ¿Será el mejor apoyo para su madre o será otra fuente de problemas?

Aylin, por su parte, vive en su propio universo. Probablemente sea la más feliz con la llegada del padre y la más inconsciente de lo que está pasando en su casa. Está en esa complicada fase en la que se cree muy mayor cuando es aún muy pequeña y eso le crea dolores de cabeza a su hermano. Si ver a Erkan Petekkaya en este papel resulta interesante, no lo es menos descubrir a Farah Zeynep Abdullah (Inci en ‘Inocentes’) en uno de sus primeros trabajos.

En cuanto al pequeño Osman, es, sin duda, el rey de la casa y de la serie. Desde que aparece en pantalla se nos dibuja una tierna sonrisa que no nos abandona en ningún momento. Él está en todas partes. Él está para hacernos reír, pero también nos hace llorar cuando, asustado, busca refugio en las faldas de su madre o su hermana.

Además, Osman es nuestro pequeño cómplice en esta historia. Nos van contando aquello que no podemos ver y, sobre todo, nos relata lo que siente cuando su infantil mundo se tambalea.

Pero, aparte de la crisis matrimonial y de los problemas juveniles, ‘Mar de amores’ también nos ofrece la oportunidad de adentrarnos en la turbulenta Turquía de los sesenta y setenta. Si ‘Tierra amarga’ nos muestra cómo era aquella época en un entorno rural, ‘Mar de Amores’ nos sumerge no solo en la cotidianidad urbana, sino también en los acontecimientos políticos de aquel momento.

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